Contaminación lumínica

 Información preparada por la alumna  REBECA VICENTE MORENO de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica
 

Los seres humanos, al ser diurnos hemos buscado durante mucho tiempo formas para iluminarnos durante la noche. En la época preindustrial, la luz se generaba mediante la quema de diversos materiales, incluyendo madera, aceite e incluso pescado desecado. Y sin bien estos métodos de iluminación sin duda influenciaron el comportamiento de los animales y de la ecología a nivel local, los efectos fueron bastante limitados. Sin embargo, la invención relativamente reciente y la rápida proliferación de la luz eléctrica, ha transformado el medio nocturno en gran parte de la superficie terrestre (Longcore & Rich, 2004).

Surgió entonces el término contaminación lumínica para referirse a la alteración de la oscuridad natural durante la noche, por la introducción de la luz artificial, lo cual produce una degradación en los ecosistemas. A través de distintos estudios, se ha demostrado que la contaminación lumínica tiene efectos en el comportamiento y en las poblaciones, y se han determinado las consecuencias ecológicas provocadas por dicha contaminación. Los principales efectos son la desorientación o cambios en la orientación, y la atracción o la repulsión de los organismos a este medio lumínico alterado, que puede afectar a su vez a la búsqueda de alimento, la reproducción, la migración y la comunicación (Longcore & Rich, 2004; Horváth et al., 2009).

Alimentación

La contaminación lumínica puede tener efectos en la relación depredador-presa de algunas especies nocturnas. Por ejemplo:

La iluminación nocturna puede extender los comportamientos diurnos o crepusculares a la noche. Algunas especies diurnas son capaces de aprovechar la luz artificial, y son facultativamente nocturnos en ambientes urbanos, como por ejemplo las arañas saltadoras y algunas especies de aves y reptiles. Estos son capaces de buscar su alimento bajo luz artificial. Esto resulta beneficioso para aquellas especies que pueden explotar este nuevo nicho, pero no para sus presas (Gaston et al., 2009).

También hay estudios sobre el efecto que puede tener la luz artificial en algunos depredadores debido a una mayor concentración de presas en los focos de luz. Por ejemplo, se ha observado un aumento de algunas especies de murciélagos alrededor de las farolas de las calles, y particularmente de aquellas bombillas con una longitud de onda baja, debido a que un gran número de insectos se ven atraídas por ellas. Sin embargo, hay otras especies de murciélagos que evitan las luces, para evitar competencia con las aves (Gaston et al., 2009).

La contaminación lumínica afecta al comportamiento alimentario de muchos animales. Por ejemplo, los pequeños roedores se alimentan menos a niveles altos de iluminación, una tendencia que también presentan algunos lagomorfos, marsupuales, serpientes, murciélagos, peces, invertebrados acuáticos y otros taxones. Por eso, es posible que cambios en la iluminación provoquen cambios en la relación depredador-presa de muchas especies (Gaston et al., 2009).

Además de la alimentación, la iluminación artificial puede inducir otros comportamientos, como el canto de aves territoriales como Mimus polyglottos (Bergen & Abs, 1977) o Turdus migratorius (Miller, 2006).

Reproducción

El comportamiento reproductivo también puede verse alterado por la iluminación artificial. Por ejemplo, las ranas hembra de la especie Physalaemus pustulosus, se vuelven menos selectivas en la elección de la pareja con niveles más altos de luz, prefiriendo acoplarse rápidamente para evitar el riesgo de depredación en el apareamiento. La iluminación nocturna también puede interferir en el movimiento de las ranas desde y hacia las zonas de cría. En las aves, hay algunas evidencias que sugieren que la iluminación artificial nocturna afecta a su elección del sitio donde anidar (Longcore & Rich, 2004).

