Curso “Introducción a la genética y la evolución”

La recomendación semanal es un curso de la Universidad Autónoma de Madrid, impartido a través de plataforma edX, sobre genética y evolución. El acceso es gratuito.

¡No te lo pierdas!

Aquí el enlace directo: https://www.edx.org/course/genetica-y-evolucion-una-aproximacion-cotidiana

Las bacterias tienen memoria que pasa a sus descendientes

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Los investigadores estudiaron Pseudomonas aeruginosa, que forma biofilms en las vías respiratorias de personas con fibrosis quística y puede causar infecciones letales.

Según los científicos de la UCLA (Universidad de California) las bacterias, a pesar de no tener un sistema nervioso central ni neuronas, poseen una “memoria” con la que transmiten conocimiento sensorial de una generación de células a otra.  Han publicado su estudio en la PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences).

Aquí os dejo el enlca de la noticia: http://newsroom.ucla.edu/releases/bacteria-pass-on-memory-to-descendants-ucla?_ga=2.180640751.977971598.1523012985-1891032046.1523012985

 

 

Synthetic species made to shun sex with wild organisms

A team of scientists has used the CRISPR-Cas9 gene-editing tool to alter the expression of the target genes in Saccharomyces cerevisiae. As a result, the levels of a protein called actin raised and made the cells explode.

With a system of poison-antidote, they have created a strain that cannot produce offspring successfully with their wild counterparts.

This technology could be used to avoid genetic exchange between wild plants (crops and weeds) and the modified ones. Moreover, these synthetic species could be used to fight against pests and invasive species.

The authors said that this technology is going to be developed in more organisms like fruit flies, plants, mosquitoes, nematodes and zebrafish.

This article has been published in Nature. Here is the link:  https://www.nature.com/articles/d41586-018-00625-1

La importancia del fuego en los bosques mediterráneos

Encinas
Distribución de la biomasa en un bosque de encinas del Montseny, España (Marañona, 1997).

En este artículo, que forma parte del trabajo “El Bosque Mediterráneo” que estoy realizando con unas compañeras, os voy a hablar de la importancia que tiene el fuego en estos ecosistemas. Sacaré conclusiones a cerca de las consecuencias, positivas o negativas que se producen en estos ecosistemas, además de su efecto en los animales y las plantas que se encuentran estos bosques de la Península Ibérica.

Podemos definir a los bosques Mediterráneos como una formación vegetal con predominio de árboles que se encuentran en una región con clima mediterráneo. El clima mediterráneo se caracteriza por presentar veranos calurosos y secos, donde las tormentas de finales de verano y comienzos de la siguiente estación, suelen provocar fuegos (Marañona, 1997). Es decir, los incendios forestales son naturales en este ecosistema y se llevan dando desde hace milenios. Este hecho ha permitido a gran variedad de especies adquirir adaptaciones para enfrentarse a estas situaciones. Como consecuencia, en el bosque Mediterráneo, el fuego no es considerado un desastre ecológico (Pausas et al, 2008). Como son acontecimientos naturales, los fuegos tienen una gran importancia como factor ecológico. La biodiversidad que se encuentra en estos bosques sigue una estructura en función de los distintos regímenes de fuegos forestales (Pausas et al, 2008). Las especies mejor adaptadas al fuego permanecerán un mayor tiempo que las no adaptadas, por lo tanto, el fuego explica la distribución de los biomas terrestres (Martinez-Murillo et al, 2016).

En estudios más actuales, hemos observado que hablan de un incremento exponencial en el número de incendios desde el siglo pasado. El promedio anual de aumento durante las tres últimas décadas en la Península Ibérica Oriental es de aproximadamente 16 incendios por año, como se observa en la Figura 1. (Pausas, 2004).

Imagen 1
Figura 1: Número anual de incendios en la Península Ibérica Oriental durante las últimas tres décadas (Pausas, 2004).

