“El coste ambiental de añadir microplásticos a cosméticos, detergentes y pinturas” | The Conversation

Muchos productos que usamos a diario contienen microplásticos en su composición para mejorar su eficacia. Es el caso de cosméticos como los exfoliantes, detergentes y pinturas. Tras su uso, estos microplásticos se convierten en residuos muy contaminantes.

Puedes leer el artículo completo aquí: https://cutt.ly/hdB9ARY

Fuente de la imagen: https://cutt.ly/HdB9wbz

Investigadores de Gojelly proponen desarrollar un biofiltro, a partir de medusas, para la eliminación de microplásticos en los entornos marinos.

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Imagen de Chrysaora hysoscella. Gojelly.

Todos sabemos que la calidad de los océanos se esta viendo afectada drásticamente debido a la contaminación por plásticos, el aumento de las temperaturas, la acidez oceánica y la sobrepesca.

En la siguiente noticia se habla del proyecto Gojelly, que se centra en los problemas de la contaminación por plásticos. Los investigadores de Gojelly proponen utilizar la proliferación de medusa para intentar solucionar este problema. Pretenden crear un biofiltro utilizando la mucosa de las medusas para atrapar los microplásticos.

Enlace de la noticia: http://www.madrimasd.org/notiweb/noticias/limpiar-los-plasticos-agua-filtros-medusas

Enlace a Gojelly: https://gojelly.eu/

Enlace a un articulo relacionado sobre el tema, “Los ecosistemas marinos son atacados por los plásticos”:https://ecotoxsan.blog/2017/03/03/los-ecosistemas-marinos-son-atacados-por-los-plasticos/

Mytilus edulis: ¿Cómo se ven afectados los filtradores con la contaminación?

Imagen obtenida de: https://www.wpclipart.com/animals/aquatic/shell_and_shellfish/mussel/Blue_mussel__Mytilus_edulis.png.html
Imagen obtenida de: https://www.wpclipart.com/animals/aquatic/shell_and_shellfish/mussel/Blue_mussel__Mytilus_edulis.png.html

El mejillón del Atlántico (Mytilus edulis (Linnaeus, 1758)), es un bivalvo que se localiza en las costas del Océano Atlántico, vive fijado a las rocas desde la franja intermareal hasta los 60 m de profundidad y al tratarse de un organismo filtrador se alimenta de plancton y de partículas en suspensión presentes en el agua. Esta especie al igual que los integrantes del género Mytilus son apreciados a nivel culinario, por lo que se considera una especie económicamente rentable, existiendo desde hace décadas el cultivo del mismo para poder abastecer el incremento constante en la demanda (FAO, 2017).

Basándonos en el método de ingestión y en el tipo de alimentación, el mejillón atlántico debería ser una especie que se viera afectada de modo significativo por la contaminación del agua, pero ciertamente esto no es así. Se la considera como especie centinela (Beeby, 2001) debido a las elevadas concentraciones de contaminantes que pueden almacenar en sus tejidos sin verse afectados, por lo que los mejillones en general son empleados como bioindicadores para monitorizar la contaminación de las aguas costeras (Beyer et al., 2017). Es importante destacar que los integrantes de la familia Mytilidae son móviles, por lo que pueden desplazarse eliminando la conexión entre el biso y el sustrato, aprovechando las corrientes oceánicas (Almeida et al., 2003), evitando probablemente algún foco local de contaminación, pero como cualquier animal, en determinadas ocasiones, y con abundancia de alimento puede verse atraído a un lugar contaminado consumiendo sustancias nocivas.

Estos mejillones como se ha comentado previamente, no se ven afectados significativamente por la presencia de contaminantes, pero los bioconcentran y bioacumulan, por lo que existe el riesgo de que se produzca una biomagnificación en la cadena trófica (Baqueiro-Cárdenas et al., 2007), pudiendo afectar de modo indirecto a las poblaciones humanas.