Desorientación

La constante iluminación artificial durante la noche también puede desorientar a organismos acostumbrados a realizar desplazamientos en oscuridad. El ejemplo mejor conocido es el de la desorientación de las crías de tortugas marinas, las cuales no son capaces de llegar al mar. La iluminación afecta también al comportamiento de la puesta de huevos de las tortugas adultas hembras. La luz artificial interfiere en el anidamiento, puesto que prefieren los lugares oscuros, provocando el abandono de los nidos antes de depositar los huevos. También puede interferir en su capacidad para encontrar la playa, puesto que las tortugas adultas utilizan la visión para orientarse en el mar (Witherington & Martin, 2000).

Los cambios en el nivel de luz pueden provocar alteraciones en la orientación de otros animales nocturnos. Al haber desarrollado adaptaciones anatómicas para ver en la oscuridad, un rápido aumento de la luz puede cegarlos. En el caso de las ranas, un rápido aumento en la iluminación causa una reducción en la capacidad visual y el tiempo de recuperación puede llevar desde minutos a horas. Después de haberse acostumbrado a la luz, las ranas también pueden ser atraídas hacia ella (Gaston et al., 2009).

Las aves pueden verse desorientadas por la luz y no ser capaces de dejar la zona iluminada, por lo que se ven atrapadas dentro, pudiendo chocar entre sí o contra cualquier estructura, o llegar a agotarse, siendo entonces más vulnerables ante los depredadores (Gaston et al., 2009).

Comunicación visual

La comunicación visual intra e interespecífica puede verse afectada por la iluminación artificial durante la noche. Algunas especies utilizan la luz para comunicarse, y por lo tanto son especialmente susceptibles ante la contaminación lumínica. Las luciérnagas hembras atraen a los machos hasta 45 m de distancia con destellos bioluminiscentes; la presencia de la iluminación artificial reduce la visibilidad de estas comunicaciones (Longcore & Rich, 2004).

Como efecto secundario, la iluminación artificial también podría alterar los patrones de comunicación. El aullido de los coyotes (Canis latrans) durante la luna nueva, cuando está más oscuro es una forma de comunicación necesaria ya sea para evitar la entrada de otras manadas en su territorio, o para juntarse para cazar presas más grandes. El aumento de la iluminación por causas artificiales podría eliminar este patrón de comportamiento (Longcore & Rich, 2004).

Alteración de la fotosíntesis

Las plantas, para realizar la fotosíntesis, absorben la luz (en longitudes de onda de entre 400 y 700 nm) mediante las clorofilas y carotenos. Si bien este rango abarca gran parte de las emisiones visibles que provienen de las luces artificiales, en la mayoría de los casos, el efecto que pueda tener la contaminación lumínica en la fijación neta de carbono probablemente sea insignificante. No obstante, los efectos que pudiera tener en tanto a nivel de individuo como de ecosistemas siguen siendo bastante desconocidos.

Sí se conocen efectos de la contaminación lumínica en los ecosistemas de cuevas iluminadas artificialmente. La iluminación artificial en las cuevas utilizadas como atracciones para los visitantes promueve el crecimiento de algunas comunidades de flora, completamente dependientes de la luz artificial por ser una fuente de energía muy localizada. Estas comunidades pueden incluir autótrofos tales como algas fotosintéticas, musgos y helechos que crecen en las proximidades de estas fuentes de luz, así como hongos y otros heterótrofos que aprovechan el aporte de materia orgánica de los autótrofos. Estas comunidades pueden desplazar o cambiar las cadenas tróficas de las cuevas (Gaston et al., 2013).

Ciclos circadianos y fotoperiodo

Hay tres ciclos naturales periódicos del régimen lumínico que son detectados por los organismos: el ciclo diario de día y noche, cambios estacionales en la duración del día, y cambios a lo largo del ciclo lunar. Los ciclos diarios y estacionales aportan señales que algunos organismos usan para anticipar los cambios regulares en el ambiente como la temperatura o la humedad, que siguen a los ciclos diarios y anuales.

