Europa lanza una nueva iniciativa de biomonitorización humana

Me gustaría dar la enhorabuena a mis compañera/os del CNSA y el ISCIII  por esta estupenda noticia. Este proyecto va a suponer un gran avance para la Salud Ambiental en Europa y la Directora del CNSA, la Dra. Argelia Castaño ha tenido (y tiene) un papel fundamental en su diseño y desarrollo. Trabajar con este equipo durante el año que ahora acaba ha sido un privilegio y una gran escuela de cómo debe hacerse la Biomonitorización humana.

Si queréis saber un poco más, podéis leer la noticia publicada en la página del ISCIII.

 

Europa lanza una nueva iniciativa de biomonitorización humana

Origen: Europa lanza una nueva iniciativa de biomonitorización humana

Contaminación por amianto

 Información preparada por la alumna  BELEN MONCALVILLO GONZALEZ  de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

El amianto o asbestos es un grupo de compuestos de silicatos de magnesio de cadena doble (Oury et al., 2014), que aparece habitualmente en baja concentración en rocas serpentínicas (Meyer, 1980). Es ubicuo prácticamente en todo el mundo y puede presentarse en múltiples variables (tremolita, crisotilo o amianto blanco, crocidolita o asbesto azul, entre otros). Se ha utilizado desde la época griega, pero su uso se generalizó durante el siglo XX. Su resistencia a la corrosión y degradación térmica, su resistencia tensil y su hábito fibroso lo convirtieron en un compuesto tan habitual en materiales de construcción y aislamiento de edificios, de la industria textil y de la naviera que llegó a denominárselo “mineral milagroso” (Oury et al., 2014).

A pesar de esta denominación, el riesgo del amianto para la salud se hizo evidente en pocas décadas. Alrededor del mundo se han registrado numerosos casos de altas mortalidades asociadas a la exposición a este material. Algunos ejemplos son: los alrededores de una explotación minera en Sudáfrica (Wagner et al., 1960); trabajadores de recubrimientos aislantes para edificios en Nueva York (Selikoff et al., 1964); varios tipos de industrias en Gran Bretaña (Doll, 1993); trabajadores de fábricas textiles en China (Yano et al., 2001); o una fábrica de cementos en Barcelona, que estuvo en activo desde 1907 hasta 1997 (Tarrés et al., 2009).

El amianto es un contaminante tóxico, es decir, un polutante. Se asocia principalmente a la contaminación atmosférica, ya que aparece en el aire en forma de micropartículas, provocadas por la erosión del viento o de otros agentes meteorológicos sobre el material y por los procesos industriales asociados a su manipulación (Oury et al., 2014). Por lo tanto, el amianto afecta principalmente a las vías respiratorias, causando irritaciones o asma. Una sobreexposición continuada a esta sustancia suele desencadenar cáncer de pulmón o mesotelioma de pleura (Wagner et al., 1960). Además, una vez dentro del organismo puede ser traslocado y causar cáncer del tracto intestinal (Oury et al., 2014). Más allá de su presencia en la atmósfera, las partículas de amianto terminan por depositarse en el suelo y los sistemas acuáticos (Mustapha et al., 2003), aumentando su capacidad de dispersión y pudiendo llegar a contaminar fuentes de abastecimeinto de agua y comida (Oury et al., 2014).

La contaminación por amianto, desde minas o fábricas, se produce de manera puntual y desciende a medida que aumenta la distancia al foco de emisión. Su incidencia se extiende frecuentemente dos kilómetros a la redonda, pero pueden encontrarse partículas de amianto hasta a cinco kilómetros (Magnani et al., 2000). Debido a su uso industrial, la contaminación en amianto se da principalmente en zonas urbanas. Llegó a ser tan generalizada, que en los años sesenta se detectó su presencia en el 20% de la población de Tejas y en la de Sudáfrica (Oury et al., 2014). Además, su peligrosidad se ve acentuada debido a que sus efectos en humanos pueden tardar entre 20 y 40 años en ser apreciables (Mustapha et al., 2003).