Estudios recientes muestran que con la acidificación que se está produciendo en los océanos por el incremento de la absorción del CO2 por los mismos, está existiendo un aumento en la influencia y acumulación de los contaminantes para el caso de los organismos filtradores. Eso se debe principalmente a que al existir más cantidad de CO2 disuelto, el intercambio gaseoso y por tanto la respiración se ven afectados, ya que se requiere una filtración mucho mayor para conseguir que el proceso sea igual de eficiente, y con la filtración además de los gases disueltos se incorporan también contaminantes de distinta naturaleza, como el tributilo de estaño o TBT. (Logan, 2016).

Atendiendo al incremento de los eventos de filtración por parte de estos bivalvos establecemos los posibles contaminantes que son bioacumulados. En primer lugar, cabe destacar a los microplásticos (plásticos de menos de 1mm) que pueden penetrar de dos formas, o en el interior de los organismos que componen el plancton (Cole et al., 2013) o directamente el plástico que está en suspensión, que puede ser confundido como alimento. El riesgo principal de estos plásticos es que son complejos de degradar y se van fragmentando con el paso del tiempo. Un estudio centrado en cómo afectan los microplásticos a esta especie de mejillón obtuvo como resultados que nada más ser estos ingeridos, se mantenían en el intestino y a los 3 días de ingestión pasaba al sistema circulatorio (hemolinfa) donde persistían durante más de 48 días (Browne et al., 2008), el riesgo en este caso sería la ingestión de uno de estos ejemplares contaminados ya que estos microplásticos se irían acumulando en organismos que no deberían sufrir este tipo de fenómeno acumulativo.

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Imagen obtenida de: https://psn.si/microplasticos-contaminan-oceano/2018/02/ Autor: Peter Bennet (2018)

También se ven afectados por los metales pesados como el mercurio, cobre, plomo, cadmio, plata, zinc, cromo y níquel, por algunos semimetales o metaloides como sería el arsénico e incluso por algún no metal como es el selenio. Investigaciones sobre cómo afecta el mercurio a esta especie en Francia, nos muestran que los mejillones suelen almacenar entre 50 y 660 μg/kg de peso seco (enorme variación debida principalmente a la localización (bahías, estuarios o costas) y lógicamente dependiendo de la cantidad de núcleos urbanos e industriales que aportan más contaminante), además también presenta un histórico de las concentraciones de mercurio en las costas occidentales francesas, con el que observamos un incremento con el paso de los años (Briant et al., 2017). Esto podría afectar en mayor medida a la bioacumulación del mercurio hasta concentraciones no soportables por el mejillón, provocando desequilibrios en la cadena trófica y por tanto alteraciones en las interacciones y en el ecosistema. Con respecto al arsénico existen otros estudios en este caso en Noruega, donde tras analizar el contenido del mismo en los mejillones obtienen como resultado medio 3 mg/kg de peso húmedo, sin embargo, en determinadas localizaciones existe un incremento importante llegando a 13,8 mg/kg. La concentración elevada vuelve a tener los problemas antes mencionados de causar riesgo en los consumidores de esta especie (Sloth & Julshamn, 2008).

En otro estudio realizado con embriones de M. edulis, empleando los 10 elementos químicos expuestos antes, obtienen la concentración de contaminante que causa el 50% de desarrollo anormal de la concha y otras deformidades morfológicas, que causan un descenso en la eficacia biológica. En concreto, para el mercurio es de 5,8 μg/l, para la plata 14 μg/l, para el arsénico 3000 μg/l, para el cadmio 1200 μg/l, para el plomo 476 μg/l y 10000 μg/l para el selenio. En el caso de los otros 4 metales lo que se proporciona es un rango, cobre entre 5,3-49 μg/l, zinc entre 119-456 μg/l, níquel entre 349-4360 y por el último para el cromo hexavalente entre 3440-4538 μg/l (Martin, 1981).

