El serio problema de la contaminación tóxica producida por las colillas de cigarrillos

Las colillas de los cigarrillos constituyen un tipo de contaminación marina generalizada, tóxica y recalcitrante que requiere una atención urgente de fabricantes, fumadores, autoridades y público general para evitar su ingestión por la biota y la contaminación del agua por sus lixiviados.

Maria Christina B. Araújo, Monica F. Costa,
A CRITICAL REVIEW OF THE ISSUE OF CIGARETTE BUTT POLLUTION IN COASTAL ENVIRONMENTS,
Environmental Research,
2019,
ISSN 0013-9351,
https://doi.org/10.1016/j.envres.2019.02.005.
(http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0013935119300787)

Murciélagos y su sensibilidad al cambio global

El orden Chiroptera, comúnmente conocido como murciélagos, acoge a todos los mamíferos voladores que se conocen hoy en día. Es un orden que acoge a más de 1000 especies, afectado por múltiples agentes contaminantes de diferentes naturalezas y que causan un grave impacto negativo en la supervivencia de este grupo. Se trata de un grupo muy sensible ya que se ve afectado por la amplia mayoría de tipos de contaminación conocidos hoy en día.

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Ejemplar de murciélago de pies grandes (Myotis macropus), en Melbourne, Australia (fotografía de L. Lumsdem; Straka et al., 2016).

Posiblemente la contaminación más conocida sea la de carácter químico: los metales pesados son más que conocidos por disminuir la riqueza de especies en el entorno natural debido a su alta toxicidad (Straka et al., 2016). De hecho, un biomarcador utilizado y que es interesante por su carácter no invasivo es la propia piel y pelaje de los murciélagos, al reflejar la acumulación de metales pesados (como el cadmio, el cobre, el plomo y el zinc) en riñones, huesos o estómago (Hernout et al., 2016). Además, el mercurio es relativamente peligroso en este grupo, debido a la biomagnificación que se ha visto que pueden presentar en zonas contaminadas (Kumar et al., 2018).

No solo los metales pesados tienen un grave efecto tóxico en los murciélagos; se ha observado que productos de la industria agraria repercuten en ellos de manera muy grave. Por ejemplo, podemos destacar organoclorados como el DDT (diclorodifenilcloroetano), un insecticida que produce mortalidad en muchos quirópteros (Buchweitz et al., 2018) y el endosulfán (EDS), otro insecticida que induce alteraciones morfológicas en órganos vitales y estrés oxidativo (Oliveira et al., 2017) afectando a los procesos fisiológicos de estos organismos. Debemos destacar también los compuestos organofosforados como el clorpirifós, que afectan muchas veces en comportamientos de vuelo y movimientos de trepa de los murciélagos y pueden potencialmente causar daños en sus organismos (Eidels et al., 2016).

Posiblemente la mayoría de las personas podrán imaginarse también que la contaminación lumínica es muy grave para los quirópteros: es bien sabido que la luz artificial durante periodos nocturnos supone un estresor de origen humano muy importante, ya que afecta a actividades de los organismos de la noche de formas muy variadas, como la reproducción o la comunicación (Stone et al., 2015). Por ejemplo, la presencia de luces aumenta en gran medida la cantidad de zumbidos producidos por los murciélagos. Además, hay autores que han demostrado que las luces nocturnas pueden distraer a los quirópteros de sus rutas de migración por fototaxia positiva (Voigt et al., 2017), es decir, se sienten atraídos hacia la luz. Así, acabamos observando zonas donde al final, la riqueza de especies de quirópteros se reduce drásticamente por culpa de esta contaminación lumínica (con excepción de aquellas especies adaptadas a entornos urbanos, que son una minoría) (Straka et al., 2016).

También podemos destacar la contaminación sonora. Hay diferentes experimentos que relacionan este tipo de contaminación con el bienestar de los quirópteros, pero muy pocas veces se han llevado más allá del laboratorio. Algunos autores han demostrado que la actividad de determinadas especies de murciélago puede disminuir en gran manera cuando se encuentran en zonas con maquinaria humana muy ruidosa. De hecho, la propia ecolocalización se ve alterada y, por ende, su capacidad de caza (Bunkley et al., 2014).