Como se ha explicado, debido a sus alarmantes riesgos, el amianto ha sido el foco de atención de numerosos estudios epidemiológicos. Incluso se ha realizado   experimentación animal, principalmente con ratas y ratones (Wagner et al., 1974; Walton, 1982; Doll, 1993; Landrigan et al., 2004) y lombrices de tierra (Schreier y Timmenga, 1986). Sin embargo, esta atención toxicológica ha reducido el estudio de su ecotoxicología y sus efectos sobre los ecosistemas son poco conocidos (Mustapha et al., 2003). Las partículas de amianto que llegan al suelo y al agua son susceptibles de incorporarse a organismos vivos. Igual que ocurre con el ser humano, la sobreexposición al amianto es letal para los animales estudiados (Schreier y Timmenga, 1986), pero pequeñas dosis no letales pueden acumularse a lo largo de la cadena trófica. Mustapha et al. (2003) comprobaron mediante biomonitorización en una zona de India que el amianto se encontraba presente en lombrices, caracoles y plantas, y que su concentración aumentaba en depredadores del ecosistema como ranas y peces, produciéndose un fenómeno de biomagnificación.

Por otra parte, la descontaminación del amianto suele centrarse en eliminar sus fuentes de emisión, es decir, retirar los productos que lo contienen (Oury et al., 2014). No obstante, aún no es posible eliminarlo de manera efectiva del medio natural. En yacimientos de amianto y suelos contaminados, se han intentado aplicar métodos de fitorremediación, pero el la vegetación tiene serias dificultades para establecerse en suelos serpentínicos (Meyer, 1980). Los estudios más recientes indican que la bioaumentación, enriqueciendo el suelo con los nutrientes necesarios, facilita este crecimiento de la vegetación. Las leguminosas y algunas plantas aromáticas son algunos grupos propuestos para secuestrar las partículas de amianto y evitar que pasen a cultivos agrícolas (Kumar y Maiti, 2015; Kumar et al., 2015).

En la actualidad, el amianto se ha eliminado de la mayoría de los procesos industriales, al menos en los países desarrollados. La Unión Europea restringió su uso, con el objetivo de eliminarlo progresivamente, en 1987 (Decreto 87/217/EECC). Otras potencias, como Estados Unidos o Australia, también se han hecho eco de ello en su legislación (Oury et al., 2014). A pesar de todo, el amianto continúa siendo un problema, dado que sus efectos en la salud humana pueden tardar varias décadas en ser apreciables y su impacto en los ecosistemas aún no está suficientemente estudiado.

 

Como curiosidad, aquí tenéis dos vídeos acerca de la contaminación ambiental del amianto:

  • Vertedero de amianto en Toledo (del minuto 59:30 al 1:13:40):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-manana/manana-03-10-16/3742550/

  • Reportaje de Informe semanal de 2003 acerca de las muertes causadas por sobreexposición laboral al amianto en estibadores (descargadores de mercancías de barcos):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/fue-informe-amianto-muerte-blanca-2003/1896888/

 

BIBLIOGRAFÍA

European Union, Council Directive 87/217/EEC of 19 March 1987 on the prevention and reduction of environmental pollution by asbestos

Doll, R. (1993). Mortality from lung cancer in asbestos workers 1955. British journal of industrial medicine50(6), 485.

Kumar, A., & Maiti, S. K. (2015). Effect of organic manures on the growth of Cymbopogon citratus and Chrysopogon zizanioides for the phytoremediation of Chromite-Asbestos mine waste: A pot scale experiment. International journal of phytoremediation17(5), 437-447.

Kumar, A., Maiti, S. K., Prasad, M. N. V., & Singh, R. S. (2015). Grasses and legumes facilitate phytoremediation of metalliferous soils in the vicinity of an abandoned chromite–asbestos mine. Journal of Soils and Sediments, 1-11.Landrigan, P. J., Lioy, P. J., Thurston, G., Berkowitz, G., Chen, L. C., Chillrud, S. N., … & Perera, F. (2004). Health and environmental consequences of the world trade center disaster. Environmental health perspectives112(6), 731.

Magnani, C., Agudo, A., Gonzalez, C. A., Andrion, A., Calleja, A., Chellini, E., … & Mirabelli, D. (2000). Multicentric study on malignant pleural mesothelioma and non-occupational exposure to asbestos. British Journal of Cancer83(1), 104.

Meyer, D. R. (1980). Nutritional problems associated with the establishment of vegetation on tailings from an asbestos mine. Environmental Pollution Series A, Ecological and Biological23(4), 287-298.

Musthapa, M. S., Ahmad, I., Trivedi, A. K., & Rahman, Q. (2003). Asbestos contamination in biota and abiota in the vicinity of asbestos-cement factory.Bulletin of environmental contamination and toxicology70(6), 1170-1177.

Oury, T. D., Roggli, V. L., & Sporn, T. A. (2014). Pathology of asbestos-associated diseases. New York, NY: Springer.