Como último grupo de contaminantes que pueden afectar a nuestra especie de estudio, son los compuestos orgánicos, como pueden ser los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) o los pesticidas entre otros. Para el caso de los primeros y por desgracia para España, en el año 2002 ocurrió el denominado desastre del Prestige, que permitió realizar investigación básica de como afectaban estos compuestos a los organismos. Al tratarse de un accidente y por tanto de una liberación de importantes cantidades de crudo, se produjo un descenso radical en la biodiversidad tiempo después del incidente. Los efectos que provocan los HAPs sobre los mejillones son la reducción de la tasa de alimentación por parte de los individuos juveniles (Donkin, 2003) y la disminución de la protección frente a congelación, ya que interfieren con los aminoácidos libres presentes en el organismo (Aarset & Zachariassen, 1982). En el caso de los pesticidas neurotóxicos, se sabe que dependiendo de la naturaleza química y a que molécula afecten, alteran o no la eficiencia de alimentación de los mejillones. El lindano, la endrina (pesticidas organoclorados), la permetrina y el flucirinato (pesticidas piretroides) no interfieren significativamente en el comportamiento alimentario, mientras que el carbaryl y el dichlorvos (compuestos inhibidores de la acetilcolinesterasa) sí que modifican el comportamiento, porque evitan que se hidrolice la acetilcolina y por tanto hay alteraciones en las sinapsis entre neuronas por mantenerse la acetilcolina en el espacio intersináptico, y no parar de mandar señales, por lo que presentan un efecto neurotóxico (Donkin, 1997).

A modo de conclusión, los contaminantes mencionados durante la revisión afectan a los individuos de la especie Mytilus edulis en estadios tempranos del ciclo vital, por lo que pueden provocar el descenso de muchas de las poblaciones al no producirse el recambio generacional, pero para ello las concentraciones deben ser elevadas. Hay que tener en cuenta que son bioacumuladores y además ciertos contaminantes son bastante persistentes, por lo que se puede producir el fenómeno de la biomagnificación y afectar a toda la cadena trófica. En general, para los humanos lo que nos interesa es que cuando decidamos alimentarnos de estos organismos, estos hayan pasado las suficientes pruebas de toxicología y control de calidad, que permitan la ingesta de los mismos sin incurrir en problemas de salud. Lo realmente importante es dejar de emitir estos contaminantes y tratar de disminuir los efectos adversos de los que ya se han liberado.

Bibliografía:
Aarset A.V. & Zachariassen K.E. 1982. Effects of oil pollution on the freezing tolerance and solute concentration of the blue mussel Mytilus edulis. Marine Biology 72: 45-51.
Almeida E. A., Bainy A.C.D, Medeiros M.H.G. & Di Mascio P. 2003. Effects of trace metal and exposure to air on serotonin and dopamine levels in tissues of the mussel Perna perna. Marine Pollution Bulletin 46: 1485–1490.
Baqueiro-Cárdenas E.R., Borabe L., Goldaracena-Islas C.G. & Rodríguez-Navarro J. 2007. Los moluscos y la contaminación. Una revisión. Revista Mexicana de Biodiversidad 78: 1S-7S.
Beeby A. 2001. What do sentinels stand for?. Environmental Pollution 112: 285-298.
Beyer J., Green N.W., Brooks S., Allan I.J., Ruus A., Gomes Tâ., Bråte I.L.N. & Schøyen, M. 2017. Blue mussels (Mytilus edulis spp.) as sentinel organisms in coastal pollution monitoring: A review. Marine Environmental Research 130: 338-365.
Briant N., Chouvelon T., Martínez L., Brach-Papa C., Chiffoleau J.F., Savoye N., Sonke J. & Knoery J. 2017. Spatial and temporal distribution of mercury and methylmercury in bivalves from the French coastline. Marine Pollution Bulletin 114(2): 1096-1102.
Browne M.A., Dissanayake A., Galloway T.S., Lowe D.M. & Thompson R.C. 2008. Ingested microscopic plastic translocated to the circulatory system of the mussel, Mytilus edulis (L.). Environmental Science & Technology 42: 5026-5031.
Cole M., Lindeque P., Fileman E., Halsband C., Goodhead R., Moger J. & Galloway T.S. 2013. Microplastic ingestion by zooplankton. Environmental Science & Technology 47: 6646-6655.
Donkin P., Widdows J., Evans S.V., Staff F.J. & Yan T. 1997. Effect of neurotoxic pesticides on the feeding rate of marine mussels (Mytilus edulis). Pesticide Science 49: 196-209.
Donkin P., Smith E.L. & Rowland S.J. 2003. Toxic effects of unresolved complex mixtures of aromatic hydrocarbons accumulated by mussels, Mytilus edulis, from contaminated field sites. Environmental Science & Technology 37(21): 4825-4830.
FAO Programa de información de especies acuáticas (http://www.fao.org/fishery/culturedspecies/Mytilus_edulis/es#tcNA00EA), consultado 14-X-2017.
Logan I. 2016. Does ocean acidification increase the susceptibility of Mytilus edulis mussels to pollution?. End studies work of Masters by Research in Biological Sciences University of Exeter. 1: 1-97.
Martin M., Osborn K.E., Billig P. & Glickstein N. 1981. Toxicities of ten metals to Crassostrea gigas and Mytilus edulis embryos and Cancer magister larvae. Marine Pollution Bulletin 12(9): 305-308.
Sloth J.J. & Julshamn K. 2008. Survey of total and inorganic arsenic content in blue mussels (Mytilus edulis L.) from Norwegian fiords: revelation of unusual high levels of inorganic arsenic. Journal of Agricultural and Food Chemistry 58: 1269-1273.

