¿Llamamos a nuestra basura marina “arrecife”?

Existen muchas definiciones sobre qué son los arrecifes artificiales. Según la Convención OSPAR (Convención para la Protección del Medio Ambiente Marino del Atlántico del Nordeste), los arrecifes artificiales son estructuras sumergidas colocadas deliberadamente sobre el suelo marino con el fin de imitar alguna de las características de un arrecife natural1. Históricamente, aunque el verdadero auge de su aparición surgió como resultado del hundimiento de barcos y aviones de la Segunda Guerra Mundial, los primeros informes sobre su instalación en los fondos del medio marino datan de finales del siglo XVIII, cuando en Japón los pescadores hundían intencionadamente estructuras de bambú para formar sitios de pesca.

Hoy en día, los impactos ambientales de los arrecifes artificiales son muy contradictorios. Partiendo de una revisión bibliográfica la mayor parte está relacionada con los efectos positivos, directos e indirectos, que derivan de los arrecifes artificiales en el medio marino. En contraposición, los impactos negativos son bastante menospreciados en este tipo de “ecosistemas humanos”. En general, la modificación del perfil de fondo y de la tasa de sedimentación, el sellado y las alteraciones de las condiciones hidrográficas son impactos negativos intrínsecamente ligados a los arrecifes artificiales3, que tienen a su vez efectos sobre:

  1. La calidad de las aguas, derivada de la contaminación provocada por la resuspensión de los sedimentos y posibles derrames accidentales de lubricantes y/o combustibles en la fase de colocación de los arrecifes y por alteraciones en su calidad fisicoquímica, como la concentración de materia orgánica, nutrientes, oxígeno disuelto, nivel de turbidez etc. Sobre todo, en zonas confinadas y en sistemas de agua semicerrados, este impacto se manifestará de forma significativa donde la renovación del agua aquí es escasa. De hecho, puede llegar a producirse eutrofia en el sistema en conjunto. Estos efectos pueden considerarse más bien puntuales y reversibles, en muchos casos, pero inciden especialmente sobre aquellos organismos sésiles o con baja capacidad de movimiento. Otro tipo de contaminación a tener en cuenta deriva de los posibles aparatos eléctricos, aguas de lastre, restos de lodos, pinturas, disolventes… de embarcaciones, casquetes de aviones, antenas de radiotelecomunicaciones, etc, que puedan perjudicar gravemente el ecosistema si no son retirados a tiempo4.
  2. La calidad de los sedimentos, provocada por ejemplo por la posible liberación de contaminantes atrapados en las capas profundas del sedimento durante la fase de obra de los arrecifes que son deliberadamente construidos. 
  3. Las comunidades bentónicas y pelágicas. En lo que respecta a los impactos de carácter directo, las comunidades bentónicas que habiten sobre o bajo el sustrato quedarían sepultadas. No obstante, si son instalados deliberadamente, se suele realizar sobre fondos arenosos no vegetados previamente donde la biodiversidad es bastante escasa. Además, ambos tipos de organismos tanto los bentónicos como los pelágicos, pueden verse afectados por la incorporación de partículas a la columna de agua, provocada por labores de fondeo en términos de disminución de la tasa fotosintética o dificultad respiratoria por colapso en las branquias de dichas partículas, entre otros. Por otro lado, también hay que tener en cuenta las alteraciones indirectas hacia estos organismos, derivadas de la posible atracción de depredadores u otros organismos ajenos al sistema, que pueden no ser deseables para la supervivencia del ecosistema.
  Arrecife construido deliberadamente. Imagen obtenida de The Guardian

A pesar de sus impactos negativos previamente citados, su instalación deliberada o el simple aprovechamiento de estructuras previas es objeto de estudio actual. De entre los beneficios, el que más destaca es el incremento de los recursos pesqueros. De hecho, este es el objetivo básico de los arrecifes construidos intencionadamente pues principalmente su finalidad es el incremento de la producción y la conservación de las especies objetivo. Por otro lado, también proporcionan refugio, alimento, zonas de cría y de desove, incremento de la superficie de colonización de las comunidades epibentónicas etc2. Todo esto, provoca el mantenimiento y/o recuperación tanto de hábitats como de biodiversidad costera. Además, actúan de barrera frente al litoral al igual que los arrecifes “naturales”, fomentando así la defensa costera5.

Es cierto que actualmente los arrecifes artificiales son una posible solución a tener en cuenta, tanto con motivo de construcción como de aprovechamiento. Sin embargo, no debemos olvidar que aún el mar es tomado como un vertedero. Hasta hace pocas décadas, si una embarcación se hundía, no volvía nunca más a aparecer ni nadie ejercía algún tipo de protesta al respecto. Además, resulta notable la falta de regulación normativa relativa a estas estructuras. De hecho, sólo existen directrices o guías metodológicas para abordar el tema, sin contar con un respaldo jurídico y vinculante realmente específico para este nuevo tipo de arrecife que solo es un ejemplo del nuevo fondo marino del siglo XXI.

BIBLIOGRAFÍA:

1. Convención para la Protección del Medio Ambiente Marino del Atlántico del Nordeste. París, 22 de Septiembre de 1992.

2. Lima, J.S., Zalmon, I.R., Love, M. (2019). Overview and trends of ecological and socieconomic research on artificial reefs. Elsevier. Marine Environmental Research. 145:81-82

3. Ministerio de Medio Ambiente. Secretaría General Técnica. Guía metodológica para la instalación de arrecifes artificiales. Madrid: Centro de Publicaciones del Ministerio de Medio Ambiente, 2008. ISBN 978-84-8320-445-0

4. Guidelines for the Placement of Artificial Reefs. Londres. 2009.

5. Rosales, A., Ron, E., Castresana-Pérez, G. (2009). ¿Atracción o Producción en Hábitats Artificiales? Gulf and Caribbean Research. 62:31-33

Descubierta en Tasmania una nueva colonia de peces con «manos»

Thymichthys politus
Thymichthys politus, una especie de pez recién descubierta. Foto por. Antonia Cooper.

Antonia Cooper y su equipo de investigación se encuentran con una nueva colonia de peces con manos mientras buceaban cerca de un arrecife a kilómetros de la costa sureste de Tasmania.

Esta especie se observó por primera vez cerca de Port Arthur en la península de Tasmania a principios del siglo XIX. Los peces rojos con manos, Thymichthys politus, son peces bénticos que se desplazan por el lecho marino ayudándose de sus extremidades.

Aqui os dejo el enlace de la noticia:

https://www.nationalgeographic.es/video/tv/descubierta-en-tasmania-una-nueva-colonia-de-peces-con-manos