Murciélagos y su sensibilidad al cambio global

El orden Chiroptera, comúnmente conocido como murciélagos, acoge a todos los mamíferos voladores que se conocen hoy en día. Es un orden que acoge a más de 1000 especies, afectado por múltiples agentes contaminantes de diferentes naturalezas y que causan un grave impacto negativo en la supervivencia de este grupo. Se trata de un grupo muy sensible ya que se ve afectado por la amplia mayoría de tipos de contaminación conocidos hoy en día.

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Ejemplar de murciélago de pies grandes (Myotis macropus), en Melbourne, Australia (fotografía de L. Lumsdem; Straka et al., 2016).

Posiblemente la contaminación más conocida sea la de carácter químico: los metales pesados son más que conocidos por disminuir la riqueza de especies en el entorno natural debido a su alta toxicidad (Straka et al., 2016). De hecho, un biomarcador utilizado y que es interesante por su carácter no invasivo es la propia piel y pelaje de los murciélagos, al reflejar la acumulación de metales pesados (como el cadmio, el cobre, el plomo y el zinc) en riñones, huesos o estómago (Hernout et al., 2016). Además, el mercurio es relativamente peligroso en este grupo, debido a la biomagnificación que se ha visto que pueden presentar en zonas contaminadas (Kumar et al., 2018).

No solo los metales pesados tienen un grave efecto tóxico en los murciélagos; se ha observado que productos de la industria agraria repercuten en ellos de manera muy grave. Por ejemplo, podemos destacar organoclorados como el DDT (diclorodifenilcloroetano), un insecticida que produce mortalidad en muchos quirópteros (Buchweitz et al., 2018) y el endosulfán (EDS), otro insecticida que induce alteraciones morfológicas en órganos vitales y estrés oxidativo (Oliveira et al., 2017) afectando a los procesos fisiológicos de estos organismos. Debemos destacar también los compuestos organofosforados como el clorpirifós, que afectan muchas veces en comportamientos de vuelo y movimientos de trepa de los murciélagos y pueden potencialmente causar daños en sus organismos (Eidels et al., 2016).

Posiblemente la mayoría de las personas podrán imaginarse también que la contaminación lumínica es muy grave para los quirópteros: es bien sabido que la luz artificial durante periodos nocturnos supone un estresor de origen humano muy importante, ya que afecta a actividades de los organismos de la noche de formas muy variadas, como la reproducción o la comunicación (Stone et al., 2015). Por ejemplo, la presencia de luces aumenta en gran medida la cantidad de zumbidos producidos por los murciélagos. Además, hay autores que han demostrado que las luces nocturnas pueden distraer a los quirópteros de sus rutas de migración por fototaxia positiva (Voigt et al., 2017), es decir, se sienten atraídos hacia la luz. Así, acabamos observando zonas donde al final, la riqueza de especies de quirópteros se reduce drásticamente por culpa de esta contaminación lumínica (con excepción de aquellas especies adaptadas a entornos urbanos, que son una minoría) (Straka et al., 2016).

También podemos destacar la contaminación sonora. Hay diferentes experimentos que relacionan este tipo de contaminación con el bienestar de los quirópteros, pero muy pocas veces se han llevado más allá del laboratorio. Algunos autores han demostrado que la actividad de determinadas especies de murciélago puede disminuir en gran manera cuando se encuentran en zonas con maquinaria humana muy ruidosa. De hecho, la propia ecolocalización se ve alterada y, por ende, su capacidad de caza (Bunkley et al., 2014).

Podríamos determinar por otro lado un tipo especial de contaminación sonora cuyo origen tiene lugar por culpa de la arquitectura humana: los murciélagos, al orientarse y moverse en el espacio por ecolocalización, necesitan superficies que reflejen bien los ultrasonidos. Es por ello por lo que pueden confundir superficies verticales y pulidas con caminos abiertos sin obstáculos, chocándose contra ellos y produciéndose graves contusiones (Greif et al., 2017).