A escala global, el fuego es considerado el principal agente de eliminación de la cubierta vegetal, de la erosión y de la degradación del suelo (Martinez-Murillo et al, 2016). El aumento de estos en las últimas décadas podría estar causando desastres ecológicos, como induciendo cambios abruptos en la comunidad, o provocando mayores pérdidas del suelo. Pausas (2004) ha estudiado los diferentes factores que determinan la aparición del fuego, incluidos los factores humanos. Su idea general es que la distribución de las zonas quemadas esta mediada por factores climáticos, mientras que el origen de los incendios está más relacionado con factores humanos y los rayos. El aumento del régimen de incendios forestales podría estar causado, según Pausas et al. (2008), por el cambio en el uso de la tierra, y el abandono del campo, pero tampoco niega la influencia de los cambios  climáticos.

La historia del bosque mediterráneo se caracteriza por un uso intensivo y extensivo de la tierra a manos del hombre. Muchas culturas (mesopotámica, egipcia, fenicia, judía, griega, árabe y romana) se han desarrollado en este ecosistema, generando en él numerosos cambios como la quema, el corte o el pastoreo de tierras no cultivables con fines agrícolas y ganaderos. Un acontecimiento a destacar es lo que ha ocurrido en las últimas décadas, es que se ha producido un abandono del campo como consecuencia de la industrialización y del éxodo rural. Este acontecimiento ha favorecido la presencia de especies que tienen un desarrollo temprano (la mayoría muy inflamables) cambiando de esta forma el patrón del paisaje y el régimen de fuegos (Pausas et al, 2008).

En el estudio de Martinez-Murillo, él y su equipo realizan una comparación del tipo de cubierta vegetal antes y después de un incendio en la provincia de Málaga. Según sus resultados durante los cinco años siguientes al fuego, hay una gran actividad del proceso de recuperación vegetal, no obstante, la actividad va decayendo con el paso del tiempo hasta ser casi nula a los 25 o 30 años tras el fuego. La recuperación de la cubierta vegetal postincendio puede ser muy heterogénea, además de la alta variabilidad espacial y temporal. Esta recuperación tan heterogénea está causada por tres factores locales: los factores abióticos (topografía, geología, clima, uso previo del suelo, etc.), los factores bióticos (tipo de especie vegetal, estructuras de las plantas, y sus estrategias postincendio) y la severidad del fuego (Martinez-Murillo et al, 2016).

No obstante, en los estudios y experimentos, antes de juzgar los efectos del fuego como positivos o negativos, se deben tener en cuenta varios aspectos tales como la comunidad animal o vegetal seleccionada como objeto de estudio, la escala temporal, el diseño del muestreo y las características del fuego. A menudo efectos negativos, a corto plazo se convierten en efectos positivos sobre el número de especies. O bien, una disminución de la diversidad más abundante o característica, puede permitir el aumento de especies más amenazadas (Pons, 2007).

En cuanto a los efectos y adaptaciones de los incendios en las especies vegetales, nuestra revisión bibliográfica nos ha permitido afirmar que la mayoría de las plantas leñosas tienen formas de sobrevivir al fuego. Estas especies presentan adaptaciones como proteger sus yemas tal como hace el alcornoque (Quercus suber) gracias a su corteza suberificada, o bien, pueden proteger sus semillas y dispersándolas tras el fuego como hace el pino piñonero (Pinus pinea) (Marañona, 1997). A pesar de esta adaptación, hemos visto que los pinos se están viendo afectados por los nuevos regímenes de fuegos que acontecen en las últimas décadas, dado que actualmente se dan incendios de corona, que antiguamente no se daban. Estos incendios se caracterizan por ser fuegos con intervalos de tiempo reducidos y por afectar a las copas de los árboles. Los incendios de corona se dan en las zonas montañosas, que se caracterizan por la presencia de especies de pinos (como Pinus nigra, Pinus sylvestris, Figura 2). Algunos pinos, como los serotinosos, presentan una reproducción temprana (tiempo menor a de 10 años). No obstante, se están dando incendios con intervalos de tiempos no lo suficientemente largos (entre 15 y 20 años) como para que los pinos generen un banco de semillas grande que permita remplazar toda su población, y como consecuencia, los pinares iniciales están siendo ocupados por los matorrales (Pausas et al, 2008). Los robles costeros y la mayoría de los bosques de robles, parecen ser, también, las especies mejor adaptadas (Pausas et al, 2008). Otras especies vegetales como Cistus sp., Ulex parviflorus sp. y Rosmarinus officinales sp. suelen aparecen pronto después del incendio (Martinez-Murillo et al, 2016).

