El cultivo que convirtió un mar en un desierto

Os presento al cuarto mar intracontinental más grande del mundo, el mar de Aral. Ahora os informo de que en cuestión de cinco décadas ha sido reducido a un vasto e inhóspito desierto salino, el más joven del mundo, conocido como el desierto de Aralkum. Difícil de creer, ¿verdad? Desgraciadamente, es otro de los muchos ejemplos acontecidos en nuestro planeta que nos advierten sobre las dimensiones del alcance y alteración que el ser humano puede ejercer en el entorno. Recapitulemos para intentar comprender las causas y motivos que han propiciado dicha catástrofe social y ecológica, más bien propia de una novela de ciencia ficción.

Con sus antiguos 67.000 km2 de superficie, el doble que toda Bélgica, y localizado en Asia central, el mar de Aral ha sufrido en los últimos 10.000 años varios procesos naturales de desecación, aunque ninguno se puede comparar ni en velocidad ni en la causa de origen con el acontecido desde los años 60. Nos encontramos en la antigua y aún no desaparecida URSS. Uno de sus últimos legados fue la implantación del cultivo intensivo de algodón principalmente, aunque también de arroz, bajo la promesa de un asegurado repunte económico y social para los principales países beneficiarios de las aguas del mar de Aral: Uzbequistán, Kazajistán y Turkmenistán. Para conseguirlo, se construyó el extenso canal de Karakum, con el objetivo de derivar a los campos de cultivo las aguas de los dos grandes ríos que nutren al mar, el Amu Daria y el Sir Daria. Ya por aquel entonces se preveía una disminución considerable de la capacidad del mar de Aral, siendo la premisa del discurso que “su destino era morir para poder proporcionar una mejor calidad de vida a los países y a sus habitantes” y, que, según el antiguo gobierno soviético, “la posible pérdida del mar de Aral no iba a constituir ninguna alteración sobre el clima regional ni sobre la salud de las poblaciones locales”. No tardaron en ser palpables sus catastróficos efectos.

“En 50 años el mar del tamaño de Irlanda se convirtió en el desierto más joven del mundo”

Moynaq y Aralsk eran las principales potencias pesqueras de Uzbequistán y Kazajistán, respectivamente. En ellas imponentes barcos trabajaban incesantes junto a miles de personas, exportando por aquel entonces toneladas de pescado y teniendo una relevante fama mundial. Hoy en día Moynaq se encuentra situada a 150 kilómetros de distancia de la orilla del mar de Aral, y Aralsk a 30 kilómetros. Una vez se agotaron las capturas, la mayoría de las familias migraron en busca de trabajo y de unas condiciones de vida más dignas. Las más fieles a su lugar de origen y ancestros perseveran apoyándose en alternativas como la cría de camellos, pero pagando un alto precio a costa de su salud. Y es que lo que comenzó siendo una amenaza que vaticinaba una catástrofe ecológica, pasó a ser una crisis humanitaria de alcances totalmente imprevisibles. Los pocos científicos que se atrevieron a alzar la voz sobre las implicaciones que conllevaría la pérdida del mar de Aral, en su momento ignorados, no distaban mucho de la realidad. Una vez el retroceso de las aguas fue evidente, la naturaleza comenzó a impartir, implacable, una lección de humildad al ser humano. El clima fue variando de forma progresiva, acentuando aún más las características propias de un clima extremadamente continental. Los veranos y los inviernos pasaron a ser más intensos y las precipitaciones más escasas. Por si fuera poca la relevancia de este hecho en regiones desérticas, surgieron frecuentes tormentas de polvo y sal, visibles desde los satélites de la NASA (Figura 1). Lo más preocupante no era solo el efecto que esto podía conllevar sobre la productividad de los cultivos o la calidad del aire, sino los compuestos químicos que eran transportados de manera desapercibida.

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Figura 1. Tormenta de arena y polvo en el lecho del mar de Aral detectada por la NASA. Tras retirarse el agua, las tormentas han pasado a ser una preocupación constante en la región.          Fuente: NASA