En los ecosistemas templados y polares, los organismos utilizan con frecuencia la duración del día como una señal para iniciar eventos fenológicos como la germinación, la formación de yemas, la reproducción, la senescencia, la eclosión, la muda, el desarrollo embrionario, y la migración.

Por lo tanto, los cambios en lo que perciben como fotoperiodo debido a la iluminación artificial, tiene severas consecuencias en algunos organismos. Por ejemplo: Durante mucho tiempo se ha observado que ciertas especies de árbol de hoja caduca mantienen sus hojas durante más tiempo en otoño cuando se encuentran cerca de las farolas de la calle, y por tanto, se ven más expuestos a heladas a finales de otoño e invierno. En algunas especies de animales como lagartos y roedores, la actividad termorreguladora va en respuesta a cambios estacionales en el fotoperiodo (Gaston et al., 2013).

Riesgo de cáncer

La exposición a la luz durante la noche puede provocar distintos efectos fisiológicos debido a las variaciones en los niveles de melatonina. La melatonina influye en la regulación de la masa corporal, la tasa metabólica, o la termogénesis de algunas especies de mamíferos. También se ha visto que la interrupción de la producción de melatonina por la exposición a la luz durante la noche, aumenta el riesgo de cáncer en los trabajadores con turnos de noche. (Navarra & Nelson, 2007; Schernhammer & Schulmeister, 2004). En el caso de las mujeres, se ha demostrado que aquellas que participan en trabajos nocturnos tienen un mayor riesgo de cáncer de mama (Blask et al., 2005).

Respuesta inmunológica

La exposición de un individuo de forma crónica a la luz artificial durante las horas de noche, podría interferir en la función inmunológica. Por ejemplo la codorniz japonesa (Coturnix coturnix japonica) disminuyó su producción de anticuerpos. En los mamíferos, la exposición a la luz durante la noche redujo la actividad citotóxica de las células NK (Navarra & Nelson, 2007).

Bibliografía:

Blask, D. E., Brainard, G. C., Dauchy, R. T, Hanifin, J. P., Davidson, L. K., Krause, J. A., Sauer, L. A., Rivera-Bermudez, M. A., Dubocovich, M. L., Jasser, S. A., Lynch, D. T., Rollag, M. D. & Zalatan, F. (2005). Melatonin-depleted blood from premonopausal women exposed to lith at night stimulates growth of human breast cancer xenograft in nude rats. Cancer Res, 65: 23.

Gaston, K. J., Bennie, J., Davies, T. W. & Hopkins, J. (2013). The ecological impacts of nighttime light pollution: a mechanistic appraisal. Biological Reviews, 88: 912-927.

Horváth, G., Kriska, G., Malik, P. & Robertson, B. (2009). Polarized light pollution: a new kind of ecological photopollution. Front Ecol Environ, 7: 317-325.

Longcore, T. & Rich, C. (2004). Ecological light pollution. Front Ecol Environ, 2: 191-198.

Miller, M. W. (2006). Apparent effects of light pollution on singing behavior of American robins. The Cooper Ornithological Society, 108: 130-139.

Navarra, K. J. & Nelson, R. J. (2007). The dark side of light at night: physiological, epidemiological and ecological consequences. Journal of Pineal Research, 43: 215-224.

Schernhammer, E. & Shulmeister, K. (2004). Melatonin and cancer risk: does light at night compromise physiologic cancer protection by lowering serum melatonin levels? British Journal of Cancer, 90: 941-943.

Witherington, B. E. & Martin, R. E. (2000). Understanding, assessing, and resolving light-pollution problems on sea turtle nesting beaches. FMRI Technical Report TR-2.