Podríamos determinar por otro lado un tipo especial de contaminación sonora cuyo origen tiene lugar por culpa de la arquitectura humana: los murciélagos, al orientarse y moverse en el espacio por ecolocalización, necesitan superficies que reflejen bien los ultrasonidos. Es por ello por lo que pueden confundir superficies verticales y pulidas con caminos abiertos sin obstáculos, chocándose contra ellos y produciéndose graves contusiones (Greif et al., 2017).

Pero, existen tipos de contaminación menos obvias, como puede ser la de carácter electromagnético y que tienen la misma importancia que las anteriores. Estudios han demostrado que los murciélagos presentan magnetita (Fe3O4) en su organismo, un mineral que les permite sensar el campo magnético terrestre, así como orientarse en función de él (capacidad magnetorreceptiva) (Tian et al., 2010). De hecho, autores como Wang et al. (2007) han demostrado en laboratorio que se puede modificar la orientación de estos organismos artificialmente: bajo influencia de un campo magnético normal, los murciélagos tienen preferencia a mirar al norte cuando cuelgan en reposo, pero si se somete el campo a determinadas alteraciones, puede cambiar de posición, mirando al sur.

Esto podría llegar a extrapolarse: si por efecto de las tecnologías humanas se alterara el campo magnético, aunque fuera de manera muy localizada, los quirópteros podrían sufrir desorientaciones muy graves. Esto ocurre con sistemas radar de incluso muy pequeño tamaño, como investigaron Nicholls y Racey (2009), que emitían pulsos electromagnéticos que ahuyentaban a los quirópteros de la zona.

Como se puede ver, los murciélagos están expuestos a innumerables fuentes contaminantes, ya que tanto la luz y el ruido, como la contaminación electromagnética y la química pueden causar estragos en los quirópteros, no solo en comportamiento y hábitos, sino también en su propia vida, pudiendo matarlos.

Referencias utilizadas:

  1. Buchweitz, J. P., Carrson, K., Rebolloso, S., Lehner, A. 2018. DDT poisoning of big brown bats, Eptesicus fuscus, in Hamilton, Montana. Chemosphere 201: 1-5.
  2. Bunkley, J. P., McClure, C. J. W., Kleist, N. J., Francis, C. D., Barber, J. R. 2014. Anthropogenic noise alters bat activity levels and echolocation calls. Global Ecology and Conservation 3: 62-71.
  3. Eidels, R. R., Sparks, D. W., Whitaker, J. O. Jr., Sprague, C. A. 2016. Sub-lethal effects of chlorpyrifos on big brown bats (Eptesicus fuscus). Archives of Environmental Contamination of Toxicology 71 (3): 322-335.
  4. Greif, S., Zsebok, S., Schmieder, D., Siemers, B. M. 2017. Acoustic mirrors as sensory traps for bats. Science 357: 1045-1047.
  5. Hernout, B. V., McClean, C. J., Arnold, K. E., Walls., M., Baxter, M., Boxall, A. B. A. 2016. Fur: a non-invasive approach to monitor metal exposure in bats. Chemosphere 147: 376-381.
  6. Kumar, A., Divoll, T. J., Ganguli, P. M., Trama, F. A., Lamborg, C. H. 2018. Presence of artisanal gold mining predicts mercury bioaccumulation in five genera of bats (Chiroptera). Environmental Pollution 236: 862-870.
  7. Nicholls, B., Racey, P. A. 2009. The aversive effect of electromagnetic radiation on foraging bats – a possible means of discouraging bats from approachin wind turbines. PLoS ONE 4(7): e6246.
  8. Oliveira, J. M., Brinati, A., Miranda, L. D. L., Morais, D. B., Zanuncio, J. C., Gonçalves, R. V., Peluzio, M. D. C. G., Freitas, M. B. 2017. Exposure to the insecticide endosulfan induces liver morphology alterations and oxidative stress in fruit-eating bats (Artibeus lituratus). International Journal of Experimental Pathology 98: 17-25.
  9. Stone, E. L., Harris, S., Jones, G. 2015. Impacts of artificial lightning on bats: a review of challenges and solutions. Mammalian Biology.
  10. Straka, T. M., Lentini, P. E., Lumsden, L. F., Wintle, B. A., Van der Ree, R. 2016. Urban bat communities are affected by wetland size, quality and pollution levels. Ecology and Evolution 6(14): 4761-4774.
  11. Tian, L., Lin, W., Zhang, S., Pan, Y. 2010. Bat head contains soft magnetic particles: evidence from magnetism. Bioelectromagnetics 31: 499-503.
  12. Voigt, C. C., Roeleke, M., Marggraf, Petersons, G., Voigt-Heucke, S. L. 2017. Migratory bats respond to artificial green light with positive phototaxis. PLoS ONE 12(5): e0177748.
  13. Wang, Y., Pan, Y., Parsons, S., Walker, M., Zhang, S. 2007. Bats respond to polarity of a magnetic field. Proceedings of the Royal Society 274: 2901-2905.

