La exposición a contaminantes ambientales está relacionada con una disminución de la respuesta inmune frente a la vacuna de la tuberculosis

Se ha publicado recientemente un estudio científico que muestra que los bebés con mayores niveles de ciertos contaminantes orgánicos en su sangre. Ya existían evidencias en estudios previos de que los bifenilos policlorados (PCBs) y otros contaminantes persistentes pueden alterar el sistema inmunitario en desarrollo y asociarse con una disminución en la eficacia de ciertas vacunas. Esto podría tener implicaciones graves en partes del mundo donde las enfermedades que se previenen con vacunas son una amenaza de gran relevancia para la salud pública. En este número de la revista Environmental Health Perspectives, los investigadores presentan nuevas evidencias de que dos polutantes orgánicos persistentes están asociados con una menor respuesta de anticuerpos frente a la vacuna de la tuberculosis que podría ser potencialmente indicativa de una menor protección a la infección.

“Nuestros hallazgos muestran que los contaminantes ambientales pueden estar implicados en la alteración del sistema inmune (disrupción inmune), en este caso, la supresión de la respuesta inmune a una vacuna” ha declarado el autor principal Todd Jusko, un epidemiólogo de la Universidad de Rochester en Nueva York.

Los investigadores analizaron PCB-135 y un metabolito del insecticida DDT (p, p’- DDE) en la sangre de unas 500 parejas madre-bebé en Eslovaquia. Su objetivo era determinar si la exposición prenatal y del recién nacido a estas sustancias estaban asociadas con una respuesta disminuida a la vacuna de la tuberculosis a la edad de 6 meses. Ambas se consideran sustancias preocupantes por su capacidad de persistir en el medio ambiente y acumularse en el cuerpo de los animales, incluido el ser humano, a lo largo del tiempo.

Tampoco está claro si el PCB-153 y el p,p’-DDE realmente son los causantes de la reducción de anticuerpos ya que no se les conoce como grandes inmunotóxicos según Philippe Grandjean, un epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard no implicado en el estudio. Quizás estas sustancias no son los agentes causales sino que están presentes junto con otras sustancias ambientales más inmunotóxicas y están funcionando como marcadores de las verdaderas culpables.

Los mecanismos por los cuales las sustancias ambientales pueden suprimir el sistema inmune y disminuir la respuesta a la vacuna no se entienden muy bien aún, pero en un estudio previo en la misma cohorte de la población eslovaca, Jusko y sus colaboradores encontraron que los bebés más expuestos a los PCBs tenían un timo de menor volumen, órgano implicado en la maduración de las células linfocitarias defensoras que fabrican los anticuerpos.

Origen: EHP – Impeded Immunity? Reduced Tuberculosis Vaccine Response with Exposure to Environmental Chemicals

Aclarando algunas cuestiones sobre el incendio de Seseña

Es posible que a raíz del incendio en el vertedero de neumáticos de Seseña originado la madrugada del 13 de mayo hayan surgido dudas tales como: ¿Qué sustancias se liberan a la atmósfera en ese proceso de combustión? ¿Qué riesgos suponen esas sustancias para la salud? ¿Y para el medio ambiente? Desafortunadamente no es el primer incidente de este tipo, pero al menos tenemos la suerte de contar con estudios científicos que nos ayudan a dar luz a las cuestiones planteadas previamente:

En el verano de 2012 se produjo un incendio de 1.3 millones de neumáticos en Iowa (Estados Unidos), durante el cual investigadores de la Universidad de esta misma ciudad llevaron a cabo una serie de mediciones in situ para caracterizar las emisiones de gases y partículas. Encontraron concentraciones significativas de monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), dióxido de azufre (SO2), hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs o PAHs en inglés) y partículas finas (PM2.5, menores a 2,5 micrómetros) con alto poder de penetración en las vías respiratorias. Otro estudio llevado a cabo por el mismo equipo de investigación cuantificó el impacto del incendio sobre la calidad del aire, propuso un Índice de Calidad para su uso en otros incendios y caracterizó los riesgos asociados a estos contaminantes. Los autores además dieron una serie de recomendaciones para responder a posibles futuros incidentes comparables, sin embargo, pusieron de relieve el grado de variabilidad en los mismos debido, por ejemplo, a las condiciones meteorológicas.