Contaminación por amianto

 Información preparada por la alumna  BELEN MONCALVILLO GONZALEZ  de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

El amianto o asbestos es un grupo de compuestos de silicatos de magnesio de cadena doble (Oury et al., 2014), que aparece habitualmente en baja concentración en rocas serpentínicas (Meyer, 1980). Es ubicuo prácticamente en todo el mundo y puede presentarse en múltiples variables (tremolita, crisotilo o amianto blanco, crocidolita o asbesto azul, entre otros). Se ha utilizado desde la época griega, pero su uso se generalizó durante el siglo XX. Su resistencia a la corrosión y degradación térmica, su resistencia tensil y su hábito fibroso lo convirtieron en un compuesto tan habitual en materiales de construcción y aislamiento de edificios, de la industria textil y de la naviera que llegó a denominárselo “mineral milagroso” (Oury et al., 2014).

A pesar de esta denominación, el riesgo del amianto para la salud se hizo evidente en pocas décadas. Alrededor del mundo se han registrado numerosos casos de altas mortalidades asociadas a la exposición a este material. Algunos ejemplos son: los alrededores de una explotación minera en Sudáfrica (Wagner et al., 1960); trabajadores de recubrimientos aislantes para edificios en Nueva York (Selikoff et al., 1964); varios tipos de industrias en Gran Bretaña (Doll, 1993); trabajadores de fábricas textiles en China (Yano et al., 2001); o una fábrica de cementos en Barcelona, que estuvo en activo desde 1907 hasta 1997 (Tarrés et al., 2009).

El amianto es un contaminante tóxico, es decir, un polutante. Se asocia principalmente a la contaminación atmosférica, ya que aparece en el aire en forma de micropartículas, provocadas por la erosión del viento o de otros agentes meteorológicos sobre el material y por los procesos industriales asociados a su manipulación (Oury et al., 2014). Por lo tanto, el amianto afecta principalmente a las vías respiratorias, causando irritaciones o asma. Una sobreexposición continuada a esta sustancia suele desencadenar cáncer de pulmón o mesotelioma de pleura (Wagner et al., 1960). Además, una vez dentro del organismo puede ser traslocado y causar cáncer del tracto intestinal (Oury et al., 2014). Más allá de su presencia en la atmósfera, las partículas de amianto terminan por depositarse en el suelo y los sistemas acuáticos (Mustapha et al., 2003), aumentando su capacidad de dispersión y pudiendo llegar a contaminar fuentes de abastecimeinto de agua y comida (Oury et al., 2014).

La contaminación por amianto, desde minas o fábricas, se produce de manera puntual y desciende a medida que aumenta la distancia al foco de emisión. Su incidencia se extiende frecuentemente dos kilómetros a la redonda, pero pueden encontrarse partículas de amianto hasta a cinco kilómetros (Magnani et al., 2000). Debido a su uso industrial, la contaminación en amianto se da principalmente en zonas urbanas. Llegó a ser tan generalizada, que en los años sesenta se detectó su presencia en el 20% de la población de Tejas y en la de Sudáfrica (Oury et al., 2014). Además, su peligrosidad se ve acentuada debido a que sus efectos en humanos pueden tardar entre 20 y 40 años en ser apreciables (Mustapha et al., 2003).

Como se ha explicado, debido a sus alarmantes riesgos, el amianto ha sido el foco de atención de numerosos estudios epidemiológicos. Incluso se ha realizado   experimentación animal, principalmente con ratas y ratones (Wagner et al., 1974; Walton, 1982; Doll, 1993; Landrigan et al., 2004) y lombrices de tierra (Schreier y Timmenga, 1986). Sin embargo, esta atención toxicológica ha reducido el estudio de su ecotoxicología y sus efectos sobre los ecosistemas son poco conocidos (Mustapha et al., 2003). Las partículas de amianto que llegan al suelo y al agua son susceptibles de incorporarse a organismos vivos. Igual que ocurre con el ser humano, la sobreexposición al amianto es letal para los animales estudiados (Schreier y Timmenga, 1986), pero pequeñas dosis no letales pueden acumularse a lo largo de la cadena trófica. Mustapha et al. (2003) comprobaron mediante biomonitorización en una zona de India que el amianto se encontraba presente en lombrices, caracoles y plantas, y que su concentración aumentaba en depredadores del ecosistema como ranas y peces, produciéndose un fenómeno de biomagnificación.