Schreier, H., & Timmenga, H. J. (1986). Earthworm response to asbestos-rich serpentinitic sediments. Soil Biology and Biochemistry18(1), 85-89.

Selikoff, I. J., Churg, J., & Hammond, E. C. (1964). Asbestos exposure and neoplasia. Jama188(1), 22-26.

Tarrés, J., Abós-Herràndiz, R., Albertí, C., Martínez-Artés, X., Rosell-Murphy, M., García-Allas, I., … & Orriols, R. (2009). Asbestos-related diseases in a population near a fibrous cement factory. Archivos de Bronconeumología ((English Edition))45(9), 429-434.

Wagner, J. C., Sleggs, C. A., & Marchand, P. (1960). Diffuse pleural mesothelioma and asbestos exposure in the North Western Cape Province.British journal of industrial medicine17(4), 260-271.

Yano, E., Wang, Z. M., Wang, X. R., Wang, M. Z., & Lan, Y. J. (2001). Cancer mortality among workers exposed to amphibole-free chrysotile asbestos.American journal of epidemiology154(6), 538-543.

Wagner, J. C., Berry, G., Skidmore, J. W., & Timbrell, V. (1974). The effects of the inhalation of asbestos in rats. British journal of cancer29(3), 252.

Walton, W. H. (1982). The nature, hazards and assessment of occupational exposure to airborne asbestos dust: a review. Annals of occupational hygiene,25(2), 117-119.

El cierre parcial de Gran Vía al tráfico ha mejorado la calidad del aire en el centro de Madrid | Ecologistas en Acción

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“Madrid está obligada a reducir drásticamente los niveles de NO2, tanto por una exigencia legal como, más importante, por razones evidentes de salud pública. La experiencia llevada a cabo por el Ayuntamiento de Madrid en estos primeros días de diciembre de 2016 no deja lugar a dudas, el único camino viable es avanzar en medidas decididas de reducción del tráfico en la ciudad, que no deberían reservarse para momentos excepcionales, sino que resulta necesario aplicarlas todo el año.”

Origen: El cierre parcial de Gran Vía al tráfico ha mejorado la calidad del aire en el centro de Madrid | Ecologistas en Acción

La exposición a contaminantes ambientales está relacionada con una disminución de la respuesta inmune frente a la vacuna de la tuberculosis

Se ha publicado recientemente un estudio científico que muestra que los bebés con mayores niveles de ciertos contaminantes orgánicos en su sangre. Ya existían evidencias en estudios previos de que los bifenilos policlorados (PCBs) y otros contaminantes persistentes pueden alterar el sistema inmunitario en desarrollo y asociarse con una disminución en la eficacia de ciertas vacunas. Esto podría tener implicaciones graves en partes del mundo donde las enfermedades que se previenen con vacunas son una amenaza de gran relevancia para la salud pública. En este número de la revista Environmental Health Perspectives, los investigadores presentan nuevas evidencias de que dos polutantes orgánicos persistentes están asociados con una menor respuesta de anticuerpos frente a la vacuna de la tuberculosis que podría ser potencialmente indicativa de una menor protección a la infección.

“Nuestros hallazgos muestran que los contaminantes ambientales pueden estar implicados en la alteración del sistema inmune (disrupción inmune), en este caso, la supresión de la respuesta inmune a una vacuna” ha declarado el autor principal Todd Jusko, un epidemiólogo de la Universidad de Rochester en Nueva York.

Los investigadores analizaron PCB-135 y un metabolito del insecticida DDT (p, p’- DDE) en la sangre de unas 500 parejas madre-bebé en Eslovaquia. Su objetivo era determinar si la exposición prenatal y del recién nacido a estas sustancias estaban asociadas con una respuesta disminuida a la vacuna de la tuberculosis a la edad de 6 meses. Ambas se consideran sustancias preocupantes por su capacidad de persistir en el medio ambiente y acumularse en el cuerpo de los animales, incluido el ser humano, a lo largo del tiempo.

Tampoco está claro si el PCB-153 y el p,p’-DDE realmente son los causantes de la reducción de anticuerpos ya que no se les conoce como grandes inmunotóxicos según Philippe Grandjean, un epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard no implicado en el estudio. Quizás estas sustancias no son los agentes causales sino que están presentes junto con otras sustancias ambientales más inmunotóxicas y están funcionando como marcadores de las verdaderas culpables.

