Consecuencias del estrés en el organismo

El estrés consiste en una relación entre el ambiente y la persona, donde el sujeto se percata de los estímulos externos, cómo estos pueden suponer un peligro para su bienestar y si dispone de los recursos necesarios para hacer frente a la situación (Lazarus y Folkman, 1984).

El estrés puede ser provocado por situaciones externas o por pensamientos internos y, aunque un poco de estrés puede ser positivo para evitar un peligro o cumplir un plazo, si éste perdura en el tiempo puede influir negativamente sobre la salud (Berger, Zieve y Conaway, 2018).

Existen diferentes tipos de estrés según Sanitas, 2020: 

  • Estrés normal: se da en aquellas situaciones que se consideran normales, como cumplir con una fecha límite, y en las que el estrés ayuda a superar un momento complicado.
  • Estrés patológico: cuando este estrés que se considera normal se convierte en algo patológico y crónico puede afectar tanto a la salud física como a la mental dando lugar a ansiedad o depresión.
  • Estrés post-traumático: este tipo de estrés se da en personas que han vivido una experiencia atroz, como un accidente de tráfico, y tras el trauma la persona revive el suceso con miedo sobre que se pueda dar una situación similar. Aunque este estrés puede aparecer en todas las edades los más propensos a sufrirlo son los niños.
  • Estrés laboral: se trata de un conjunto de acontecimientos perjudiciales que se dan cuando las exigencias del ámbito laboral superan los recursos de los que dispone el trabajador. 

Figura 1. Representación del estrés y sus consecuencias. Fuente: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003211.htm

El cuerpo reacciona al estrés liberando hormonas para aumentar el pulso, mantener el cerebro alerta y hacer que los músculos estén en tensión. Aunque esta es la forma que tiene el cuerpo de protegerse a sí mismo, si se sufre estrés crónico o patológico esta constante tensión puede provocar problemas de salud como presión arterial alta, insuficiencia cardíaca, depresión, problemas dermatológicos, obesidad, ansiedad o cambios en la menstruación (Berger et al., 2018).

Tanto los problemas actuales como las catástrofes naturales pueden provocar esta respuesta ante una situación que el cuerpo considera amenazante. La respuesta al estrés se origina en una zona del cerebro conocida como el hipotálamo, en particular, en el núcleo paraventricular que secreta unas hormonas llamadas ACTH al torrente sanguíneo para liberar adrenalina y mantener estables los niveles de azúcar en sangre en caso de necesitar huir. Las emociones también intervienen en cómo el ser humano responde ante el estrés (Vales, 2011).

Existen tres partes en la respuesta ante el estrés: 

  • Ultra Rápida: se produce en cuestión de segundos e implica el área del cerebro relacionada con la supervivencia.
  • Rápida: se libera la ACTH, entre otras sustancias, y se dan otras respuestas fisiológicas como el aumento del flujo sanguíneo en el cerebro. 
  • Mediata: mantiene el funcionamiento de las dos respuestas anteriores además de suprimir las funciones innecesarias como la libido.  

Diferentes estudios han dado a conocer que el estrés relacionado con la conducta humana debilita el sistema inmune y vuelve al cuerpo humano más propenso a contraer enfermedades infecciosas además de aumentar el tiempo de cicatrización de heridas tanto en jóvenes como adultos. Además, se ha visto en animales que el estrés puede favorecer la aparición de tumores (Gómez González y Escobar, 2006).

Por otro lado, a nivel celular la senescencia replicativa empieza cuando las células dejan de dividirse y el ciclo celular se detiene entre las fases G0 y G1. Estas células no responden a estímulos externos y tiene su metabolismo alterado pero permanecen vivas aunque tampoco responden a la apoptosis (muerte programada que elimina células innecesarias o dañinas). Se estudia la senescencia replicativa como una respuestas por parte de las células al estrés que puede suprimir los efectos negativos de éste, así como la eliminación de tumores (López-Diazguerrero, Mayel Martínez Garduño y Konigsberg Fainstein, 2005).

Referencias:

Berger, F. K., Zieve, D., y Conaway, B. (2018). El Estrés y su Salud. MedlinePlus. Recuperado de https://bit.ly/3h6l6JY. Última consulta el 15 de mayo de 2020.

Gómez González, B., y Escobar, A. (2006). Estrés y Sistema Inmune. Revista Mexicana de Neurociencia, 7(1), 30-38. Recuperado de https://bit.ly/2UdmGzG. Última consulta el 15 de mayo de 2020.

López-Diazguerrero, N. E., Mayel Martínez Garduño , C., y Konigsberg Fainstein, M. (2005). La Senescencia Replicativa como una Respuesta Celular al Estrés. Revista de Educación de Bioquímica, 24(2), 47-53. Recuperado de https://bit.ly/2AGtbnM. Última consulta el 15 de mayo de 2020.

Lazarus, R. S., y Folkman, S. (1984). Stress, appraisal and coping. Michigan, Estados Unidos: Springer Publishing Company. 

Vales, L. (2011). Manual de Bases Biológicas del Comportamiento Humano, 21: 177-181. Recuperado de https://bit.ly/2zUTUNB. Última consulta el 15 de mayo de 2020.

Sanitas. (2020). ¿Qué es el estrés? Recuperado de https://bit.ly/376Zpoy. Última consulta el 15 de mayo de 2020.