Imagen 2
Figura 2: Proporción de la superficie quemada en Cataluña (NE de España) durante el período 1975-1987 (barras oscuras) y durante el período 1988-2002 (barras claras) en los diferentes tipos de vegetación (Sh: shublands; Ph: bosques de Pinus halepensis; Pn: Bosques de Pinus nigra; Ps: bosques de Pinus sylvestris; EQ: bosques de Quercus siempre verdes; DF: bosques de hoja caduca). Datos obtenidos al cruzar el mapa de historia de incendios de Cataluña (1975-2002, actualizado de Salvador et al., 2000) con dos mapas forestales (uno elaborado durante los años 70 y el otro a finales de los 80 y principios de los 90 (DMAH, 2006).

En cuanto a los efectos y adaptaciones de los incendios en los animales, se conocen varios aspectos de la ecología de las aves, menos de mamíferos y solo algunos ejemplos puntuales de peces, anfibios y reptiles. Según el estudio de Pons (2007) realizado en una maquia mediterránea, afirma que las aves nunca abandonan por completo la zona afectada tras un incendio. Han comprobado que se trata de individuos ya presentes antes de que ocurriese el incendio.  Algunos ejemplos de especies de aves que se encontraron tras el fuego son: el pico picapinos (Dendrocopos major), el ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), el mirlo (Turdus merula), o el pinzón vulgar (Fringilla coelebs), entre otros. Estos nidifican en encinares, alcornocales o pinares ya en la primera primavera que sigue al incendio.  Además, Pons (2007) divide en las siguientes categorías las respuestas de las aves y de los vertebrados en general:

  1. Especies que resisten. Especies que van a mantener o disminuir su presencia en la zona afectada. Especies capaces de nidificar en el suelo, en oquedades o bien, sobre rebrotes de la vegetación o árboles muertos.
  2. Especies que desaparecen, pero que al cabo del tiempo reaparecen. Especies especializadas en los estratos arbustivos o arbóreos.
  3. Especies capaces de colonizar el área quemada desde hábitats abiertos cercanos.
  4. Especies sin una tendencia clara o cuya tendencia se confunde.

En general, tanto para las aves como para los vertebrados, los fuegos no significan una gran amenaza. No obstante, el aumento significativo en el número de fuego si podría significar un riesgo para este ecosistema. También hemos observado que los científicos coinciden en que se tiene poca información acerca de varias zonas de la península, siendo la más estudiada la zona de valencia.

 REFERENCIAS

DMAH (2006) Departament de medi ambient i habitatge. Generalitat de Catlaunya. http://mediambient.gencat.net/cat/el_medi/natura/sistema_informacio/inici.jsp

Marañona, T. (1997). El bosque mediterráneo. Digital CSIC. Disponible en: http://hdl.handle.net/10261/57861 [Último acceso: 17 Feb. 2018]

Martinez-Murillo J., Remond R., Hueso-González P., Ruiz-Sinoga J. (2016). Resilencia de la cubierta vegetal en un área de montaña mediterránea afectada por el fuego: el caso del incendio de Río Verde (provincia de Málaga, sur de España). Pirineos: 171.

Pausas, J.G., 2004. Changes in fire and climate in the eastern Iberian Peninsula (Mediterranean Basin). Climate Change, 63: 337-350.