Contaminación por plásticos y las poblaciones de albatros de Laysan

 Información preparada por el alumno  JORGE ROMERO GARCIA de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica

Introducción

Desde mitad del siglo XX en la zona del Pacífico norte se ha venido observando un incremento de la cantidad de contaminación por plásticos, hasta tal punto de formarse lo que actualmente se conocen como “islas de plástico”, que son los lugares donde se concentran los residuos plásticos movidos por las corrientes, estas concentraciones tienen numerosas afecciones al medio ambiente y la biodiversidad (Gregory 1999).

Algunos estudios tratan de localizar el origen de estos plásticos (Nilsen et al. 2014), esta tarea no es fácil pues provienen de prácticamente todos los países y tienen un tiempo de residencia en el medio marino muy largo, esto hace de este problema algo global, con multitud de focos de emisión.

El albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis), un ave autóctona de Hawaii se ha visto afectada desde el inicio del incremento de las concentraciones de plásticos en el mar, su forma de alimentarse hace que involuntariamente los plásticos flotantes sean tragados por estas aves. Desde finales del siglo XX se ha observado como las cantidades de individuos fallecidos con plásticos en su interior alcanza el 90%. (Fry et al. 1987; Auman et al. 1997).

Problemática

A los problemas que genera el hecho de la ingesta directa del plástico, como puede ser la asfixia o la formación de úlceras que producen la muerte de los individuos (Fry et al. 1987), hay que añadir problemas de reciente descubrimiento como la intoxicación de individuos por la ingesta de plásticos con metales pesados asociados, por lo que la ingesta de plásticos se ha convertido en una ruta de entrada para los metales traza en el organismo. Esto se ha demostrado en más de 170 especies de aves marinas, por lo que es una vía importante para la entrada de estos metales en la cadena trófica (Lavers & Bond 2016).

En el caso concreto del albatros de Laysan el hecho de que sea una especie autóctona de Hawaii y cuya población principal se encuentra en la isla de Laysan hacen que si este problema se agudiza la especie pueda tener problemas de conservación, pues actualmente un alto porcentaje (más del 25%) de los individuos jóvenes de esta especie ya superan las tasas de ingestas de plásticos que permiten una vida saludable para las aves (Lavers & Blond 2016).

Este problema en lugar de reducirse, como cabría de esperar tras el descubrimiento del problema el siglo pasado, se va aumentando, pues los residuos y la consecuente ingesta siguen subiendo también. Además aunque los datos existentes para el albatros de Laysan no son representativos de otras especies pues no existe una tasa fija de ingesta de plásticos, es lógico pensar que otras especies podrían llegar a verse amenazadas también si no se le pone solución al problema, por lo que podría suponer un riesgo para la biodiversidad.

Referencias

Gregory, M. R. (1999). Plastics and South Pacific Island shores: environmental implications. Ocean & Coastal Management, 42(6), 603-615.