Es tal el abuso de agroquímicos en el cultivo de algodón (Figura 2), que el mar de Aral se ha convertido en una balsa de pesticidas, metales pesados, desfoliantes y sal. Al retirarse el agua, dichos compuestos se acumulan en la corteza salada del suelo desértico, siendo arrastrados por las fuertes tormentas de polvo. No es de extrañar que se haya registrado un incremento alarmante de enfermedades respiratorias, del hígado, riñón o cáncer en las poblaciones locales receptoras. La tasa de mortalidad materna e infantil en Karakalpakistán, una región de Uzbequistán, ha pasado a ser una de las mayores de toda la antigua URSS. El agua potable ya no es segura, está contaminada con pesticidas y metales pesados y los niveles de salinidad son varias veces mayores de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Por otro lado, al no disponer del producto principal de su dieta, el pescado, y dada la debilidad de sus cultivos por las tierras contaminadas y las extremas condiciones climáticas, la mayor parte de la población sufre de anemia y malnutrición. La otra cara de la moneda que apunta a una catástrofe ecológica nos recuerda la rica biodiversidad perdida en el delta del río Amu Daria. Decenas de especies de peces, aves y mamíferos se han extinguido o se han visto forzadas a desplazarse en busca de mejores condiciones para sobrevivir. Su valor no sólo residía en constituir un oasis de vida en medio del desierto, sino que aportaba valiosos servicios ecosistémicos a la región. Desgraciadamente, la calidad del agua del delta no ha salido indemne de los polutantes arrastrados aguas arriba de las plantaciones de algodón, con todos sus posibles efectos sobre la flora, fauna y población local.

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Figura 2. El tan aclamado “oro blanco” impuesto por el gobierno soviético supuso el inicio de la crisis del mar de Aral. Fuente: Pixabay.

La gravedad de la desertificación del mar de Aral ha sido de tal magnitud, reconociéndose como el mayor desastre ecológico del siglo XX, que organizaciones internacionales como el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud o Naciones Unidas se han implicado con la finalidad de restaurar parte del mismo. En 2005, gracias a la financiación del Banco Mundial y del gobierno de Kazajistán, se construyó la presa de Kokaral, que impedía el paso del agua desde la zona norte a la zona sur del mar de Aral. De esta manera, se decidió preservar y restaurar al pequeño mar de Aral a expensas del gran mar de Aral, estando ambos cuerpos diferenciados desde finales de 1980. La medida ha sido efectiva: los niveles de salinidad han disminuido y consigo, la calidad de las aguas ha mejorado. Parte de la biodiversidad perdida ha regresado, viéndose reflejada en el incremento paulatino de especies de peces y del número de capturas efectuadas por los pescadores. Los habitantes de Aralsk no van a tener que seguir soñando mucho tiempo con que la orilla del mar de Aral regrese a su puerto. No obstante, Muynak junto con el resto de pueblos de Uzbequistán, han sido condenados a sucumbir al desierto por la acción de la presa de Kokaral. Una creciente hipersalinización de las pocas aguas remanentes junto con el efecto del cambio climático agravan la ya dramática situación. El gobierno de Uzbequistán parece haber aceptado el destino del gran mar de Aral, decidiendo apostar por la plantación de especies vegetales xerófilas y resistentes a la salinidad, como los saxaules. La función de los futuros bosques de saxaules es mantener adherido el lecho arenoso lo máximo posible para debilitar las destructivas tormentas de arena y sal y así proteger a la población local. Los vestigios de la pasada existencia del mar de Aral en dicha región consistirán en conchas parcialmente enterradas en la arena y en los olvidados y oxidados barcos pesqueros (Figura 3), tan aclamados por las rutas turísticas de la zona.

Moynaq
Figura 3. Alarmados por la rápida retirada de las aguas, se intentó desplazar en vano muchos barcos hacia zonas más profundas del mar, de donde no pudieron ser retirados de nuevo. Hoy en día solo son empleados por manadas de caballos o camellos en busca de sombra y como parada de interés en las rutas turísticas de Moynaq. Fuente: Arian Zwegers

Dejando a un lado la excelente idea de cultivar algodón en un desierto -una planta con una enorme demanda hídrica- el caso del mar de Aral esconde asuntos más complejos. Tras desmantelarse la URSS en 1991, las cinco repúblicas resultantes tenían que consensuar la gestión de los recursos hídricos de la cuenca del mar de Aral. A pesar de haberse liberado de la administración rusa y lejos de toda aplastante lógica, los gobiernos de los países más sedientos siguieron apostando fuerte e incluso incrementaron las extensiones cultivadas del “oro blanco”. Pronto fue evidenciada la vergonzosa escasa intención de los representantes políticos de implantar medidas en pro de la recuperación del mar de Aral. Actuaciones interesantes como sustituir el algodón por especies de secano, incrementar la eficiencia de los canales de distribución y aplicar tecnología que monitorice la gestión del agua son de imprescindible exigencia. Se han empezado a dar tímidos pasos en buena dirección al crear el Consejo Interestatal del problema del Mar de Aral (ICAS) y el Fondo Internacional para la rehabilitación del Mar de Aral (IFAS), en las que busca atenuar dicha catástrofe ecológica y social, pero son urgentes muchas más actuaciones. No debemos olvidar que los efectos de la crisis del mar de Aral no solo conciernen a las regiones de Asia Central, nos interesa a todos su restauración (Figura 4).

