CAMBIO CLIMÁTICO Y EL AUMENTO DE LA INCIDENCIA DE ENFERMEDADES TRANSMITIDAS POR VECTORES

Desde el origen de la especie humana esta se ha encargado de modelar su entorno, empleando la naturaleza únicamente como fuente de recursos, considerados en principio como ilimitados, aunque esta visión se modificaría a principios de los años 70 del siglo XX. La sinergia entre el excesivo manejo del ambiente y los ciclos de glaciación-periodo interglaciar es la que está provocando este cambio a escala global (Brook et al., 2008). El cambio engloba numerosos operadores, como serían la pérdida de hábitat por destrucción total y por fragmentación, el cambio climático, la contaminación y otros motores que afectan negativamente tanto a la especie humana como al resto de especies animales y vegetales (Fagúndez, 2012). Es destacable el hecho de que siempre que hablamos de cambio global no solemos tener en cuenta los posibles efectos adversos existentes que afectan a nuestra salud, además de los efectos sobre el ambiente.

Uno de estos riesgos para la salud humana es que el cambio global está favoreciendo el aumento del área de distribución de ciertas especies que actúan como vectores de graves enfermedades víricas (Petric et al., 2017). Esto es debido al aumento de la temperatura que está generando nuevos lugares óptimos para estas especies, que antes no existían. Pese a que los vectores se están expandiendo, para que puedan transmitir la enfermedad debe encontrarse el patógeno en ese nuevo ambiente y que este ambiente posea las condiciones idóneas para que se produzca el ciclo vital del vector (Randolph & Rogers, 2010). Como se ha adelantado anteriormente el cambio global favorece la expansión de los vectores, pero en realidad la expansión de estos principalmente es favorecida por la globalización e interconexión entre todas las poblaciones humanas (Semenza et al., 2016).

Nos centraremos en la variación de la distribución de dos especies del género Aedes, en concreto el mosquito de la fiebre amarilla (Aedes aegypti L., 1762) y el mosquito tigre (Aedes albopictus Skuse, 1895) que son vectores transmisores de enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla, la artritis epidémica chicungunya y la fiebre del zika (Petric et al., 2017; Shragai et al., 2017). Estas enfermedades presentan habitualmente un cuadro asintomático o presencia de fiebre durante varios días, sólo el dengue hemorrágico y la fiebre amarilla hemorrágica-hepática grave pueden ser potencialmente mortales, pero ambas en sus fases más avanzadas, afectando a ciertas personas inmunodeprimidas (OMS, 2016a; OMS, 2016b).

Desde los años 90 sabemos que existen poblaciones establecidas de A. albopictus (Figura 1), habiéndose producido epidemias autóctonas de chicungunya y dengue en Francia, Italia y Croacia. El establecimiento de esta especie en Europa se debe a las cálidas temperaturas y a la abundancia de precipitaciones, favoreciendo un ambiente más húmedo, por eso principalmente se localizan en la península itálica, este de la Península Ibérica, sur y este de Francia, Grecia y este del Mar Negro. El resto de las zonas donde no está presente el mosquito tigre o se debe a que no hay datos suficientes para certificar la presencia o a las condiciones ambientales, totalmente opuestas en el este (mayor humedad, pero menor temperatura) y oeste (menor humedad, pero mayor temperatura) europeos.

Observando la figura 2 podemos comprobar que determinadas regiones de Europa reúnen condiciones benignas para el establecimiento de A. aegypti, siendo estas España, Italia y Francia. Todavía no se han encontrado poblaciones residentes permanentemente en el continente algo realmente curioso y a la vez preocupante. Esto nos obliga a realizar un mayor seguimiento de esta especie para evitar que consiga establecerse y aumente el riesgo para la población humana. En esta misma figura vemos que la predicción del porcentaje de hábitat favorable para A. albopictus va en aumento pudiendo colonizar el centro de Europa.

Figura 1

Figura 2

La figura 2 tomaba unas predicciones a corto plazo, pero si hacemos predicciones a largo plazo teniendo en cuenta el cambio climático podremos obtener unos mapas de área climática potencial que permitan hacer estimas de la expansión de estos vectores. Esto se puede observar en la figura 3, con el paso de los años se predice un aumento continuo del área correspondiente al clima que favorece la presencia de individuos de las dos especies del género Aedes. Se puede concluir que España y Portugal serán países que sufrirán en menor medida la presencia de poblaciones de Aedes ya que se espera que el clima torne a condiciones más xéricas (menor precipitación y mayor temperatura) por eso mantienen durante casi 70 años vista la tonalidad azul oscura por gran parte de su territorio. Sin embargo, los países centroeuropeos y los países del sureste europeo poseerán gran parte de su área disponible para que sea colonizado por estos mosquitos, principalmente debido a que con el cambio climático se espera que estos países presenten un clima más oceánico, teniendo elevadas precipitaciones y temperatura elevada.

Figura 3

En cuanto al índice de peligrosidad es reseñable que esperamos que aumente en los territorios donde actualmente encontramos poblaciones de estos mosquitos (Sur de Francia, Italia, Grecia y países del este).

En conclusión, esperamos que con el cambio climático se produzca una expansión altitudinal y latitudinal de estos vectores en Europa, por lo que debemos anticiparnos a estas llegadas y erradicar las poblaciones para evitar epidemias y los elevados gastos médicos asociados, además de las pérdidas humanas. Para ello tenemos la herramienta de la modelización, pero lo más importante es monitorizar todas estas poblaciones a lo largo del tiempo. Haciendo esto podremos actuar con antelación antes de que sea demasiado tarde.

 

Bibliografía:

Brook B.W., Sodhi N.S. & Bradshaw C.J. 2008. Synergies among extinction drivers under global change. Trends in Ecology and Evolution 23(8): 453-460.

Fagúndez J. 2012. Heathlands confronting global change: drivers of biodiversity loss from past to future scenarios. Annals of Botany 111(2): 151-175.

Organización Mundial de la Salud. 2016a. Dengue y dengue grave. Nota informativa. Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs117/es/

Organización Mundial de la Salud. 2016b. Fiebre amarilla. Nota informativa. Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs100/es/

Petric M., Lalic B., Ducheyne E., Djurdjevic V. & Petric D. 2017. Modelling the regional impact of climate change on the suitability of the establishment of the Asian tiger mosquito (Aedes albopictus) in Serbia. Climatic Change 142: 361-374.

Randolph S.E. & Rogers D.J. 2010. The arrival, establishment and spread of exotic diseases: patterns and predictions. Nature Reviews Microbiology 8: 361–71.

Semenza J.C., Rocklöv J., Penttinen P. & Lindgren E. 2016. Observed and projected drivers of emerging infectious diseases in Europe. Annals of the New York Academy of Sciences 1382: 73–83.

Semenza J.C. & Suk J.E. 2018. Vector-borne diseases and climate change: a European perspective. FEMS Microbiology Letters 365(2).

Shragai T., Tesla B., Murdock C. & Harrington L.C. 2017. Zika and chikungunya: mosquito-borne viruses in a changing world. Annals of the New York Academy of Sciences 1399(1): 61-77.

Si desea citar esta entrada empleé el siguiente texto:

Alameda A. 2017.  Cambio climático y el aumento de la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores. Proyecto Docente de Divulgación Científica Ecotoxsan. Disponible en:

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