Fry, D. M., Fefer, S. I., & Sileo, L. (1987). Ingestion of plastic debris by Laysan albatrosses and wedge-tailed shearwaters in the Hawaiian Islands. Marine Pollution Bulletin, 18(6), 339-343.

Auman, H. J., Ludwig, J. P., Giesy, J. P., & Colborn, T. H. E. O. (1997). Plastic ingestion by Laysan albatross chicks on Sand Island, Midway Atoll, in 1994 and 1995. Albatross biology and conservation, 239244.

Nilsen, F., Hyrenbach, K. D., Fang, J., & Jensen, B. (2014). Use of indicator chemicals to characterize the plastic fragments ingested by Laysan albatross. Marine pollution bulletin, 87(1), 230-236.

Lavers, J. L., & Bond, A. L. (2016). Ingested plastic as a route for trace metals in Laysan Albatross (Phoebastria immutabilis) and Bonin Petrel (Pterodroma hypoleuca) from Midway Atoll. Marine pollution bulletin, 110(1), 493-500.

La marea de plásticos que contamina los océanos se cuela en la sal de mesa

Todos conocemos los preocupantes índices de contaminación por plásticos que asolan nuestros mares y océanos. Reducir el uso de envases, bolsas y demás productos plásticos puede ayudar pero, ¿qué pasa cuando los que están en el mar se degradan? ¿O con los microplásticos presentes en los cosméticos?

Un estudio reciente ha demostrado que estos microplásticos se cuelan en nuestra mesa cuando usamos el salero y otros muchos han confirmado su presencia en el agua que bebemos.

Puedes leer la noticia completa aquí: http://bit.ly/2fU3Adk

Si quieres ampliar información sobre el tema, te recomiendo este artículo de mi compañera Mónica: https://ecotoxsan.blog/2017/03/03/los-ecosistemas-marinos-son-atacados-por-los-plasticos/

Contaminación por amianto

 Información preparada por la alumna  BELEN MONCALVILLO GONZALEZ  de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

El amianto o asbestos es un grupo de compuestos de silicatos de magnesio de cadena doble (Oury et al., 2014), que aparece habitualmente en baja concentración en rocas serpentínicas (Meyer, 1980). Es ubicuo prácticamente en todo el mundo y puede presentarse en múltiples variables (tremolita, crisotilo o amianto blanco, crocidolita o asbesto azul, entre otros). Se ha utilizado desde la época griega, pero su uso se generalizó durante el siglo XX. Su resistencia a la corrosión y degradación térmica, su resistencia tensil y su hábito fibroso lo convirtieron en un compuesto tan habitual en materiales de construcción y aislamiento de edificios, de la industria textil y de la naviera que llegó a denominárselo “mineral milagroso” (Oury et al., 2014).

A pesar de esta denominación, el riesgo del amianto para la salud se hizo evidente en pocas décadas. Alrededor del mundo se han registrado numerosos casos de altas mortalidades asociadas a la exposición a este material. Algunos ejemplos son: los alrededores de una explotación minera en Sudáfrica (Wagner et al., 1960); trabajadores de recubrimientos aislantes para edificios en Nueva York (Selikoff et al., 1964); varios tipos de industrias en Gran Bretaña (Doll, 1993); trabajadores de fábricas textiles en China (Yano et al., 2001); o una fábrica de cementos en Barcelona, que estuvo en activo desde 1907 hasta 1997 (Tarrés et al., 2009).

El amianto es un contaminante tóxico, es decir, un polutante. Se asocia principalmente a la contaminación atmosférica, ya que aparece en el aire en forma de micropartículas, provocadas por la erosión del viento o de otros agentes meteorológicos sobre el material y por los procesos industriales asociados a su manipulación (Oury et al., 2014). Por lo tanto, el amianto afecta principalmente a las vías respiratorias, causando irritaciones o asma. Una sobreexposición continuada a esta sustancia suele desencadenar cáncer de pulmón o mesotelioma de pleura (Wagner et al., 1960). Además, una vez dentro del organismo puede ser traslocado y causar cáncer del tracto intestinal (Oury et al., 2014). Más allá de su presencia en la atmósfera, las partículas de amianto terminan por depositarse en el suelo y los sistemas acuáticos (Mustapha et al., 2003), aumentando su capacidad de dispersión y pudiendo llegar a contaminar fuentes de abastecimeinto de agua y comida (Oury et al., 2014).