Antártida mar de Aral
Figura 4. Se han encontrado restos de pesticidas provenientes del mar de Aral en la sangre de pinguinos de la Antártida. El ser humano debe ser consciente de que estas catástrofes ecológicas no son solo locales, también afectan globalmente dado que todo está conectado. Fuente: Pixabay

La población de la región espera que los países asuman su responsabilidad y que se pueda establecer un equilibrio entre el pescado y el algodón. La pérdida del mar ha supuesto un precio incalculable para demasiadas personas, viendo impotentes como sus vidas eran sentenciadas a manos de unas pocas decisiones políticas. Es hora de que se reconozca valientemente la gravedad de la situación y que se actúe en consecuencia, anteponiendo por primera vez en la historia de la humanidad la seguridad y salud de las personas y el entorno natural sobre un efímero y, por supuesto, nada equitativo crecimiento económico.

 

REFERENCIAS

Artículos científicos:

  1. Ataniyazova, O. A. (2003, March). Health and ecological consequences of the Aral Sea crisis. In 3rd World Water Forum, Regional Cooperation in Shared Water Resources in Central Asia, Kyoto (Vol. 18).
  2. Micklin, P. (2007). The Aral Sea disaster. Annu. Rev. Earth Planet. Sci., 35, 47-72.
  3. Micklin, P. P. (1988). Desiccation of the Aral Sea: a water management disaster in the Soviet Union. Science, 241(4870), 1170-1176.
  4. Nihoul, J. C., Zavialov, P. O., & Micklin, P. P. (Eds.). (2012). Dying and Dead Seas Climatic Versus Anthropic Causes (Vol. 36). Springer Science & Business Media.
  5. Pandey, A. C., & Jha, N. K. (2007). Central Asia: Democratic deficit and challenges of sustainable development. Journal of Environmental Researh And Development Vol, 1(4).
  6. Shibuo, Y., Jarsjö, J., & Destouni, G. (2007). Hydrological responses to climate change and irrigation in the Aral Sea drainage basin. Geophysical Research Letters, 34(21).
  7. Small, I., Van der Meer, J., & Upshur, R. E. (2001). Acting on an environmental health disaster: the case of the Aral Sea. Environmental Health Perspectives, 109(6), 547.
  8. Spoor, M. (1998). The Aral Sea basin crisis: Transition and environment in former Soviet Central Asia. Development and Change, 29(3), 409-435.
  9. Stone, R. (1999). Coming to grips with the Aral Sea’s grim legacy.

Páginas web:

  1. Columbia. (2008). The Aral Sea Crisis. http://www.columbia.edu/~tmt2120/introduction.htm
  2. Harris, P & Qobil, R. (2018). Restoring life to the Aral Sea’s dead zone. News. https://www.bbc.com/news/business-44159122
  3. Portal of Knowledge for Water and Environmental Issues in Central Asia. http://www.cawater-info.net/aral/index_e.htm
  4. International Fund for saving the Aral Sea. http://ecifas.waterunitesca.org/aral_basin/66-the-aral-sea-basin.html

Vídeos:

  1. Mar de Aral – El precio del progreso: una tragedia predecible. https://www.youtube.com/watch?v=ZfQCMGIfrwE
  2. Planeta Arena: Aralkum, el desierto más joven del mundo. Televisión española. https://www.youtube.com/watch?v=cTtE4OJRAiY
  3. Isabel Coixet. Aral, el Mar Perdido. Televisión Española. https://www.youtube.com/watch?v=8GGiAa_v9Pw&feature=youtu.be
  4. Dried-up Aral Sea springs back to life. France 24. https://www.youtube.com/watch?v=pk4v0uu5rkY
  5. The shrinking of the Aral Sea – “One of the planet’s worst environmental disasters”. https://www.youtube.com/watch?v=dp_mlKJiwxg
  6. People of the Lake | Al Jazeera World. Al Jazeera. https://www.youtube.com/watch?v=9iiL0T8UcXI
  7. “Back From The Brink” Aral Sea, Kazakhstan, Uzbekistan, Central Asia, Transcaucasus. https://www.youtube.com/watch?v=zEd0hz4Axp4
  8. From the Glaciers to the Aral Sea. Water Unites. https://www.youtube.com/watch?v=BwrXV4C1BCo

“CRISPR-Cas, la revolución en edición genética” por el Dr. Lluís Montoliu

Ayer, 28 de septiembre de 2018, con motivo de la celebración de la Noche Europea de los Investigadores, tuve el placer de poder asistir a una magnífica charla sobre la herramienta CRISPR-Cas impartida por el Dr. Lluís Montoliu en la Fundación Francisco Giner de los Ríos (Institución Libre de Enseñanza).