Por otra parte, la descontaminación del amianto suele centrarse en eliminar sus fuentes de emisión, es decir, retirar los productos que lo contienen (Oury et al., 2014). No obstante, aún no es posible eliminarlo de manera efectiva del medio natural. En yacimientos de amianto y suelos contaminados, se han intentado aplicar métodos de fitorremediación, pero el la vegetación tiene serias dificultades para establecerse en suelos serpentínicos (Meyer, 1980). Los estudios más recientes indican que la bioaumentación, enriqueciendo el suelo con los nutrientes necesarios, facilita este crecimiento de la vegetación. Las leguminosas y algunas plantas aromáticas son algunos grupos propuestos para secuestrar las partículas de amianto y evitar que pasen a cultivos agrícolas (Kumar y Maiti, 2015; Kumar et al., 2015).

En la actualidad, el amianto se ha eliminado de la mayoría de los procesos industriales, al menos en los países desarrollados. La Unión Europea restringió su uso, con el objetivo de eliminarlo progresivamente, en 1987 (Decreto 87/217/EECC). Otras potencias, como Estados Unidos o Australia, también se han hecho eco de ello en su legislación (Oury et al., 2014). A pesar de todo, el amianto continúa siendo un problema, dado que sus efectos en la salud humana pueden tardar varias décadas en ser apreciables y su impacto en los ecosistemas aún no está suficientemente estudiado.

 

Como curiosidad, aquí tenéis dos vídeos acerca de la contaminación ambiental del amianto:

  • Vertedero de amianto en Toledo (del minuto 59:30 al 1:13:40):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-manana/manana-03-10-16/3742550/

  • Reportaje de Informe semanal de 2003 acerca de las muertes causadas por sobreexposición laboral al amianto en estibadores (descargadores de mercancías de barcos):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/fue-informe-amianto-muerte-blanca-2003/1896888/

 

BIBLIOGRAFÍA

European Union, Council Directive 87/217/EEC of 19 March 1987 on the prevention and reduction of environmental pollution by asbestos

Doll, R. (1993). Mortality from lung cancer in asbestos workers 1955. British journal of industrial medicine50(6), 485.

Kumar, A., & Maiti, S. K. (2015). Effect of organic manures on the growth of Cymbopogon citratus and Chrysopogon zizanioides for the phytoremediation of Chromite-Asbestos mine waste: A pot scale experiment. International journal of phytoremediation17(5), 437-447.

Kumar, A., Maiti, S. K., Prasad, M. N. V., & Singh, R. S. (2015). Grasses and legumes facilitate phytoremediation of metalliferous soils in the vicinity of an abandoned chromite–asbestos mine. Journal of Soils and Sediments, 1-11.Landrigan, P. J., Lioy, P. J., Thurston, G., Berkowitz, G., Chen, L. C., Chillrud, S. N., … & Perera, F. (2004). Health and environmental consequences of the world trade center disaster. Environmental health perspectives112(6), 731.

Magnani, C., Agudo, A., Gonzalez, C. A., Andrion, A., Calleja, A., Chellini, E., … & Mirabelli, D. (2000). Multicentric study on malignant pleural mesothelioma and non-occupational exposure to asbestos. British Journal of Cancer83(1), 104.

Meyer, D. R. (1980). Nutritional problems associated with the establishment of vegetation on tailings from an asbestos mine. Environmental Pollution Series A, Ecological and Biological23(4), 287-298.

Musthapa, M. S., Ahmad, I., Trivedi, A. K., & Rahman, Q. (2003). Asbestos contamination in biota and abiota in the vicinity of asbestos-cement factory.Bulletin of environmental contamination and toxicology70(6), 1170-1177.