La contaminación por amianto, desde minas o fábricas, se produce de manera puntual y desciende a medida que aumenta la distancia al foco de emisión. Su incidencia se extiende frecuentemente dos kilómetros a la redonda, pero pueden encontrarse partículas de amianto hasta a cinco kilómetros (Magnani et al., 2000). Debido a su uso industrial, la contaminación en amianto se da principalmente en zonas urbanas. Llegó a ser tan generalizada, que en los años sesenta se detectó su presencia en el 20% de la población de Tejas y en la de Sudáfrica (Oury et al., 2014). Además, su peligrosidad se ve acentuada debido a que sus efectos en humanos pueden tardar entre 20 y 40 años en ser apreciables (Mustapha et al., 2003).

Como se ha explicado, debido a sus alarmantes riesgos, el amianto ha sido el foco de atención de numerosos estudios epidemiológicos. Incluso se ha realizado   experimentación animal, principalmente con ratas y ratones (Wagner et al., 1974; Walton, 1982; Doll, 1993; Landrigan et al., 2004) y lombrices de tierra (Schreier y Timmenga, 1986). Sin embargo, esta atención toxicológica ha reducido el estudio de su ecotoxicología y sus efectos sobre los ecosistemas son poco conocidos (Mustapha et al., 2003). Las partículas de amianto que llegan al suelo y al agua son susceptibles de incorporarse a organismos vivos. Igual que ocurre con el ser humano, la sobreexposición al amianto es letal para los animales estudiados (Schreier y Timmenga, 1986), pero pequeñas dosis no letales pueden acumularse a lo largo de la cadena trófica. Mustapha et al. (2003) comprobaron mediante biomonitorización en una zona de India que el amianto se encontraba presente en lombrices, caracoles y plantas, y que su concentración aumentaba en depredadores del ecosistema como ranas y peces, produciéndose un fenómeno de biomagnificación.

Por otra parte, la descontaminación del amianto suele centrarse en eliminar sus fuentes de emisión, es decir, retirar los productos que lo contienen (Oury et al., 2014). No obstante, aún no es posible eliminarlo de manera efectiva del medio natural. En yacimientos de amianto y suelos contaminados, se han intentado aplicar métodos de fitorremediación, pero el la vegetación tiene serias dificultades para establecerse en suelos serpentínicos (Meyer, 1980). Los estudios más recientes indican que la bioaumentación, enriqueciendo el suelo con los nutrientes necesarios, facilita este crecimiento de la vegetación. Las leguminosas y algunas plantas aromáticas son algunos grupos propuestos para secuestrar las partículas de amianto y evitar que pasen a cultivos agrícolas (Kumar y Maiti, 2015; Kumar et al., 2015).

En la actualidad, el amianto se ha eliminado de la mayoría de los procesos industriales, al menos en los países desarrollados. La Unión Europea restringió su uso, con el objetivo de eliminarlo progresivamente, en 1987 (Decreto 87/217/EECC). Otras potencias, como Estados Unidos o Australia, también se han hecho eco de ello en su legislación (Oury et al., 2014). A pesar de todo, el amianto continúa siendo un problema, dado que sus efectos en la salud humana pueden tardar varias décadas en ser apreciables y su impacto en los ecosistemas aún no está suficientemente estudiado.

 

Como curiosidad, aquí tenéis dos vídeos acerca de la contaminación ambiental del amianto:

  • Vertedero de amianto en Toledo (del minuto 59:30 al 1:13:40):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-manana/manana-03-10-16/3742550/

  • Reportaje de Informe semanal de 2003 acerca de las muertes causadas por sobreexposición laboral al amianto en estibadores (descargadores de mercancías de barcos):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/fue-informe-amianto-muerte-blanca-2003/1896888/

 

BIBLIOGRAFÍA

European Union, Council Directive 87/217/EEC of 19 March 1987 on the prevention and reduction of environmental pollution by asbestos

Doll, R. (1993). Mortality from lung cancer in asbestos workers 1955. British journal of industrial medicine50(6), 485.