Se sabe que muchas de estas sustancias son tóxicas (como el caso del CO), pueden causar problemas respiratorios (PM2.5), cáncer y/o mutaciones (PM2.5, HAPs). Además, los riesgos para la salud son superiores cuanto mayor sea la proximidad a la fuente de emisión y menor el grado de dispersión, y por tanto más elevada sea la concentración de los contaminantes. Esto depende, a su vez, de la dinámica de la atmósfera ya que en caso de estabilidad atmosférica (anticiclón), la escasez de viento dificulta que los contaminantes se dispersen, lo cual conlleva impactos sobre la salud más graves en poblaciones sensibles como los niños, ancianos y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares. Además, con la ayuda de las precipitaciones, estas sustancias podrían llegar a contaminar cultivos e incluso aguas subterráneas. Otros problemas a tener en cuenta son aquellos derivados de la evolución de estos contaminantes en la atmósfera, ya que algunos de ellos como el CO2 o el SO2 pueden transformarse químicamente en otros compuestos que contribuyen a procesos de mayor escala como el incremento del efecto invernadero o la lluvia ácida.

Como podréis observar, el incendio del vertedero de neumáticos de Seseña implica no sólo pérdidas económicas considerables, sino también riesgos importantes para la salud y el medio ambiente. Es importante señalar que estudios como los anteriormente citados proporcionan información valiosa por su mayor aproximación a la realidad que otros basados en experimentos de laboratorio, así como por su contribución a la mejora de técnicas de monitorización y modelización de la dispersión de estos contaminantes y de la evaluación de riesgos para la salud pública.

Fuente:

 

 

El consumo de marisco podría reducir el riesgo de Alzheimer, a pesar del mercurio

Los toxicólogos ambientales saben que el pescado bioacumula mercurio, especialmente los grandes peces  (atún, pez espada, etc.). También saben que las personas y poblaciones, como la española, que consumen pescado, bioacumulan mayores niveles de mercurio. A todos nos han enseñado que comer pescado es muy sano ¿Cómo se pueden compatibilizar ambas afirmaciones? Pues aun no lo sabemos bien, pero cada vez hay más peinas de que los beneficios de consumir pescados y mariscos superan los riesgos de la contaminación que contienen.

Environmental Factor – March 2016: Seafood consumption may reduce risk of Alzheimer’s despite mercury

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Madrid: Presentación del informe Un asunto tóxico | Ecologistas en Acción

Hoy se ha presentado en la sede del Parlamento Europeo en Madrid el informe titulado “Un asunto toxico” de la periodista y documentalista francesa Stephane Horel (www.stephanehorel.fr). Posteriormente, eurodiputados de diversos partidos políticos han expuesto sus propuestas y puntos de vista sobre el tema. Podéis descargaros el informe pinchando aquí. Pero yo puedo haceros un resumen.

La legislación europea exige que las sustancias identificadas como perturbadores endocrinos (también conocidos como disruptores o EDCs) sean prohibidas. La Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea estaba encargada en 2009 de establecer la definición y los criterios de inclusión de una sustancia como perturbador endocrino. Según describe la autora, los grupos de interés (lobbys) de la industria química y la de la plaguicidas iniciaron una campaña para evitar que la DG de Medio Ambiente estableciera estos criterios consistente en desacreditar los estudios científicos independientes sobre EDCs y presionar a otras DGs creando alarma sobre presuntos perjuicios económicos y sociales de la prohibición de EDCs. A día de hoy la DG de Medio Ambiente no ha cumplido el mandato legal que recibió y no se prevé que lo haga antes del 2017.

La presentación de este informe genera una gran cantidad de incertidumbres ¿Es justo que intereses económicos privados se interpongan en la protección de la salud? ¿Están funcionando los mecanismos democráticos para la protección de la población más vulnerable? ¿Los investigadores que dependen inversiones privadas para su trabajo pueden ser independientes y objetivos?

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