Oury, T. D., Roggli, V. L., & Sporn, T. A. (2014). Pathology of asbestos-associated diseases. New York, NY: Springer.

Schreier, H., & Timmenga, H. J. (1986). Earthworm response to asbestos-rich serpentinitic sediments. Soil Biology and Biochemistry18(1), 85-89.

Selikoff, I. J., Churg, J., & Hammond, E. C. (1964). Asbestos exposure and neoplasia. Jama188(1), 22-26.

Tarrés, J., Abós-Herràndiz, R., Albertí, C., Martínez-Artés, X., Rosell-Murphy, M., García-Allas, I., … & Orriols, R. (2009). Asbestos-related diseases in a population near a fibrous cement factory. Archivos de Bronconeumología ((English Edition))45(9), 429-434.

Wagner, J. C., Sleggs, C. A., & Marchand, P. (1960). Diffuse pleural mesothelioma and asbestos exposure in the North Western Cape Province.British journal of industrial medicine17(4), 260-271.

Yano, E., Wang, Z. M., Wang, X. R., Wang, M. Z., & Lan, Y. J. (2001). Cancer mortality among workers exposed to amphibole-free chrysotile asbestos.American journal of epidemiology154(6), 538-543.

Wagner, J. C., Berry, G., Skidmore, J. W., & Timbrell, V. (1974). The effects of the inhalation of asbestos in rats. British journal of cancer29(3), 252.

Walton, W. H. (1982). The nature, hazards and assessment of occupational exposure to airborne asbestos dust: a review. Annals of occupational hygiene,25(2), 117-119.

La fiebre hemorrágica Crimea-Congo o “Lo que la Salud Pública debe entender de Ecología”

Confirmada una muerte y un contagio en Madrid por un virus que trasmite una garrapata, podéis informaros en diversos medios, por ejemplo:

Origen: Qué es la fiebre hemorrágica Crimea-Congo | Madrid | EL PAÍS

Es la primera vez que se detecta un contagio de esta enfermedad en Europa pero la Ecología de la garrapata que sirve al virus como reservorio y estudios de Microbiología Ambiental nos previno hace varios años de que esto podría pasar. Afortunadamente el Ministerio de Sanidad escuchó la voz de alarma y se realizó un estudio en 2011, según reportan en El País.

Este es un ejemplo claro de cómo la Salud Pública debe aliarse con la Ecología y otras CC. Ambientales para ser eficaz. Los estudiantes de Medicina no reciben formación sobre Ecología o Microbiología Ambiental. Los Ecólogos o Ambientólogos tampoco son instruidos sobre la relevancia del equilibrio ecológico para la salud humana. En parte es lógico, ya que no es necesario que conozcan al detalle esas disciplinas. Pero es fundamental que gestores sanitarios y políticos de Salud Pública sean conscientes de la relación entre el Medio Ambiente, la Ecología y el Cambio Global con la Salud.

Aún no existen estudios superiores en España que hagan un abordaje completo de la Salud Ambiental donde Médicos, Ambientólogos, Ecólogos, Zóologos, Veterinarios y Microbiólogos trabajen mano a mano. Y en lo que respecta a la investigación ¿cuántos grupos de investigación combinan estudios médicos clínicos con biología de campo de los reservorios de zoonosis (enfermedades compartidas o transmitidas por animales)? Desde aquí hago un llamamiento para elevar la sensibilidad social y en especial de las autoridades sanitarias (administrativas y académicas) hacia el Medio Ambiente. La Ecología no sólo son bonitos paisajes montañosos y flores raras, también es la relación entre nuestros organismos patógenos y nosotros.