Kumar, A., & Maiti, S. K. (2015). Effect of organic manures on the growth of Cymbopogon citratus and Chrysopogon zizanioides for the phytoremediation of Chromite-Asbestos mine waste: A pot scale experiment. International journal of phytoremediation17(5), 437-447.

Kumar, A., Maiti, S. K., Prasad, M. N. V., & Singh, R. S. (2015). Grasses and legumes facilitate phytoremediation of metalliferous soils in the vicinity of an abandoned chromite–asbestos mine. Journal of Soils and Sediments, 1-11.Landrigan, P. J., Lioy, P. J., Thurston, G., Berkowitz, G., Chen, L. C., Chillrud, S. N., … & Perera, F. (2004). Health and environmental consequences of the world trade center disaster. Environmental health perspectives112(6), 731.

Magnani, C., Agudo, A., Gonzalez, C. A., Andrion, A., Calleja, A., Chellini, E., … & Mirabelli, D. (2000). Multicentric study on malignant pleural mesothelioma and non-occupational exposure to asbestos. British Journal of Cancer83(1), 104.

Meyer, D. R. (1980). Nutritional problems associated with the establishment of vegetation on tailings from an asbestos mine. Environmental Pollution Series A, Ecological and Biological23(4), 287-298.

Musthapa, M. S., Ahmad, I., Trivedi, A. K., & Rahman, Q. (2003). Asbestos contamination in biota and abiota in the vicinity of asbestos-cement factory.Bulletin of environmental contamination and toxicology70(6), 1170-1177.

Oury, T. D., Roggli, V. L., & Sporn, T. A. (2014). Pathology of asbestos-associated diseases. New York, NY: Springer.

Schreier, H., & Timmenga, H. J. (1986). Earthworm response to asbestos-rich serpentinitic sediments. Soil Biology and Biochemistry18(1), 85-89.

Selikoff, I. J., Churg, J., & Hammond, E. C. (1964). Asbestos exposure and neoplasia. Jama188(1), 22-26.

Tarrés, J., Abós-Herràndiz, R., Albertí, C., Martínez-Artés, X., Rosell-Murphy, M., García-Allas, I., … & Orriols, R. (2009). Asbestos-related diseases in a population near a fibrous cement factory. Archivos de Bronconeumología ((English Edition))45(9), 429-434.

Wagner, J. C., Sleggs, C. A., & Marchand, P. (1960). Diffuse pleural mesothelioma and asbestos exposure in the North Western Cape Province.British journal of industrial medicine17(4), 260-271.

Yano, E., Wang, Z. M., Wang, X. R., Wang, M. Z., & Lan, Y. J. (2001). Cancer mortality among workers exposed to amphibole-free chrysotile asbestos.American journal of epidemiology154(6), 538-543.

Wagner, J. C., Berry, G., Skidmore, J. W., & Timbrell, V. (1974). The effects of the inhalation of asbestos in rats. British journal of cancer29(3), 252.

Walton, W. H. (1982). The nature, hazards and assessment of occupational exposure to airborne asbestos dust: a review. Annals of occupational hygiene,25(2), 117-119.

Contaminación por microplásticos

 Información preparada por la alumna   SARA MARIA FERNANDEZ SILES de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.
 

El plástico es una clase de polímeros orgánicos sintéticos compuesto de moléculas largas, en forma de cadena y con un alto peso molecular. Aunque es de naturaleza heterogénea, muchas de las clases de plástico se componen de hidrocarburos, los cuales son típicamente derivados de las materias primas de los combustibles fósiles. La contaminación por microplásticos es uno de los problemas más importantes del medio acuático, siendo creciente y global. Provienen de productos cosméticos, pinturas, revestimientos y pellets industriales, así como de la propia descomposición del plástico de mayor tamaño.