Los mecanismos por los cuales las sustancias ambientales pueden suprimir el sistema inmune y disminuir la respuesta a la vacuna no se entienden muy bien aún, pero en un estudio previo en la misma cohorte de la población eslovaca, Jusko y sus colaboradores encontraron que los bebés más expuestos a los PCBs tenían un timo de menor volumen, órgano implicado en la maduración de las células linfocitarias defensoras que fabrican los anticuerpos.

Origen: EHP – Impeded Immunity? Reduced Tuberculosis Vaccine Response with Exposure to Environmental Chemicals

Aclarando algunas cuestiones sobre el incendio de Seseña

Es posible que a raíz del incendio en el vertedero de neumáticos de Seseña originado la madrugada del 13 de mayo hayan surgido dudas tales como: ¿Qué sustancias se liberan a la atmósfera en ese proceso de combustión? ¿Qué riesgos suponen esas sustancias para la salud? ¿Y para el medio ambiente? Desafortunadamente no es el primer incidente de este tipo, pero al menos tenemos la suerte de contar con estudios científicos que nos ayudan a dar luz a las cuestiones planteadas previamente:

En el verano de 2012 se produjo un incendio de 1.3 millones de neumáticos en Iowa (Estados Unidos), durante el cual investigadores de la Universidad de esta misma ciudad llevaron a cabo una serie de mediciones in situ para caracterizar las emisiones de gases y partículas. Encontraron concentraciones significativas de monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), dióxido de azufre (SO2), hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs o PAHs en inglés) y partículas finas (PM2.5, menores a 2,5 micrómetros) con alto poder de penetración en las vías respiratorias. Otro estudio llevado a cabo por el mismo equipo de investigación cuantificó el impacto del incendio sobre la calidad del aire, propuso un Índice de Calidad para su uso en otros incendios y caracterizó los riesgos asociados a estos contaminantes. Los autores además dieron una serie de recomendaciones para responder a posibles futuros incidentes comparables, sin embargo, pusieron de relieve el grado de variabilidad en los mismos debido, por ejemplo, a las condiciones meteorológicas.

Se sabe que muchas de estas sustancias son tóxicas (como el caso del CO), pueden causar problemas respiratorios (PM2.5), cáncer y/o mutaciones (PM2.5, HAPs). Además, los riesgos para la salud son superiores cuanto mayor sea la proximidad a la fuente de emisión y menor el grado de dispersión, y por tanto más elevada sea la concentración de los contaminantes. Esto depende, a su vez, de la dinámica de la atmósfera ya que en caso de estabilidad atmosférica (anticiclón), la escasez de viento dificulta que los contaminantes se dispersen, lo cual conlleva impactos sobre la salud más graves en poblaciones sensibles como los niños, ancianos y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares. Además, con la ayuda de las precipitaciones, estas sustancias podrían llegar a contaminar cultivos e incluso aguas subterráneas. Otros problemas a tener en cuenta son aquellos derivados de la evolución de estos contaminantes en la atmósfera, ya que algunos de ellos como el CO2 o el SO2 pueden transformarse químicamente en otros compuestos que contribuyen a procesos de mayor escala como el incremento del efecto invernadero o la lluvia ácida.

Como podréis observar, el incendio del vertedero de neumáticos de Seseña implica no sólo pérdidas económicas considerables, sino también riesgos importantes para la salud y el medio ambiente. Es importante señalar que estudios como los anteriormente citados proporcionan información valiosa por su mayor aproximación a la realidad que otros basados en experimentos de laboratorio, así como por su contribución a la mejora de técnicas de monitorización y modelización de la dispersión de estos contaminantes y de la evaluación de riesgos para la salud pública.

Fuente:

 

 

Daño mitocondial, contaminación del aire y bajo peso del recién nacido

Un estudio en el que han participado investigadores españoles de la cohorte INMA encuentra correlaciones entre el bajo peso al nacer de niños cuyas madres han respirado aire contaminado continuamente durante su embarazo y daños en la mitocondrias de las placentas de estos niños. Esta correlación abre la puerta a nuevos estudios que confirmen que la causa del bajo peso es efectivamente la deficiencia en mitocondrias causada por la contaminación para poder contrarrestar este efecto. Aunque en cualquier caso la prevención es la mejor solución: debemos mantener un aire limpio tanto en nuestras casas como en nuestras ciudades ¿Estamos concienciados de evitar las emisiones contaminates de vehículos, calefacciones, industrias, etc?

Origen: EHP – Prenatal Air Pollution and Reduced Birth Weight: Decline in Placental Mitochondria as a Potential Mechanism