Pero, existen tipos de contaminación menos obvias, como puede ser la de carácter electromagnético y que tienen la misma importancia que las anteriores. Estudios han demostrado que los murciélagos presentan magnetita (Fe3O4) en su organismo, un mineral que les permite sensar el campo magnético terrestre, así como orientarse en función de él (capacidad magnetorreceptiva) (Tian et al., 2010). De hecho, autores como Wang et al. (2007) han demostrado en laboratorio que se puede modificar la orientación de estos organismos artificialmente: bajo influencia de un campo magnético normal, los murciélagos tienen preferencia a mirar al norte cuando cuelgan en reposo, pero si se somete el campo a determinadas alteraciones, puede cambiar de posición, mirando al sur.

Esto podría llegar a extrapolarse: si por efecto de las tecnologías humanas se alterara el campo magnético, aunque fuera de manera muy localizada, los quirópteros podrían sufrir desorientaciones muy graves. Esto ocurre con sistemas radar de incluso muy pequeño tamaño, como investigaron Nicholls y Racey (2009), que emitían pulsos electromagnéticos que ahuyentaban a los quirópteros de la zona.

Como se puede ver, los murciélagos están expuestos a innumerables fuentes contaminantes, ya que tanto la luz y el ruido, como la contaminación electromagnética y la química pueden causar estragos en los quirópteros, no solo en comportamiento y hábitos, sino también en su propia vida, pudiendo matarlos.

Referencias utilizadas:

  1. Buchweitz, J. P., Carrson, K., Rebolloso, S., Lehner, A. 2018. DDT poisoning of big brown bats, Eptesicus fuscus, in Hamilton, Montana. Chemosphere 201: 1-5.
  2. Bunkley, J. P., McClure, C. J. W., Kleist, N. J., Francis, C. D., Barber, J. R. 2014. Anthropogenic noise alters bat activity levels and echolocation calls. Global Ecology and Conservation 3: 62-71.
  3. Eidels, R. R., Sparks, D. W., Whitaker, J. O. Jr., Sprague, C. A. 2016. Sub-lethal effects of chlorpyrifos on big brown bats (Eptesicus fuscus). Archives of Environmental Contamination of Toxicology 71 (3): 322-335.
  4. Greif, S., Zsebok, S., Schmieder, D., Siemers, B. M. 2017. Acoustic mirrors as sensory traps for bats. Science 357: 1045-1047.
  5. Hernout, B. V., McClean, C. J., Arnold, K. E., Walls., M., Baxter, M., Boxall, A. B. A. 2016. Fur: a non-invasive approach to monitor metal exposure in bats. Chemosphere 147: 376-381.
  6. Kumar, A., Divoll, T. J., Ganguli, P. M., Trama, F. A., Lamborg, C. H. 2018. Presence of artisanal gold mining predicts mercury bioaccumulation in five genera of bats (Chiroptera). Environmental Pollution 236: 862-870.
  7. Nicholls, B., Racey, P. A. 2009. The aversive effect of electromagnetic radiation on foraging bats – a possible means of discouraging bats from approachin wind turbines. PLoS ONE 4(7): e6246.
  8. Oliveira, J. M., Brinati, A., Miranda, L. D. L., Morais, D. B., Zanuncio, J. C., Gonçalves, R. V., Peluzio, M. D. C. G., Freitas, M. B. 2017. Exposure to the insecticide endosulfan induces liver morphology alterations and oxidative stress in fruit-eating bats (Artibeus lituratus). International Journal of Experimental Pathology 98: 17-25.
  9. Stone, E. L., Harris, S., Jones, G. 2015. Impacts of artificial lightning on bats: a review of challenges and solutions. Mammalian Biology.
  10. Straka, T. M., Lentini, P. E., Lumsden, L. F., Wintle, B. A., Van der Ree, R. 2016. Urban bat communities are affected by wetland size, quality and pollution levels. Ecology and Evolution 6(14): 4761-4774.
  11. Tian, L., Lin, W., Zhang, S., Pan, Y. 2010. Bat head contains soft magnetic particles: evidence from magnetism. Bioelectromagnetics 31: 499-503.
  12. Voigt, C. C., Roeleke, M., Marggraf, Petersons, G., Voigt-Heucke, S. L. 2017. Migratory bats respond to artificial green light with positive phototaxis. PLoS ONE 12(5): e0177748.
  13. Wang, Y., Pan, Y., Parsons, S., Walker, M., Zhang, S. 2007. Bats respond to polarity of a magnetic field. Proceedings of the Royal Society 274: 2901-2905.