Sus dimensiones son de menos de 5 mm, por lo que se escapan de las depuradoras y van a parar a los océanos junto con millones de toneladas de residuos de este mismo material, que han ido acumulándose durante al menos cuatro décadas. Este aumento desmedido en todos los océanos y mares del mundo, es una gran preocupación que debe hacer que nos planteemos sobre sus posibles efectos adversos en los ecosistemas marinos y en la cadena trófica.

Recientemente los Estados Unidos de América reaccionó ante este gran problema por la contaminación existente en Grandes Lagos, y declaró que a partir del 1 de julio del año 2016 se hará vigente la ley que prohíba las microesferas de plástico en productos de cosméticos. A esta medida, también se ha unido el Reino Unido que planea hacerlo antes de que finalice dicho año. Aunque aún no hay estudios que demuestren cuales son los efectos potenciales de este material sobre la salud humana, si se ha podido comprobar que es tóxico para los organismos, y que tiene una gran capacidad de adsorción de los polutantes orgánicos persistentes (POPs). Este hecho hace que exista mayor propensión de bioacumulación de POPs en los organismos marinos. Es bien sabido, que estos últimos contaminantes se biomagnifican en la cádena trófica y producen serias alteraciones en el sistema endocrino.

Se ha documentado la ingestión de microplásticos en más de 200 especies acúaticas, y aunque aún hay pocos, cada vez son más los estudios ecotoxicológicos publicados. En uno de estos estudios se demostró que las microesferas de poliestireno pueden ser ingeridas e inhaladas por el cangrejo común (Carcinus maenas), afectándole significativamente en sus niveles de oxígeno, que aumentaron, así como la disminución de los iones de sodio y el incremento de los iones de calcio en la hemolinfa. Sin embargo estos niveles volvían a la normalidad unas horas después de retirarles las microesferas.

En otra reciente investigación sobre los efectos producidos por la ingestión de microesferas de poliestireno en rotíferos como Brachionus koreanus, se comprobó una reducción en la fecundidad, tasa de reproducción, crecimiento de individuo y esperanza de vida. Estos mismos efectos adversos también se observaron en Daphnia Magna de agua dulce.

En un bioensayo realizado a partir de un mesocosmos se comprobaron los efectos causantes de tres tipos de microplásticos: uno biodegradable como el ácido de poliláctico (PLA) y dos convencionales como el polietileno (PE) y el cloruro de polivinilo (PVC) a concentraciones crecientes, sobre los gusanos marinos Arenicola marina. Se concluyó que tanto el microplastico convencional como el biodegradable afectaban a la salud y alteraba el comportamiento de los gusanos, pero además reducía la productividad primaria de los hábitats. Sin embargo, de todos los tipos de plástico, era el PVC el que producía los efectos más fuertes, pudiendo ser por la lixiviación química de los monómeros de cloruro de vinilo residual en los tejidos, produciendo en algún caso la mortalidad, reducción de la alimentación y una disminución de la inmunidad.

Una de las primeras investigaciones realizadas sobre el efecto de los microplásticos en una población de Scenedesmus obliquus,un microalga verde, se comprobó que reduce su crecimiento así como sus concentraciones de clorofila, produciéndole un aumento del estrés oxidativo, ya que la sustancia que desprende el plástico al descomponerse, penetra y daña las paredes celulares del alga.

En conclusión, esta contaminación “emergente” es muy poco estudiada, pero su continua presencia en el medio acuático los hace pseudo-persistentes ya que los organismos se encuentran en continua exposición. Por ello, deberían realizarse bioensayos con modelos más complejos, donde se puedan realmente determinar los efectos adversos de estos contaminantes sobre los ecosistemas y la cadena trófica. Además, se requiere de una urgente y efectiva gestión en cuanto a residuos plásticos, con mejores estrategias de prevención y mitigación.

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Enlaces de noticias:

http://www.lavanguardia.com/ciencia/planeta-tierra/20161003/41741658646/cerco-microplasticos-cosmeticos-reino-unido.html

http://www.larevista.com.mx/internacional/los-rios-y-lagos-de-estados-unidos-estan-cargados-de-microplasticos-diminutos-y-contaminantes-5249