La exposición a contaminantes ambientales está relacionada con una disminución de la respuesta inmune frente a la vacuna de la tuberculosis

Se ha publicado recientemente un estudio científico que muestra que los bebés con mayores niveles de ciertos contaminantes orgánicos en su sangre. Ya existían evidencias en estudios previos de que los bifenilos policlorados (PCBs) y otros contaminantes persistentes pueden alterar el sistema inmunitario en desarrollo y asociarse con una disminución en la eficacia de ciertas vacunas. Esto podría tener implicaciones graves en partes del mundo donde las enfermedades que se previenen con vacunas son una amenaza de gran relevancia para la salud pública. En este número de la revista Environmental Health Perspectives, los investigadores presentan nuevas evidencias de que dos polutantes orgánicos persistentes están asociados con una menor respuesta de anticuerpos frente a la vacuna de la tuberculosis que podría ser potencialmente indicativa de una menor protección a la infección.

“Nuestros hallazgos muestran que los contaminantes ambientales pueden estar implicados en la alteración del sistema inmune (disrupción inmune), en este caso, la supresión de la respuesta inmune a una vacuna” ha declarado el autor principal Todd Jusko, un epidemiólogo de la Universidad de Rochester en Nueva York.

Los investigadores analizaron PCB-135 y un metabolito del insecticida DDT (p, p’- DDE) en la sangre de unas 500 parejas madre-bebé en Eslovaquia. Su objetivo era determinar si la exposición prenatal y del recién nacido a estas sustancias estaban asociadas con una respuesta disminuida a la vacuna de la tuberculosis a la edad de 6 meses. Ambas se consideran sustancias preocupantes por su capacidad de persistir en el medio ambiente y acumularse en el cuerpo de los animales, incluido el ser humano, a lo largo del tiempo.

Tampoco está claro si el PCB-153 y el p,p’-DDE realmente son los causantes de la reducción de anticuerpos ya que no se les conoce como grandes inmunotóxicos según Philippe Grandjean, un epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard no implicado en el estudio. Quizás estas sustancias no son los agentes causales sino que están presentes junto con otras sustancias ambientales más inmunotóxicas y están funcionando como marcadores de las verdaderas culpables.

Los mecanismos por los cuales las sustancias ambientales pueden suprimir el sistema inmune y disminuir la respuesta a la vacuna no se entienden muy bien aún, pero en un estudio previo en la misma cohorte de la población eslovaca, Jusko y sus colaboradores encontraron que los bebés más expuestos a los PCBs tenían un timo de menor volumen, órgano implicado en la maduración de las células linfocitarias defensoras que fabrican los anticuerpos.

Origen: EHP – Impeded Immunity? Reduced Tuberculosis Vaccine Response with Exposure to Environmental Chemicals

Ejemplo de vigilancia entomológica continuada: Distribución y seguimiento de las poblaciones del mosquito tigre en los términos municipales de Cartagena y La Unión durante 2014 | Morales-Bueno | Revista de Salud Ambiental

Ejemplo de vigilancia entomológica continuada: Distribución y seguimiento de las poblaciones del mosquito tigre en los términos municipales de Cartagena y La Unión durante 2014

Origen: Ejemplo de vigilancia entomológica continuada: Distribución y seguimiento de las poblaciones del mosquito tigre en los términos municipales de Cartagena y La Unión durante 2014 | Morales-Bueno | Revista de Salud Ambiental

Humedales, algas o manglares, los mejores ‘diques’ de protección de la costa

 Los ecosistemas naturales, como arrecifes de coral, humedales, campos de algas o manglares, son los mejores ‘diques’ de protección de la costa frente a las inundaciones y la erosión que provocará el cambio climático, que amenaza a los millones de personas que viven junto al mar.
Mas información en Madri+d

El cambio climático acentúa los efectos de El Niño sobre las poblaciones humanas

El cambio climático acentúa el fenómeno de El Niño. Las sequías en una parte del planeta desencadenan, hambrunas mientras que en otras partes las inundaciones devastan regiones entreras. Entérate de como esta afectando a dira de hoy a las poblaciones más desfavorecidas.

¿En qué consiste el fenómeno de El Niño? | Save the Children

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