Conferencias sobre “Efectos de la contaminación atmósferica y el cambio climático en la vegetación del Parque Nacional Sierra de Guadarrama”

Tendréis la oportunidad de asistir a esa interesante conferencia en Madrid (Alpedrete) y en Segovia capital.

El cultivo que convirtió un mar en un desierto

Os presento al cuarto mar intracontinental más grande del mundo, el mar de Aral. Ahora os informo de que en cuestión de cinco décadas ha sido reducido a un vasto e inhóspito desierto salino, el más joven del mundo, conocido como el desierto de Aralkum. Difícil de creer, ¿verdad? Desgraciadamente, es otro de los muchos ejemplos acontecidos en nuestro planeta que nos advierten sobre las dimensiones del alcance y alteración que el ser humano puede ejercer en el entorno. Recapitulemos para intentar comprender las causas y motivos que han propiciado dicha catástrofe social y ecológica, más bien propia de una novela de ciencia ficción.

Con sus antiguos 67.000 km2 de superficie, el doble que toda Bélgica, y localizado en Asia central, el mar de Aral ha sufrido en los últimos 10.000 años varios procesos naturales de desecación, aunque ninguno se puede comparar ni en velocidad ni en la causa de origen con el acontecido desde los años 60. Nos encontramos en la antigua y aún no desaparecida URSS. Uno de sus últimos legados fue la implantación del cultivo intensivo de algodón principalmente, aunque también de arroz, bajo la promesa de un asegurado repunte económico y social para los principales países beneficiarios de las aguas del mar de Aral: Uzbequistán, Kazajistán y Turkmenistán. Para conseguirlo, se construyó el extenso canal de Karakum, con el objetivo de derivar a los campos de cultivo las aguas de los dos grandes ríos que nutren al mar, el Amu Daria y el Sir Daria. Ya por aquel entonces se preveía una disminución considerable de la capacidad del mar de Aral, siendo la premisa del discurso que “su destino era morir para poder proporcionar una mejor calidad de vida a los países y a sus habitantes” y, que, según el antiguo gobierno soviético, “la posible pérdida del mar de Aral no iba a constituir ninguna alteración sobre el clima regional ni sobre la salud de las poblaciones locales”. No tardaron en ser palpables sus catastróficos efectos.

“En 50 años el mar del tamaño de Irlanda se convirtió en el desierto más joven del mundo”

Moynaq y Aralsk eran las principales potencias pesqueras de Uzbequistán y Kazajistán, respectivamente. En ellas imponentes barcos trabajaban incesantes junto a miles de personas, exportando por aquel entonces toneladas de pescado y teniendo una relevante fama mundial. Hoy en día Moynaq se encuentra situada a 150 kilómetros de distancia de la orilla del mar de Aral, y Aralsk a 30 kilómetros. Una vez se agotaron las capturas, la mayoría de las familias migraron en busca de trabajo y de unas condiciones de vida más dignas. Las más fieles a su lugar de origen y ancestros perseveran apoyándose en alternativas como la cría de camellos, pero pagando un alto precio a costa de su salud. Y es que lo que comenzó siendo una amenaza que vaticinaba una catástrofe ecológica, pasó a ser una crisis humanitaria de alcances totalmente imprevisibles. Los pocos científicos que se atrevieron a alzar la voz sobre las implicaciones que conllevaría la pérdida del mar de Aral, en su momento ignorados, no distaban mucho de la realidad. Una vez el retroceso de las aguas fue evidente, la naturaleza comenzó a impartir, implacable, una lección de humildad al ser humano. El clima fue variando de forma progresiva, acentuando aún más las características propias de un clima extremadamente continental. Los veranos y los inviernos pasaron a ser más intensos y las precipitaciones más escasas. Por si fuera poca la relevancia de este hecho en regiones desérticas, surgieron frecuentes tormentas de polvo y sal, visibles desde los satélites de la NASA (Figura 1). Lo más preocupante no era solo el efecto que esto podía conllevar sobre la productividad de los cultivos o la calidad del aire, sino los compuestos químicos que eran transportados de manera desapercibida.