Pausas, J. G., Llovet, J., Rodrigo, A. (2008). Are wildfires a disaster in the Mediterranean basin? A review. International Journal Of Wildland Fire, 17 (6): 713-723.

Pons, P (2007). Consecuencias de los incendios forestales sobre los vertebrados y aspectos de su gestión en regiones mediterráneas. En: Camprodon, J. y Plana, E. (Eds.). Conservación de la biodiversidad, fauna vertebrada y gestión forestal. Edicions Universitat de Barcelona. Barcelona: 229-245.

 

 

Moda rápida y sus impactos ambientales y sociales

La ropa es un bien material que además de ejercer su función como aislante, permitiéndonos así conservar nuestra temperatura corporal, también es empleada como un medio de comunicación. Individualmente, usamos nuestras prendas para transmitir nuestros sentimientos, mensajes o para clasificarnos dentro de un determinado estatus social. Hace unas pocas décadas, la relación que se mantenía con la ropa era más profunda, en una época en la que las personas no podían permitirse un armario muy extenso. Cada unidad era valorada, cuidada y arreglada, pasando entre hermanos o incluso entre generaciones. Todo esto no habría sido posible si no se hubiese gozado de una buena calidad material. No obstante, nuestro sistema socioeconómico no tardó en darse cuenta de los fallos que conllevaban los productos duraderos y de calidad, creando y estableciendo de esta manera el concepto de obsolescencia programada a partir de los años 30. Este término, famoso sobre todo en la industria electrónica, no resulta tan aparente en la industria textil a pesar de la alta influencia que ejerce sobre la misma. Consiste en que los productores alteran deliberadamente la vida útil de su producto en cuestión, reduciéndola, pero sin llegar a afectar a la confianza del consumidor. En el caso del mundo de la ropa, las medias de nailon fueron un claro ejemplo de obsolescencia programada a partir de la década de los 40. Los comerciantes de medias de nailon destinaron mucho tiempo y recursos en obtener fibras sintéticas de menor resistencia y durabilidad (menor calidad) para así fomentar el consumo entre las mujeres por la necesidad de reemplazarlas. Esta estrategia de mercado es la base de la moda rápida actual. La mayoría de las marcas más demandadas ofrecen productos de baja calidad arropándose por unos precios económicos a la vez que imponen la necesidad de actualizar el armario por la creación constante de nuevas colecciones y temporadas. El objetivo principal es que los consumidores compren lo máximo posible con la mayor frecuencia posible.

Actualmente nos encontramos inmersos en un mundo de peligrosos cambios globales que avanzan imparables, entre los que se encuentran el cambio climático o la pérdida de biodiversidad. Para ponernos en contexto acerca de la implicación de la moda rápida sobre el medio ambiente, es interesante destacar que la industria textil es la segunda más contaminante del mundo. Esto engloba a todo el proceso de fabricado de las prendas, desde la extracción de materias primas, manufacturado, transporte y eliminación de los productos. Una de las causas del tremendo impacto de esta industria sobre el planeta son las materias primas en las que se apoya para elaborar la ropa. Hoy en día la mayoría de las prendas están hechas de fibras sintéticas como el poliéster o fibras acrílicas. Estos materiales están compuestos de petróleo, apoyando de esta manera a la primera industria más contaminante del mundo. Además, el manufacturado de estas fibras sintéticas requiere de procedimientos con una alta demanda energética, emitiendo a su vez grandes cantidades de compuestos gaseosos contaminantes. El siguiente material más popular en la moda actual es el algodón. En este caso se trata de una fibra natural, pero a pesar de ello dista mucho de ser un elemento respetuoso con el medio ambiente. El algodón es el segundo cultivo más contaminante del mundo después del maíz y más del 99% de los cultivos existentes son transgénicos. Una de las explicaciones de su gran deuda ecológica es la alta demanda hídrica de esta planta, suponiendo el 2,6% de la huella hídrica mundial. Por otro lado, solamente el algodón es responsable de un cuarto de los pesticidas empleados mundialmente, teniendo un enorme efecto negativo sobre la salud de los agricultores (en la mayoría de las ocasiones no poseen del equipamiento necesario para un empleo seguro de los agroquímicos) y sobre los ecosistemas adyacentes a las plantaciones.