Curso “Chemicals and Health”

La recomendación de esta semana es un curso gratuito en la plataforma Coursera llamado “Chemicals and Health”. En él podrás aprender sobre los químicos presentes en el ambiente y cómo interaccionan con nuestro cuerpo. Podrás inscribirte a partir del 19 de Marzo. Este curso es impartido en inglés.

Aquí el enlace: https://www.coursera.org/learn/chemicals-health

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Contaminación organoclorados y PCBs en vertebrados

 Información preparada por el alumno JAVIER HERNANDEZ HERNANDEZ  de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica

 

¿Qué son los pesticidas organoclorados y los bifenilos policlorados (PCB)?

Los pesticidas organoclorados y los bifenilos policlorados (PCB) son contaminantes ambientales omnipresentes. Han sido ampliamente introducidos en el medio ambiente como subproductos agrícolas e industriales. Debido a su alta lipofilia y persistencia, se acumulan en el tejido graso y se biomagnifican en las redes alimentarias. Por todo ello han sido prohibidos en muchos países (Alleva et al., 2006).

¿Qué efectos tienen?

En concentraciones relativamente bajas, los compuestos organoclorados y los metales pesados ​​han sido implicados (1) en el deterioro reproductivo y la disminución de la población, así como en la alteración del comportamiento en varias aves rapaces y aves que comen pescado y pájaros cantores y (2) en adelgazamiento de cascarón. El deterioro de la reproducción se ha reportado en Mustela spp., murciélagos y panteras de Florida, mientras que las alteraciones morfológicas y de comportamiento se han documentado más recientemente en mamíferos, como los osos polares, que viven en ambientes que no se ven afectados prácticamente por la actividad antropogénica (Alleva et al., 2006)

Biomagnificación

Aunque hayan sido prohibidos en muchos países por sus efectos perjudiciales, la realidad refleja que siguen estando en el medio. En el trabajo de Alleva et al. de 2006, se ve que hay una biomagnificación porque los consumidores primarios tenían las concentraciones más bajas de compuestos organoclorados, mientras que los carnívoros las más altas. En carnívoros también influye el nivel según la presa que te alimentes, por ejemplo, Newton et al. (1991) informaron un mayor nivel de contaminantes en lechuzas que cazan preferentemente en mamíferos granívoros sobre herbívoros. Además, entre los animales de mayor nivel trófico, las aves que comían pájaros y los mamíferos insectívoros mostraban las mayores concentraciones de residuos de contaminantes.

Alta lipofilia y persistencia y su efecto en humanos

Estos compuestos pueden tener efectos también en humanos proponiendo hipótesis como que las personas con un mayor IMC (índice de masa corporal) muestran un menor porcentaje de estos contaminantes, que al ser lipófilos se almacenan preferiblemente en el tejido adiposo, donde un mayor porcentaje de grasa corporal conducirá a un almacenamiento rápido y eficiente, con niveles séricos más bajos como consecuencia (Dirinck et al., 2011). El problema podría venir si estas personas quemaran rápidamente estas grasas, aumentando bastante los niveles en sangre en poco tiempo. También se ha visto que son capaces de alterar la vía de señalización de la hormona masculina (Lemaire et al., 2004)

Bibliografía

Alleva, E., Francia, N., Pandolfi, M., De Marinis, A. M., Chiarotti, F., & Santucci, D. (2006). Organochlorine and heavy-metal contaminants in wild mammals and birds of Urbino-Pesaro province, Italy: an analytic overview for potential bioindicators. Archives of Environmental Contamination and Toxicology, 51(1), 123-134.