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Figura 1. Tormenta de arena y polvo en el lecho del mar de Aral detectada por la NASA. Tras retirarse el agua, las tormentas han pasado a ser una preocupación constante en la región.          Fuente: NASA

Es tal el abuso de agroquímicos en el cultivo de algodón (Figura 2), que el mar de Aral se ha convertido en una balsa de pesticidas, metales pesados, desfoliantes y sal. Al retirarse el agua, dichos compuestos se acumulan en la corteza salada del suelo desértico, siendo arrastrados por las fuertes tormentas de polvo. No es de extrañar que se haya registrado un incremento alarmante de enfermedades respiratorias, del hígado, riñón o cáncer en las poblaciones locales receptoras. La tasa de mortalidad materna e infantil en Karakalpakistán, una región de Uzbequistán, ha pasado a ser una de las mayores de toda la antigua URSS. El agua potable ya no es segura, está contaminada con pesticidas y metales pesados y los niveles de salinidad son varias veces mayores de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Por otro lado, al no disponer del producto principal de su dieta, el pescado, y dada la debilidad de sus cultivos por las tierras contaminadas y las extremas condiciones climáticas, la mayor parte de la población sufre de anemia y malnutrición. La otra cara de la moneda que apunta a una catástrofe ecológica nos recuerda la rica biodiversidad perdida en el delta del río Amu Daria. Decenas de especies de peces, aves y mamíferos se han extinguido o se han visto forzadas a desplazarse en busca de mejores condiciones para sobrevivir. Su valor no sólo residía en constituir un oasis de vida en medio del desierto, sino que aportaba valiosos servicios ecosistémicos a la región. Desgraciadamente, la calidad del agua del delta no ha salido indemne de los polutantes arrastrados aguas arriba de las plantaciones de algodón, con todos sus posibles efectos sobre la flora, fauna y población local.

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Figura 2. El tan aclamado “oro blanco” impuesto por el gobierno soviético supuso el inicio de la crisis del mar de Aral. Fuente: Pixabay.

La gravedad de la desertificación del mar de Aral ha sido de tal magnitud, reconociéndose como el mayor desastre ecológico del siglo XX, que organizaciones internacionales como el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud o Naciones Unidas se han implicado con la finalidad de restaurar parte del mismo. En 2005, gracias a la financiación del Banco Mundial y del gobierno de Kazajistán, se construyó la presa de Kokaral, que impedía el paso del agua desde la zona norte a la zona sur del mar de Aral. De esta manera, se decidió preservar y restaurar al pequeño mar de Aral a expensas del gran mar de Aral, estando ambos cuerpos diferenciados desde finales de 1980. La medida ha sido efectiva: los niveles de salinidad han disminuido y consigo, la calidad de las aguas ha mejorado. Parte de la biodiversidad perdida ha regresado, viéndose reflejada en el incremento paulatino de especies de peces y del número de capturas efectuadas por los pescadores. Los habitantes de Aralsk no van a tener que seguir soñando mucho tiempo con que la orilla del mar de Aral regrese a su puerto. No obstante, Muynak junto con el resto de pueblos de Uzbequistán, han sido condenados a sucumbir al desierto por la acción de la presa de Kokaral. Una creciente hipersalinización de las pocas aguas remanentes junto con el efecto del cambio climático agravan la ya dramática situación. El gobierno de Uzbequistán parece haber aceptado el destino del gran mar de Aral, decidiendo apostar por la plantación de especies vegetales xerófilas y resistentes a la salinidad, como los saxaules. La función de los futuros bosques de saxaules es mantener adherido el lecho arenoso lo máximo posible para debilitar las destructivas tormentas de arena y sal y así proteger a la población local. Los vestigios de la pasada existencia del mar de Aral en dicha región consistirán en conchas parcialmente enterradas en la arena y en los olvidados y oxidados barcos pesqueros (Figura 3), tan aclamados por las rutas turísticas de la zona.