 

Consumo de agua en Europa
Figura 1. La Unión Europea depende enormemente de los recursos hídricos de la India con respecto al consumo de algodón. Los consumidores europeos hemos contribuido a la desecación del mar de Aral en un 20%, de cuyas aguas dependen muchos cultivos locales. Fuente: la huella hídrica del consumo de algodón UNESCO (2005).

Solamente hemos tocado el primer paso de la cadena de producción de la ropa y ya ha supuesto un gran impacto para el medio ambiente. Con respecto a la depuración de las aguas residuales producidas en las fábricas textiles, cabe destacar que en la mayoría de ellas los efluentes no son sometidos a ningún tipo de tratamiento depurativo, siendo vertidos de manera intacta al entorno. No es difícil indagar y encontrar en la red artículos de periódico o reportajes de televisión en los que se muestran ríos de la India teñidos con los colores de la temporada de moda. Hace relativamente poco tiempo mostraron imágenes de perros callejeros de color azul por bañarse en dichas aguas. Cabe destacar que los ríos a los que son vertidos estos efluentes cargados de contaminantes y sin depurar son los mismos de los que dependen las comunidades locales para sus necesidades básicas, afectando gravemente a su salud y bienestar.

Contaminación de la ropa
La ropa acumulada contiene muchos compuestos químicos tóxicos, los cuales reaccionan a procesos abióticos como la radiación solar o la lluvia, una vez acumulados en la intemperie. Esos polutantes pueden volatilizarse a la atmósfera, penetrar a las aguas subterráneas o transportarse a ríos cercanos. Fuente: Impactos ambientales de la industria de la moda https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1964887/pdf/ehp0114-a00449.pdf

Una vez fabricada y teñida la ropa, que requiere grandes cantidades de agua y energía, es transportada a largas distancias desde su lugar de fabricación. La mayor parte de las prendas que se demandan en Europa provienen de Asia, conllevando su transporte la emisión de cantidades ingentes de gases de efecto invernadero a la atmósfera, favoreciendo así el cambio climático. Gracias al enorme éxito de las empresas de moda rápida, la demanda de ropa es tan grande que se ha instaurado la necesidad de disponer de prendas actualizadas, deshaciéndonos de aquellas más obsoletas para poder estar “a la moda”. Por ello, toneladas de ropa en buen estado son desechadas. La mayoría de estas prendas acaban en los vertederos locales, contaminando la atmósfera al emitir gases volátiles altamente tóxicos o contaminando las aguas subterráneas, por lixiviado. Parte de la ropa que no acaba en vertederos es enviada a países en desarrollo, amontonada sobre enormes pilas de más ropa de segunda mano proveniente de países occidentales. La llegada de prendas es tal, que más que favorecer a la comunidad local proveyéndoles de recursos, pasa a ser otro problema de contaminación añadido. En la mayoría de los casos llega tanta ropa que supera con creces a la demanda local, acumulándose, emitiendo compuestos tóxicos e impidiendo que sectores textiles locales puedan emprender sus negocios.

Ropa de segunda mano
Exceso de ropa de segunda mano en algunos países en desarrollo. Fuente: Impactos ambientales de la industria de la moda https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1964887/pdf/ehp0114-a00449.pdf