Dirinck, E., Jorens, P. G., Covaci, A., Geens, T., Roosens, L., Neels, H., … & Gaal, L. (2011). Obesity and persistent organic pollutants: possible obesogenic effect of organochlorine pesticides and polychlorinated biphenyls. Obesity, 19(4), 709-714.

Lemaire, G., Terouanne, B., Mauvais, P., Michel, S., & Rahmani, R. (2004). Effect of organochlorine pesticides on human androgen receptor activation in vitro. Toxicology and applied pharmacology, 196(2), 235-246.

Newton I, Wyllie I, Asher A (1991) Mortality causes in British Barn Owls Tyto alba, with a discussion of aldrin-dieldrin poisoning. Ibis 133:162–169

Cenotes: paraísos en peligro

Los cenotes constituyen una abertura al exterior de una compleja red fluvial subterránea en la que se puede mezclar agua dulce y salada, incluso cuando estos se sitúan a kilómetros de la costa. En cuanto a su formación, son el resultado del colapso de las cavernas y cuevas generadas por la disolución de la roca caliza (relieve kárstico). En México, la mayoría se concentran en la península del Yucatán, ya que esta zona cuenta con plataformas calizas que filtran con facilidad el agua procedente de la lluvia, la cual desciende hasta el manto freático formando acuíferos.  Existen también en Australia y en las Bahamas, pero son conocidos como blue holes (agujeros azules) (www.ramsar.org).

Cenote es un término que sólo se utiliza en México y proviene de la palabra maya “dzonot” que significa “abismo”. Para la cultura maya, los cenotes eran considerados fuentes de vida pues proporcionaban el líquido vital, el agua; constituían una entrada hacia otro mundo y eran centro de comunión con los dioses. Algunos cenotes poseen restos arqueológicos, por lo que los investigadores creen que han sido lugar de culto y rituales para civilizaciones como los mayas (www.gob.mx).

Estas masas de agua son especialmente vulnerables a la contaminación antropogénica, la cual puede ser de origen agrícola y ganadera (en su mayoría plaguicidas), industrial, hospitalaria y fecal. Se ha detectado la presencia de plaguicidas organoclorados (clordano, aldrín, dicloro difenil tricloroetano o DDTs, endosulfán y hexaclorociclohexanos o HCH), medicamentos, metales pesados…Muchos de estos compuestos actúan como disruptores endocrinos. También se ha encontrado cafeína, cocaína, naproxen e ibuprofeno (ambos medicamentos), nonilfenol…; además del DDT, HCH, endosulfan y el clordano que también pueden actuar alterando la función hormonal. Esto pone en riesgo la calidad del agua y, por ende, la salud de los organismos de vida silvestre y del ser humano debido a la exposición a estos compuestos, ya que los cenotes constituyen una importante fuente de agua dulce para las poblaciones cercanas. Unas buenas prácticas contribuirán al uso sostenible del agua y la preservación del ecosistema (Rendón, 2016).

La fauna y flora de los cenotes se ha desarrollado conforme a unas características concretas: ausencia/presencia de luz, profundidad de la haloclina (interfase entre el agua salada y dulce) o ausencia de ella, tipo de roca y suelo, subida/bajada del nivel de agua, etc; y se ven altamente perjudicadas por el turismo y la contaminación.

Las especies que habitan en la columna de agua (fitoplancton) varían estacionalmente debido a la escorrentía en las estaciones lluviosas que vierte nutrientes y produce que las aguas de los cenotes puedan observarse verdes, azules, cafés o transparentes, dependiendo de la época del año. Existe también vegetación flotante y sumergida, microalgas, dinoflagelados, invertebrados microscópicos, esponjas, bivalvos y gasterópodos, algunos peces marinos y peces ciegos (estos últimos en peligro de extinción). La fauna acuática es un buen indicador de las condiciones ambientales del cenote ya que por sus características de aislamiento, las especies, particularmente las habitantes de las cavernas, han desarrollado adaptaciones específicas para las condiciones en las que viven, pudiendo ser sensibles al deterioro del ecosistema (Medina-González, 2016).

Estos paraísos naturales son especialmente sensibles a los desechos generados por la actividad humana, por lo que debemos dotarlos de un marco legislativo así como concienciar a la población, con el objetivo de protegerlos y preservar su fauna y flora únicas.