Montoliu nos ha explicado de una forma muy visual cómo funciona el CRISPR, el sistema inmunitario de las bacterias y arqueas. Se denomina CRISPR a un conjunto de repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas, es decir, secuencias repetitivas entre las cuales encontramos fragmentos de material genético vírico. Las proteínas Cas reconocen el material genético exógeno procedente de los virus gracias a un ARN guía complementario a los fragmentos situados entre las repeticiones. Estas proteínas cortan el material genético vírico, destruyéndolo e impidiendo así la infección.

Este sistema posee una base genética y es, por lo tanto, heredable. Es decir, una vez que la bacteria adquiera resistencia al virus tras estar en contacto con él, todas las generaciones venideras lo serán. Es un sistema en continua actualización pues los virus mutan con el tiempo y pueden penetrar este sistema de protección.

Francisco Mojica es el autor de este descubrimiento revolucionario, por el cual está nominado al Nobel en las categorías de Química y Medicina. Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier desarrollaron una técnica basada en este sistema que permitía modificar el ADN, el CRISPR-Cas, popularmente conocido como las tijeras genéticas.

Montoliu nos ha hablado sobre las diferentes aplicaciones de esta técnica en campos tan dispares como la medicina y la agricultura. Además, ha hecho especial hincapié en la necesidad de un desarrollo completo de estas técnicas para garantizar su seguridad antes de ser aplicadas en humanos. En su laboratorio estudian las aplicaciones del CRISPR en enfermedades como el albinismo. En la página web de su laboratorio podéis encontrar gran cantidad de información sobre CRISPR y sobre los trabajos que realizan acerca del albinismo: https://bit.ly/2DMfTai

Además, mi compañero Raúl escribió un artículo sobre CRISPR, disponible en este enlace: https://bit.ly/2R3mP5A

Por último, dar las gracias al Dr. Lluís Montoliu por acercar la ciencia a todos los ciudadanos y despertar el gusanillo investigador en muchos de nosotros.

CNSA en la Noche de los investigadores: “Cuidamos tu salud vigilando el medioambiente”

Con motivo de la Noche Europea de los Investigadores e Investigadoras, el Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA, Instituto de Salud Carlos III) ha preparado una actividad en la plaza de Ópera que lleva por título “Cuidamos tu salud vigilando el medioambiente” con el objetivo de mostrar sus áreas de trabajo.

Durante esta actividad se enseñarán las diferentes unidades móviles y equipos de medición de contaminantes en tiempo real, se explicará qué se mide en las unidades de radioprotección,  cómo funcionan los equipos de campo para el medir parámetros de calidad de las aguas, el uso de bioensayos para evaluar la toxicidad de aguas y suelos, y en qué consiste la biomonitorización humana.

Se desarrollará este viernes 28 de septiembre de 16:00 a 22:00 h y está dirigida al público en general, por lo que os invitamos a que os acerquéis con vuestros amigos y familiares. No es necesario realizar reserva previa ¡Os esperamos!

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Más información en el siguiente enlace:

https://outreach.isciii.es/Colaboraciones/Paginas/ediciones%20noche%20europea%20investigadores/Noche-Europea-de-los-Investigadores-2018.aspx

El misterio del Dickinsonia, el animal más antiguo del planeta, que vivió hace 558 millones de años

Hallado por Reg Sprigg en Rusia hace más de 70 años, este fósil ha sido un misterio paleontológico hasta ahora sin resolver. Desde entonces se discutía si se trataba de un liquen, ameba, animal…  El equipo de Brocks ha conseguido extraer colesterol de los tejidos preservados, molécula característica de los tejidos animales. Este hallazgo retrasa la aparición de los animales a un periodo anterior al Cámbrico, momento en el que se produjo una gran diversificación de los animales en un evento denominado “explosión del Cámbrico”.

Noticia completa en: https://bbc.in/2NzciBb

Aquí el estudio publicado en Science: https://bit.ly/2MPtmxu

Imagen destacada obtenida de: https://bbc.in/2NzciBb

 

Encuesta por la igualdad. La Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido como ejemplo. Vía: El País — 11 de Febrero

El 80% de las encuestadas cree que no poseen las mismas oportunidades que sus colegas masculinos, o el 60% de los encuestados varones considera que las mujeres son buenas líderes en investigación frente solo al 29% de las féminas, son algunos de los resultados de la encuesta sobre “igualdad y la percepción de la mujer en ciencia” que la Sociedad […]

a través de Encuesta por la igualdad. La Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido como ejemplo. Vía: El País — 11 de Febrero