Moynaq
Figura 3. Alarmados por la rápida retirada de las aguas, se intentó desplazar en vano muchos barcos hacia zonas más profundas del mar, de donde no pudieron ser retirados de nuevo. Hoy en día solo son empleados por manadas de caballos o camellos en busca de sombra y como parada de interés en las rutas turísticas de Moynaq. Fuente: Arian Zwegers

Dejando a un lado la excelente idea de cultivar algodón en un desierto -una planta con una enorme demanda hídrica- el caso del mar de Aral esconde asuntos más complejos. Tras desmantelarse la URSS en 1991, las cinco repúblicas resultantes tenían que consensuar la gestión de los recursos hídricos de la cuenca del mar de Aral. A pesar de haberse liberado de la administración rusa y lejos de toda aplastante lógica, los gobiernos de los países más sedientos siguieron apostando fuerte e incluso incrementaron las extensiones cultivadas del “oro blanco”. Pronto fue evidenciada la vergonzosa escasa intención de los representantes políticos de implantar medidas en pro de la recuperación del mar de Aral. Actuaciones interesantes como sustituir el algodón por especies de secano, incrementar la eficiencia de los canales de distribución y aplicar tecnología que monitorice la gestión del agua son de imprescindible exigencia. Se han empezado a dar tímidos pasos en buena dirección al crear el Consejo Interestatal del problema del Mar de Aral (ICAS) y el Fondo Internacional para la rehabilitación del Mar de Aral (IFAS), en las que busca atenuar dicha catástrofe ecológica y social, pero son urgentes muchas más actuaciones. No debemos olvidar que los efectos de la crisis del mar de Aral no solo conciernen a las regiones de Asia Central, nos interesa a todos su restauración (Figura 4).

Antártida mar de Aral
Figura 4. Se han encontrado restos de pesticidas provenientes del mar de Aral en la sangre de pinguinos de la Antártida. El ser humano debe ser consciente de que estas catástrofes ecológicas no son solo locales, también afectan globalmente dado que todo está conectado. Fuente: Pixabay

La población de la región espera que los países asuman su responsabilidad y que se pueda establecer un equilibrio entre el pescado y el algodón. La pérdida del mar ha supuesto un precio incalculable para demasiadas personas, viendo impotentes como sus vidas eran sentenciadas a manos de unas pocas decisiones políticas. Es hora de que se reconozca valientemente la gravedad de la situación y que se actúe en consecuencia, anteponiendo por primera vez en la historia de la humanidad la seguridad y salud de las personas y el entorno natural sobre un efímero y, por supuesto, nada equitativo crecimiento económico.

 

REFERENCIAS

Artículos científicos:

  1. Ataniyazova, O. A. (2003, March). Health and ecological consequences of the Aral Sea crisis. In 3rd World Water Forum, Regional Cooperation in Shared Water Resources in Central Asia, Kyoto (Vol. 18).
  2. Micklin, P. (2007). The Aral Sea disaster. Annu. Rev. Earth Planet. Sci., 35, 47-72.
  3. Micklin, P. P. (1988). Desiccation of the Aral Sea: a water management disaster in the Soviet Union. Science, 241(4870), 1170-1176.
  4. Nihoul, J. C., Zavialov, P. O., & Micklin, P. P. (Eds.). (2012). Dying and Dead Seas Climatic Versus Anthropic Causes (Vol. 36). Springer Science & Business Media.
  5. Pandey, A. C., & Jha, N. K. (2007). Central Asia: Democratic deficit and challenges of sustainable development. Journal of Environmental Researh And Development Vol, 1(4).
  6. Shibuo, Y., Jarsjö, J., & Destouni, G. (2007). Hydrological responses to climate change and irrigation in the Aral Sea drainage basin. Geophysical Research Letters, 34(21).
  7. Small, I., Van der Meer, J., & Upshur, R. E. (2001). Acting on an environmental health disaster: the case of the Aral Sea. Environmental Health Perspectives, 109(6), 547.
  8. Spoor, M. (1998). The Aral Sea basin crisis: Transition and environment in former Soviet Central Asia. Development and Change, 29(3), 409-435.
  9. Stone, R. (1999). Coming to grips with the Aral Sea’s grim legacy.

Páginas web:

  1. Columbia. (2008). The Aral Sea Crisis. http://www.columbia.edu/~tmt2120/introduction.htm
  2. Harris, P & Qobil, R. (2018). Restoring life to the Aral Sea’s dead zone. News. https://www.bbc.com/news/business-44159122
  3. Portal of Knowledge for Water and Environmental Issues in Central Asia. http://www.cawater-info.net/aral/index_e.htm
  4. International Fund for saving the Aral Sea. http://ecifas.waterunitesca.org/aral_basin/66-the-aral-sea-basin.html

Vídeos:

