Contaminación acústica: Efecto sobre poblaciones de quirópteros

Esta información ha sido preparada por Aitor Alameda Martín, alumno de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Conservación de la Biodiversidad y Ecología

La contaminación acústica es un tipo de contaminación que se caracteriza por la perturbación sonora excesiva y molesta, generada por la acción humana, que causa alteraciones en los seres vivos.

El ruido es una onda sonora que se transmite a través de un medio, este fundamentalmente es el aire o el agua. Los parámetros a tener en cuenta para valorar el perjuicio del ruido son principalmente la intensidad (grado de energía empleada para generarlo, medida en decibelios (dB)), la frecuencia (número de repeticiones por unidad de tiempo, medida en hercios (Hz)) y la duración (mantenimiento a lo largo del tiempo, medida en segundos).

En los núcleos urbanos es donde se encuentran los niveles de ruido más elevados (MAPAMA, 2012), debido principalmente a las industrias, locales de ocio, y al tráfico rodado, aéreo y ferroviario. Aunque también hay niveles elevados alrededor de toda la infraestructura viaria. Por lo que los animales que habiten estos lugares serán susceptibles de sufrir alteraciones comportamentales, físicas o metabólicas.

Cabe destacar que de un modo u otro todas las especies animales se ven afectadas, como por ejemplo los paseriformes (Passeriformes), que en determinadas ocasiones no pueden comunicarse y deben modificar la intensidad de los cantos o cantar durante las horas con menor ruido (Mendes et al., 2010). Otro caso clásico son los cetáceos (Cetacea) que sufren afecciones auditivas y desorientación, por la pérdida de función de la ecolocalización debido a las bajas frecuencias emitidas por los sónares (Talpalar & Grossman, 2005), además estudios recientes muestran que las ballenas varadas presentan signos de haber sufrido descompresión, ya que se sabe que estos animales se asustan al recibir las ondas procedentes del sónar y huyen hacia las profundidades tan rápido que no hay tiempo suficiente para los ajustes de presión entre el organismo y el medio que lo circunda (Jepson et al., 2003).

Con relación a los quirópteros (Chiroptera), que son un orden de mamíferos placentarios de hábitos nocturnos, con capacidad de vuelo y de emisión de ultrasonidos como forma de ubicación y orientación (ecolocalización), podemos afirmar que sufren en mayor medida la acción de la contaminación acústica. Ya que como se ha indicado antes, su método de detección de obstáculos, individuos de su misma especie o presas se basa en la ecolocalización, y si los ruidos no permiten que las ondas emitidas por estos animales puedan retornar informando sobre el medio, se producirá una alteración conductual. A través de estudios para comprobar como afectaba el tráfico rodado en carretera al comportamiento de los murciélagos cazadores, se sabe que estos animales sufren una reducción en la tasa de caza e ingesta de presas, ya que el propio ruido generado por los vehículos impide una correcta recepción de los sonidos producidos por la presa, volviéndose esta más críptica (Siemens & Schaub, 2011). Otros experimentos también con la carretera como factor generador de estrés y contaminación han permitido establecer una relación entre la presencia de murciélagos y el ruido, cuanto más ruido exista menor número de individuos habrá en ese lugar. Con este resultado podemos afirmar que la carretera actuaría como una barrera (Bennett & Zurcher, 2013), esta afirmación puede extrapolarse a cualquier estructura antrópica donde haya demasiado ruido.

Considerándose la contaminación acústica como uno de los factores que favorece el riesgo de extinción de los murciélagos se deben plantear soluciones. En Gran Bretaña se han llevado a cabo métodos para mitigar estos efectos como son la construcción de puentes compuestos por cables de acero, que a intervalos constantes presentan esferas de plástico que sirven de guía a los murciélagos para poder pasar zonas con demasiado ruido (Altringham & Kerth, 2016). A pesar de ser un método efectivo para ayudar a los quirópteros no se emplea en todos los países, por lo que se está siendo desaprovechado.

La problemática principal es la legislación sobre el ruido, que siempre está enfocada a la percepción del mismo por la especie humana. A sabiendas de que no todas las especies perciben las ondas sonoras en el mismo espectro audible que los humanos (20-20000Hz), como es el caso de los paquidermos que su espectro incluye infrasonidos (sonidos de frecuencias inferiores a 20 Hz) o como los cetáceos o quirópteros cuyo espectro incluye ultrasonidos (sonidos de frecuencias superiores a 20000 Hz). Por lo que se deberían proponer modificaciones legislativas para incluir un espectro audible más general, pudiendo abarcar un rango mayor de especies.

Por último y en relación con la legislación enfocada a la especie humana, es reseñable el hecho de que las modificaciones para disminuir el ruido que afecta a las poblaciones humanas normalmente son contraproducentes para el resto de animales, como pueden ser por ejemplo las pantallas que se ubican a los lados de una carretera cuando esta se sitúa próxima a viviendas. Esas estructuras afectarían a la fauna ya que sería una barrera más a franquear antes de poder pasar la carretera, para el caso concreto de los murciélagos, aunque no hay estudios sobre esto, sería lógico pensar que al existir tanta contaminación acústica alrededor de la infraestructura viaria estuvieran desorientados y pudieran chocar con las pantallas, pudiendo ser atropellados. En definitiva, se debe realizar un cambio de mentalidad general que tienda a considerar el daño que se pueda ejercer sobre el resto de especies y no sólo centrarnos en el daño que sufre nuestra especie.

 

Bibliografía:

Altringham J. & Kerth G. 2016. Bats and Roads. In, Voigt C.C. & Kingston T., eds.: Bats in the Anthropocene: Conservation of bats in a changing world: 35-62. Springer, Berlin.

Bennett V.J. & Zurcher A.A. 2013. When corridors collide: road-related disturbance in commuting bats. Journal of the Wildlife Management 77: 93–101.

Jepson P.D., Arbelo M., Deaville R., Patterson I.A.P., Castro P., Baker J.R., Degollada E., Ross H.M., Herráez P., Pocknell A.M., Rodríguez F., Howie F.E., Espinosa A., Reid R.J., Jaber J.R., Martín V., Cunningham A. & Fernández A. 2003. Gas-bubble lesions in stranded cetaceans. Nature 425: 575-576.

Mendes S., Cavalcante K.V., Colino-Rabanal V.J. & Peris S.J. 2010. Evaluación del impacto de la contaminación acústica en el rango de vocalización de Passeriformes basado en el SIL- “Speech Interference Level”. Revista de acústica 41(3,4): 33-41.

Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 2012. SICA (Sistema de Información sobre Contaminación Acústica). Disponible en: http://sicaweb.cedex.es/. Consultado 12 de octubre de 2017.

Siemers B.M. & Schaub A. 2011. Hunting at the highway: traffic noise reduces foraging efficiency in acoustic predators. Proceedings of the Royal Society of London B: Biological Sciences 278: 1646–1652.

Talpalar A.E. & Grossman Y. 2005. Sonar versus whales: Noise may disrupt neural activity in deep-diving cetaceans. UHM 32(2): 135-139.

Autor: Myriam Catalá

Profesora Titular de Universidad Universidad Rey Juan Carlos

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