Bibliografía:

Gobierno de México. Tzukán, la serpiente protectora de cenotes. Recuperado el 1 de abril de 2017 de https://www.gob.mx/conagua/articulos/tzukan-la-serpiente-protectora-de-cenotes?idiom=es

Medina-González, Roger M. (2016). Aspectos biológicos de los cenotes de Yucatán.

Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Yucatán. Recuperado el 1 de abril de 2017 de http://www.seduma.yucatan.gob.mx/cenotes-grutas/documentos/BiologiaCenotes.pdf

Rendón, J. (2016). Contaminación de cenotes con plaguicidas en la Península de Yucatán. Instituto EPOMEX, Universidad Autónoma de Campeche. Recuperado el 1 de abril de 2017 de http://www.greenpeace.org/mexico/Global/mexico/Docs/2016/oceanos/Informe-cenotes-GP_final.pdf

Sitios RAMSAR en México. Recuperado el 1 de abril de 2017 de http://archive.ramsar.org/cda/en/ramsar-documents-list-anno-mexico/main/ramsar/1-31-218%5E16517_4000_0__

 

 

 

Perinatal Exposure to Low-Dose Bisphenol-A (BPA) Disrupts the Structural and Functional Development of the Hypothalamic Feeding Circuitry

Una vez más, el BPA (Bisfenol A) está en el punto de mira por sus efectos perjudiciales para la salud. Este compuesto, presente en los envases de plástico que usamos a diario, es un disruptor endocrino, es decir, afecta al normal funcionamiento del sistema endocrino puesto que posee actividad estrogénica.

Aunque el Centro de Información Europea sobre el Bisfenol A niega sus efectos adversos aludiendo a las bajas dosis a las que nos exponemos, algunos estudios como el llevado a cabo por el Departamento de Neurociencia de la Universidad de Carleton (Ottawa, Canadá) ponen de manifiesto algunos de estos efectos perjudiciales.

Aquí el artículo que ha publicado este departamento en la revista Endocrinology (journal of Endocrine Society) el 7 de febrero de 2017:

https://academic.oup.com/endo/article/2972706/Perinatal-Exposure-to-Low-Dose-Bisphenol-A-BPA?searchresult=1

 

Polutantes orgánicos persistentes: Los retardantes de llama

 Información preparada por el alumno  MIGUEL BLÁZQUEZ VALLEJO de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.
 

Los retardantes de llama son sustancias que se utilizan para prevenir fuegos; podemos encontrarlos en plásticos de todo tipo, textiles y circuitos eléctricos, entre otros. Un tipo concreto dentro de estas sustancias son los polibromodifenil éteres (PBDEs). Los PBDEs se añaden como aditivos en los polímeros y, al no estar químicamente unidos al plástico o al textil, tienen la capacidad de desprenderse y entrar en los ecosistemas (De Wit, 2002).

Una de las prioridades en relación con estas sustancias es identificar las fuentes de emisión y cuantificar sus emisiones. La presencia de PBDEs en muestras de seres vivos del ártico y su presencia en muestras de aire de Suecia, Reino Unido, los Estados Unidos y Canadá indican que estas sustancias pueden transportarse por el aire a grandes distancias. Su presencia en lodos de depuradora y en las desembocaduras de varios ríos europeos apunta a una liberación desde las viviendas humanas, el tráfico y/o otras fuentes difusas (De Wit, 2002).

Los PBDEs son una causa de preocupación debido a que las mediciones indican que los niveles liberados al medio llevan en aumento desde la década de los 70 y a que muchos de ellos son lipófilos, bioacumulables y están asociados con una serie de efectos adversos: tienen el potencial de inducir problemas de regulación endocrina hepática, tiroidea y provocar inmunotoxicidad. También pueden causar neurotoxicidad si son administrados en un momento crítico del desarrollo cerebral. Son un potencial riesgo no sólo para los ecosistemas, sino también para la salud humana ya que los humanos tomamos estas sustancias no sólo en la dieta, sino también por la exposición a los aparatos electrónicos y los textiles que las contienen, tanto en el entorno laboral como en el doméstico (De Wit, 2002).

Resultados de los estudios sobre los efectos adversos de los PBDEs incluyen:

· En ratones los PBDEs se acumulan en los depósitos grasos, principalmente en el hígado (De Wit, 2002).