  1. Mar de Aral – El precio del progreso: una tragedia predecible. https://www.youtube.com/watch?v=ZfQCMGIfrwE
  2. Planeta Arena: Aralkum, el desierto más joven del mundo. Televisión española. https://www.youtube.com/watch?v=cTtE4OJRAiY
  3. Isabel Coixet. Aral, el Mar Perdido. Televisión Española. https://www.youtube.com/watch?v=8GGiAa_v9Pw&feature=youtu.be
  4. Dried-up Aral Sea springs back to life. France 24. https://www.youtube.com/watch?v=pk4v0uu5rkY
  5. The shrinking of the Aral Sea – “One of the planet’s worst environmental disasters”. https://www.youtube.com/watch?v=dp_mlKJiwxg
  6. People of the Lake | Al Jazeera World. Al Jazeera. https://www.youtube.com/watch?v=9iiL0T8UcXI
  7. “Back From The Brink” Aral Sea, Kazakhstan, Uzbekistan, Central Asia, Transcaucasus. https://www.youtube.com/watch?v=zEd0hz4Axp4
  8. From the Glaciers to the Aral Sea. Water Unites. https://www.youtube.com/watch?v=BwrXV4C1BCo

Charla “¿Qué combustible utilizaremos en nuestros vehículos?”

Este nuevo curso académico comienza con la charla “¿Qué combustible utilizaremos en nuestros vehículos?” impartida por Miguel A. Peña, Doctor en Ciencias Químicas e Investigador Científico del CSIC. Se celebrará el miércoles 19 de septiembre a las 19:00 en Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.

Más información en: http://cienciaconchocolate.blogspot.com/

Curso “Chemicals and Health”

La recomendación de esta semana es un curso gratuito en la plataforma Coursera llamado “Chemicals and Health”. En él podrás aprender sobre los químicos presentes en el ambiente y cómo interaccionan con nuestro cuerpo. Podrás inscribirte a partir del 19 de Marzo. Este curso es impartido en inglés.

Aquí el enlace: https://www.coursera.org/learn/chemicals-health

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Moda rápida y sus impactos ambientales y sociales

La ropa es un bien material que además de ejercer su función como aislante, permitiéndonos así conservar nuestra temperatura corporal, también es empleada como un medio de comunicación. Individualmente, usamos nuestras prendas para transmitir nuestros sentimientos, mensajes o para clasificarnos dentro de un determinado estatus social. Hace unas pocas décadas, la relación que se mantenía con la ropa era más profunda, en una época en la que las personas no podían permitirse un armario muy extenso. Cada unidad era valorada, cuidada y arreglada, pasando entre hermanos o incluso entre generaciones. Todo esto no habría sido posible si no se hubiese gozado de una buena calidad material. No obstante, nuestro sistema socioeconómico no tardó en darse cuenta de los fallos que conllevaban los productos duraderos y de calidad, creando y estableciendo de esta manera el concepto de obsolescencia programada a partir de los años 30. Este término, famoso sobre todo en la industria electrónica, no resulta tan aparente en la industria textil a pesar de la alta influencia que ejerce sobre la misma. Consiste en que los productores alteran deliberadamente la vida útil de su producto en cuestión, reduciéndola, pero sin llegar a afectar a la confianza del consumidor. En el caso del mundo de la ropa, las medias de nailon fueron un claro ejemplo de obsolescencia programada a partir de la década de los 40. Los comerciantes de medias de nailon destinaron mucho tiempo y recursos en obtener fibras sintéticas de menor resistencia y durabilidad (menor calidad) para así fomentar el consumo entre las mujeres por la necesidad de reemplazarlas. Esta estrategia de mercado es la base de la moda rápida actual. La mayoría de las marcas más demandadas ofrecen productos de baja calidad arropándose por unos precios económicos a la vez que imponen la necesidad de actualizar el armario por la creación constante de nuevas colecciones y temporadas. El objetivo principal es que los consumidores compren lo máximo posible con la mayor frecuencia posible.