Estas consecuencias, grosso modo, implican a la moda rápida de forma muy negativa sobre el medio ambiente. Pero me parece que el tema tratado se encuentra incompleto si no indagamos sobre las implicaciones éticas y sociales de esta industria. Como ya he comentado, la gran mayoría de la ropa que se comercia en Europa proviene de Asia, de países como Bangladesh, Vietnam, China o Camboya. Las grandes marcas de ropa actuales manufacturan sus productos en estos países por una mayor rentabilidad económica, debido a que emplean mano de obra barata y porque la legislación de dichos países es mucho más débil sobre cuestiones medioambientales y de justicia social. Los trabajadores de las fábricas textiles son mayoritariamente mujeres y cobran un sueldo que no alcanza para una alimentación adecuada ni para invertir en salud o en educación para sus hijos. Además, las jornadas laborales son muy extensas (14-20 horas diarias), impidiendo que puedan destinar tiempo a sus familias. Como consecuencia, muchas se ven obligadas a llevarse a sus hijos consigo a las fábricas, estando los niños expuestos a compuestos químicos altamente nocivos (como tintes) a muy temprana edad.

Gastos de una camiseta
Figura 2. Del coste total que conlleva la producción de una camiseta, al trabajador solo le corresponde un 0,6 % del mismo. Fuente: https://ropalimpia.org

Muchos trabajadores textiles, como aquellos que trabajan para la industria del cuero, tienen graves problemas de salud, destacando los problemas dérmicos y respiratorios. Esto se debe a que las fábricas no suelen suministrar un equipamiento que permita asegurar una manipulación segura del producto sin que sea necesario exponerse directamente a los productos corrosivos y tóxicos. Sin embargo, los mayores delatores de esta violación de los derechos humanos los encontramos en las noticias sobre derrumbamientos o incendios de fábricas textiles. Una vez más, si investigamos en la red podemos encontrar dramáticos ejemplos como el caso del derrumbamiento de Rana Plaza en Bangladesh, en el que murieron 1.127 personas. Esto expone que muchos de los edificios de la industria textil en dichos países no son seguros. Por último, estos trabajadores no pueden reclamar unas mejores condiciones de seguridad, un sueldo digno o una jornada laboral adecuada porque en esos países no están permitidos los sindicatos y las manifestaciones pacíficas son sofocadas mediante violencia por el gobierno.

Violación de los derechos humanos.
Dhaka, Bangladesh, marzo de 2010. Dhaka posee más de 4000 fábricas sólo para exportación. Fuente: https://www.adamsmith.org/blog/international/sweatshops-make-poor-people-better-off

En un mundo en el que se prevé que solamente en España en 2018 se incremente el consumo de ropa en un 26 %, el futuro para el medio ambiente y los trabajadores textiles no se muestra muy alentador. Sin embargo, actualmente está cogiendo fuerza un movimiento denominado moda lenta o “slow fashion”. Esta iniciativa o filosofía de consumo aboga por el empleo de materias primas ecológicas en nuestras prendas, responsables tanto ambientalmente como socialmente. Por otro lado, propone el uso de técnicas de tintado más respetuosas, como el tintado en seco, que requiere mucha menos agua y energía. Además, defiende unas jornadas laborales acordes con los derechos humanos. Por último, hace un llamamiento a los consumidores para advertirles de su responsabilidad sobre los impactos de la moda rápida y los anima a valorar más su ropa, a consumir menos y, a poder ser, productos de mejor calidad para prolongar así su vida útil.

Moda lenta o Slow fashion
Figura 3. Una excelente alternativa a la moda rápida es intentar seguir las directrices de la moda lenta, un buen ejemplo de consumo responsable. Fuente: https://nammu.com/blog/es/slow-fashion/

¿Y tú? ¿Estabas al tanto de la magnitud de los impactos de la moda rápida sobre el medio ambiente y los derechos humanos?

Os dejo con un vídeo de la estupenda campaña de Ropa Limpia y un documental MUY recomendado de la temática:

 

 

 

Curso “The Extremes of Life: Microbes and Their Diversity”

La Universidad de Kyoto nos ofrece este curso a través de la plataforma edX. Es de acceso gratuito y está en inglés (nivel medio). En él aprenderás la base genética de la diversidad microbiana y cómo están adaptados los microorganismos a los hábitats extremos de nuestro planeta. ¡No te lo pierdas!

Enlace al curso: https://www.edx.org/course/extremes-life-microbes-diversity-kyotoux-003x-1