· Se han observado cantidades sustanciales de PBDEs en leche materna de ratón, que se incorporaron a los tejidos de las crías con una eficiencia de entre el 30 y el 40%. Lo que es más preocupante, se han detectado estas sustancias en la leche materna humana desde la década de los 90 (De Wit, 2002; Birnbaum y Staskal, 2004).

· En ratas se ha observado que tan solo el 14% de los PBDEs consumidos se excreta, permaneciendo el resto retenido en el cuerpo, principalmente en tejidos adiposos (De Wit, 2002).

· Algunos PBDEs son análogos de la tiroxina (T4), y pueden competir con ella llegando a causar problemas en la función tiroidea, tanto en humanos como en otros animales. Se ha observado que los casos de hipotiroidismo son más frecuentes entre los trabajadores que producen los PBDEs que entre otros sectores (De Wit, 2002).

· En estudios in vitro algunos PBDEs pueden inhibir la actividad estrógeno sulfotransferasa, provocando un efecto estrogénico (Birnbaum y Staskal, 2004).

· Algunos PBDEs inducen un aumento estadísticamente significativo en la tasa de recombinación intragénica en células de mamíferos, lo que puede provocar cáncer (de forma similar a otros contaminantes, como el DDT). Se ha observado que la ingesta de estas sustancias puede causar adenomas y carcinomas en el hígado y en la tiroides en ratones (De Wit, 2002).

· La exposición a algunos PBDEs durante el desarrollo cerebral en ratones puede causar daños a la función motora, a la capacidad de aprendizaje y a la memoria que se agravan con la edad (De Wit, 2002).

· La exposición a PBDEs causó un retraso de la edad reproductora en ratones y redujo el número de crías por camada (Birnbaum y Staskal, 2004).

· Se han detectado altas concentraciones de PBDEs en aves piscívoras, posiblemente como resultado de su bioacumulación y biomagnificación (De Wit, 2002).

· En lucios se observó que estas sustancias se acumulan en el hígado, la vesícula biliar, los riñones, la dermis conjuntival del ojo, el tejido adiposo perivisceral, a lo largo de la columna vertebral e incluso en el cerebro (De Wit, 2002).

· La exposición a algunos PBDEs en fases tempranas del desarrollo de la trucha arcoíris puede aumentar la mortalidad de los individuos (De Wit, 2002).

Por estas razones, los PBDEs fueron prohibidos en el año 2004 por el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, firmado por 180 países.

Los efectos de los PBDEs son más severos en los organismos que se encuentran en posiciones elevadas en las redes tróficas, como consecuencia de su bioacumulación y biomagnificación. En un estudio reciente (Lavandier et al., 2016) se detectaron niveles de PBDEs elevados que constituían un riesgo para la salud del delfín de la plata o franciscana (Pontoporia blainvillei), considerado como el cetáceo más amenazado en el suroeste del Atlántico.

En relación con los cetáceos y los niveles de PBDEs, en la revista Quercus de junio del 2015 se publicó un artículo (Alarcón, 2015) que alertaba de que, a pesar de estar prohibidos desde hace más de diez años en el país, los PBDEs siguen estando presentes en el medio ambiente marino español hoy en día: un trabajo coordinado por el CSIC y con la participación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua y de la asociación CIRCE (especializada en cetáceos) detectó la presencia de PBDEs en tres especies de delfín del Golfo de Cádiz y el Estrecho de Gibraltar. Las concentraciones de PBDEs estaban correlacionadas con el nivel trófico de cada especie, siendo el delfín mular (en la posición más elevada) la especie con mayor concentración de estos contaminantes.

Bibliografía:

Alarcón, D. (2015). Un estudio detecta PBDE en cetáceos de nuestras costas. Quercus 352: 60–61.

Birnbaum, L.S., Staskal, D.F. (2004). Brominated flame retardants: cause for concern? Environmental Health Perspectives 112: 9–17.

De Wit C.A. (2002). An overview of brominated flame retardants in the environment. Chemosphere 46: 583–624.

Lavandier, R., Arêas, J., de Moura, J.F., Taniguchi, S., Montone, R., Siciliano, S., Moreira, I. (2016). PCB and PBDE levels in a highly threatened dolphin species from the Southeastern Brazilian coast. Environmental Pollution 208: 442–449.