Actualmente nos encontramos inmersos en un mundo de peligrosos cambios globales que avanzan imparables, entre los que se encuentran el cambio climático o la pérdida de biodiversidad. Para ponernos en contexto acerca de la implicación de la moda rápida sobre el medio ambiente, es interesante destacar que la industria textil es la segunda más contaminante del mundo. Esto engloba a todo el proceso de fabricado de las prendas, desde la extracción de materias primas, manufacturado, transporte y eliminación de los productos. Una de las causas del tremendo impacto de esta industria sobre el planeta son las materias primas en las que se apoya para elaborar la ropa. Hoy en día la mayoría de las prendas están hechas de fibras sintéticas como el poliéster o fibras acrílicas. Estos materiales están compuestos de petróleo, apoyando de esta manera a la primera industria más contaminante del mundo. Además, el manufacturado de estas fibras sintéticas requiere de procedimientos con una alta demanda energética, emitiendo a su vez grandes cantidades de compuestos gaseosos contaminantes. El siguiente material más popular en la moda actual es el algodón. En este caso se trata de una fibra natural, pero a pesar de ello dista mucho de ser un elemento respetuoso con el medio ambiente. El algodón es el segundo cultivo más contaminante del mundo después del maíz y más del 99% de los cultivos existentes son transgénicos. Una de las explicaciones de su gran deuda ecológica es la alta demanda hídrica de esta planta, suponiendo el 2,6% de la huella hídrica mundial. Por otro lado, solamente el algodón es responsable de un cuarto de los pesticidas empleados mundialmente, teniendo un enorme efecto negativo sobre la salud de los agricultores (en la mayoría de las ocasiones no poseen del equipamiento necesario para un empleo seguro de los agroquímicos) y sobre los ecosistemas adyacentes a las plantaciones.

 

Consumo de agua en Europa
Figura 1. La Unión Europea depende enormemente de los recursos hídricos de la India con respecto al consumo de algodón. Los consumidores europeos hemos contribuido a la desecación del mar de Aral en un 20%, de cuyas aguas dependen muchos cultivos locales. Fuente: la huella hídrica del consumo de algodón UNESCO (2005).

Solamente hemos tocado el primer paso de la cadena de producción de la ropa y ya ha supuesto un gran impacto para el medio ambiente. Con respecto a la depuración de las aguas residuales producidas en las fábricas textiles, cabe destacar que en la mayoría de ellas los efluentes no son sometidos a ningún tipo de tratamiento depurativo, siendo vertidos de manera intacta al entorno. No es difícil indagar y encontrar en la red artículos de periódico o reportajes de televisión en los que se muestran ríos de la India teñidos con los colores de la temporada de moda. Hace relativamente poco tiempo mostraron imágenes de perros callejeros de color azul por bañarse en dichas aguas. Cabe destacar que los ríos a los que son vertidos estos efluentes cargados de contaminantes y sin depurar son los mismos de los que dependen las comunidades locales para sus necesidades básicas, afectando gravemente a su salud y bienestar.

Contaminación de la ropa
La ropa acumulada contiene muchos compuestos químicos tóxicos, los cuales reaccionan a procesos abióticos como la radiación solar o la lluvia, una vez acumulados en la intemperie. Esos polutantes pueden volatilizarse a la atmósfera, penetrar a las aguas subterráneas o transportarse a ríos cercanos. Fuente: Impactos ambientales de la industria de la moda https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1964887/pdf/ehp0114-a00449.pdf

Una vez fabricada y teñida la ropa, que requiere grandes cantidades de agua y energía, es transportada a largas distancias desde su lugar de fabricación. La mayor parte de las prendas que se demandan en Europa provienen de Asia, conllevando su transporte la emisión de cantidades ingentes de gases de efecto invernadero a la atmósfera, favoreciendo así el cambio climático. Gracias al enorme éxito de las empresas de moda rápida, la demanda de ropa es tan grande que se ha instaurado la necesidad de disponer de prendas actualizadas, deshaciéndonos de aquellas más obsoletas para poder estar “a la moda”. Por ello, toneladas de ropa en buen estado son desechadas. La mayoría de estas prendas acaban en los vertederos locales, contaminando la atmósfera al emitir gases volátiles altamente tóxicos o contaminando las aguas subterráneas, por lixiviado. Parte de la ropa que no acaba en vertederos es enviada a países en desarrollo, amontonada sobre enormes pilas de más ropa de segunda mano proveniente de países occidentales. La llegada de prendas es tal, que más que favorecer a la comunidad local proveyéndoles de recursos, pasa a ser otro problema de contaminación añadido. En la mayoría de los casos llega tanta ropa que supera con creces a la demanda local, acumulándose, emitiendo compuestos tóxicos e impidiendo que sectores textiles locales puedan emprender sus negocios.

Ropa de segunda mano
Exceso de ropa de segunda mano en algunos países en desarrollo. Fuente: Impactos ambientales de la industria de la moda https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1964887/pdf/ehp0114-a00449.pdf

Estas consecuencias, grosso modo, implican a la moda rápida de forma muy negativa sobre el medio ambiente. Pero me parece que el tema tratado se encuentra incompleto si no indagamos sobre las implicaciones éticas y sociales de esta industria. Como ya he comentado, la gran mayoría de la ropa que se comercia en Europa proviene de Asia, de países como Bangladesh, Vietnam, China o Camboya. Las grandes marcas de ropa actuales manufacturan sus productos en estos países por una mayor rentabilidad económica, debido a que emplean mano de obra barata y porque la legislación de dichos países es mucho más débil sobre cuestiones medioambientales y de justicia social. Los trabajadores de las fábricas textiles son mayoritariamente mujeres y cobran un sueldo que no alcanza para una alimentación adecuada ni para invertir en salud o en educación para sus hijos. Además, las jornadas laborales son muy extensas (14-20 horas diarias), impidiendo que puedan destinar tiempo a sus familias. Como consecuencia, muchas se ven obligadas a llevarse a sus hijos consigo a las fábricas, estando los niños expuestos a compuestos químicos altamente nocivos (como tintes) a muy temprana edad.

Gastos de una camiseta
Figura 2. Del coste total que conlleva la producción de una camiseta, al trabajador solo le corresponde un 0,6 % del mismo. Fuente: https://ropalimpia.org

Muchos trabajadores textiles, como aquellos que trabajan para la industria del cuero, tienen graves problemas de salud, destacando los problemas dérmicos y respiratorios. Esto se debe a que las fábricas no suelen suministrar un equipamiento que permita asegurar una manipulación segura del producto sin que sea necesario exponerse directamente a los productos corrosivos y tóxicos. Sin embargo, los mayores delatores de esta violación de los derechos humanos los encontramos en las noticias sobre derrumbamientos o incendios de fábricas textiles. Una vez más, si investigamos en la red podemos encontrar dramáticos ejemplos como el caso del derrumbamiento de Rana Plaza en Bangladesh, en el que murieron 1.127 personas. Esto expone que muchos de los edificios de la industria textil en dichos países no son seguros. Por último, estos trabajadores no pueden reclamar unas mejores condiciones de seguridad, un sueldo digno o una jornada laboral adecuada porque en esos países no están permitidos los sindicatos y las manifestaciones pacíficas son sofocadas mediante violencia por el gobierno.

Violación de los derechos humanos.
Dhaka, Bangladesh, marzo de 2010. Dhaka posee más de 4000 fábricas sólo para exportación. Fuente: https://www.adamsmith.org/blog/international/sweatshops-make-poor-people-better-off

En un mundo en el que se prevé que solamente en España en 2018 se incremente el consumo de ropa en un 26 %, el futuro para el medio ambiente y los trabajadores textiles no se muestra muy alentador. Sin embargo, actualmente está cogiendo fuerza un movimiento denominado moda lenta o “slow fashion”. Esta iniciativa o filosofía de consumo aboga por el empleo de materias primas ecológicas en nuestras prendas, responsables tanto ambientalmente como socialmente. Por otro lado, propone el uso de técnicas de tintado más respetuosas, como el tintado en seco, que requiere mucha menos agua y energía. Además, defiende unas jornadas laborales acordes con los derechos humanos. Por último, hace un llamamiento a los consumidores para advertirles de su responsabilidad sobre los impactos de la moda rápida y los anima a valorar más su ropa, a consumir menos y, a poder ser, productos de mejor calidad para prolongar así su vida útil.

Moda lenta o Slow fashion
Figura 3. Una excelente alternativa a la moda rápida es intentar seguir las directrices de la moda lenta, un buen ejemplo de consumo responsable. Fuente: https://nammu.com/blog/es/slow-fashion/

¿Y tú? ¿Estabas al tanto de la magnitud de los impactos de la moda rápida sobre el medio ambiente y los derechos humanos?

Os dejo con un vídeo de la estupenda campaña de Ropa Limpia y un documental MUY recomendado de la temática: