El virus que pudo poner en marcha la consciencia humana

Virus
Aunque más de uno podría sorprenderse por el hecho de que partes del código genético humano proceda de antiguos virus, en realidad se trata de un fenómeno bastante más común. / PublicDomainPictures (PIXABAY)

Dos investigaciones sostienen que un gen transmitido por un antiquísimo virus podría estar en el origen el pensamiento complejo.

Las investigaciones publicadas en la revista Cell sostienen que en nuestro cerebro, donde se genera el pensamiento consciente, reside un antiguo virus desde antes de que fuésemos humanos. Este virus unió su código genético al genoma de los animales cuadrúpedos. El pequeño fragmento genético cumple la tarea de “empaquetar” información genética y enviarla desde unas células nerviosas a otras, en forma de pequeñas cápsulas que se parecen extraordinariamente a los virus mismos. Estos diminutos paquetes de información podrían formar parte de la base del sistema que permite la comunicación entre los nervios.

Para poder leer la noticia completa, aqui tenéis el enlace:

https://www.madrimasd.org/notiweb/noticias/virus-que-pudo-poner-en-marcha-consciencia-humana

 

 

Sesión de enriquecimiento de primates

Sesión de enriquecimiento para primates realizada en el Zoo Aquarium de Madrid.

“El enriquecimiento ambiental en el cuidado de los animales en cautividad consiste en mejorar su bienestar tanto físico como psicológico identificando y proporcionándoles los estímulos ambientales necesarios para optimizar su calidad de vida. El objetivo del enriquecimiento ambiental es mejorar o mantener la salud física y mental aumentando la cantidad de comportamientos específicos de la especie que realice el animal, incrementar la utilización positiva del espacio de cautiverio, prevenir o reducir la frecuencia de comportamientos anormales como los movimientos estereotipados y aumentar la capacidad individual para afrontar los desafíos de la cautividad. El enriquecimiento ambiental puede beneficiar a un gran espectro de vertebrados e invertebrados.” – https://es.wikipedia.org/wiki/Enriquecimiento_ambiental

 


El contenido es creación propia del autor (Gerardo Ramón Asensio) estudiante de Ciencias Experimentales en la Universidad Rey Juan Carlos.

El reloj biológico marca el tiempo de regeneración de la piel

Quemaduras
Los cortes y quemaduras producidos durante el día cicatrizan hasta un 60% más rápidos que aquellos sufridos entre las ocho de la tarde y las ocho de la mañana. / Hans (PIXABAY)

Un grupo de científicos ha establecido una relación directa entre el conocido como reloj biológico y la velocidad con la que el cuerpo humano es capaz de cicatrizar sus heridas, según un artículo divulgado por la revista Science Translational Medicine.

El estudio se ha llevado a cabo por investigadores del Consejo de Investigación Médica (MRC) del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Estos científicos han descubierto que células tienen una mayor capacidad de regeneración cuando las heridas se producen durante el día.

Para más información, aquí os dejo el enlace de la noticia:

http://www.madrimasd.org/notiweb/noticias/reloj-biologico-marca-tiempo-regeneracion-piel

La vida de un triops

En este video se muestra la vida completa de un Triops longicaudatus. 

Triops es un género de pequeños crustáceos notostráceos de la clase Branchiopoda. Los Triops tienen dos ojos compuestos internos y uno naupliar, un caparazón achatado cubriendo la cabeza un cuerpo segmentado y numerosas patas articuladas. Su morfología externa (fenotipo) aparentemente no ha cambiado desde el Triásico (por ejemplo, Triops cancriformis, de 220 millones de años); probablemente es la «especie animal viviente más vieja sobre la Tierra».1

Referencias:

1.-Kelber, K.-P. (1999). Triops cancriformis (Crustacea, Notostraca): Ein bemerkenswertes Fossil aus der Trias Mitteleuropas. — In: Hauschke, N. & Wilde, V. (eds.): Trias – Eine ganz andere Welt, III.16383-394. Verl. Dr. F. Pfeil, Munich.


El contenido es creación propia del autor (Gerardo Ramón Asensio) estudiante de Biología en la Universidad Rey Juan Carlos.

Microfauna de musgo.

En este vídeo se puede ver una muestra de agua procedente de un cultivo de musgo esfagno, que contiene varios organismos.


El contenido es creación propia del autor (Gerardo Ramón Asensio) estudiante de Biología en la Universidad Rey Juan Carlos.

¡Aquí no hay quien viva!

Grand-Prismatic-980x735

Laguna en Yellowstone donde es posible encontrar organismos extremófilos. Fuente: http://bit.ly/2q9zUfQ

Los organismos extremófilos son aquellos que se desarrollan en ambientes extremos, etimológicamente, “los amantes de lo extremo”. Cuando hablamos de ambientes extremos, estamos usando un término relativo, es decir, necesitamos un patrón con el que comparar. Las condiciones consideradas normales son aquellas en las que habitan la mayoría de los seres vivos. Los factores que se analizan son la temperatura, la salinidad del agua, su pH, su disponibilidad, la presión atmosférica, entre otros. Los organismos extremófilos consideran normales las condiciones que para nosotros son extremas, pero para ellos no suponen algo inusual. Las fumarolas submarinas, lagunas de alta salinidad o extrema acidez o basicidad y las zonas de altas o bajas temperaturas, son ejemplos de ambientes donde suelen encontrarse estos seres tan peculiares.

El descubrimiento de estos organismos ha supuesto una revolución en sectores como la ingeniería genética, la minería o la industria alimenticia. A continuación, daré algunos ejemplos de las aplicaciones que tienen actualmente estos organismos o sus metabolitos.

Thermophilus aquaticus es una bacteria termófila descubierta en un manantial del Parque Nacional de Yellowstone en 1969 por Thomas Brock. Esta bacteria es capaz de vivir a temperaturas comprendidas entre 50 y 80 °C por lo que sus enzimas deben trabajar, sin desnaturalizarse, a altas temperaturas. Este descubrimiento revolucionó la ingeniería genética ya que permitió desarrollar la técnica de la PCR (Polimerase Chain Reaction). Kary Mullis ganó el Premio Nobel de Química en 1993 por su trabajo en esta tecnología. Disciplinas como la investigación biológica, el diagnóstico médico y la investigación forense se han visto altamente beneficiadas con el desarrollo de esta técnica.

La biominería es el uso de microorganismos en diferentes aspectos de la explotación de los minerales, abarcando desde la concentración de las especies de interés (a través de la bioflotación), la recuperación de los elementos presentes en ellas (biolixiviación y biooxidación), hasta su acción en tareas de remediación ambiental. La bioextracción de metales es posible gracias a que estos organismos disuelven las rocas o minerales y los solubilizan. Los microorganismos realizan esta tarea como parte de sus procesos metabólicos, simplemente alimentándose de los minerales (son quimiolitoautotróficas o quimioautótrofos). El metal se recupera utilizando electrodos de acero sobre los que, por un proceso electroquímico, se depositan los metales de interés. La primera bacteria identificada con estas características fue Acidithiobacillus ferrooxidans. Otros ejemplos de organismos usados en minería son Acidithiobacillus thiooxidans, Acidithiobacillus caldos y Leptospirillum ferrooxidans.

Los halófilos, organismos que viven en ambientes de alta salinidad, tienen aplicación en la industria del petróleo. Sus extremoenzimas podrían ser útiles para aumentar la cantidad de crudo extraído en los yacimientos petroleros. Los canales que se crean para extraerlo, se llenan de una mezcla viscosa de arena y goma guar. Para permitir la salida del petróleo, esta goma debe ser eliminada por lo que los halófilos podrían contribuir en su degradación, reduciendo costes y aumentando el rendimiento de extracción.

Otro ejemplo son los psicrófilos, organismos que son capaces de desarrollarse a temperaturas entre los 0 y 5 °C. Estos seres han despertado la atención de las industrias que necesitan enzimas que operen a temperaturas propias de sistemas de refrigeración (procesado de alimentos, fabricantes de perfumes y fragancias, detergentes para lavado en frío…).

Los acidófilos son organismos capaces de vivir en medios con pH muy bajo. Un ejemplo es Lactobacillus acidophilus, presente de forma natural en muchos alimentos y el en tracto digestivo de los animales. Se utiliza como probiótico (organismo beneficioso para el ser vivo) en medicina y veterinaria.

Las enzimas de los microorganismos alcalófilos son capaces de resistir medios básicos como los generados por los detergentes. Dichas moléculas (proteasas y lipasas principalmente) degradan los restos de comida de la ropa por lo que constituyen un buen aditivo a los detergentes de nueva generación. Además, estas enzimas se usan para el decoloro de prendas vaqueras (lavado a la piedra).

El conocimiento sobre las condiciones óptimas para vivir de estos organismos ha cambiado la percepción que se tiene acerca de la posible vida extraterrestre. Los astrobiólogos tienen un gran interés en los organismos extremófilos pues se desarrollan en lugares análogos a los que podríamos encontrar en otros planetas, lo que podría significar el hallazgo de vida extraterrestre en estas localizaciones inexploradas.

Los beneficios aportados por estos organismos pueden verse incrementados con el uso de la ingeniería genética. Aún no hemos desarrollado todo el potencial que esconden por lo que la investigación en este campo puede suponer una revolución biotecnológica sin precedentes.

Bibliografía:

ArgenBio (2007). Recuperado el 22 de mayo de 2017 de: http://bit.ly/2qLjFqt

Juan Carlos Codina Escobar. Recuperado el 22 de mayo de 2017 de: http://bit.ly/2qNiPeR

Ainhoa Iriberri (24 de noviembre de 2015). Bacterias extremas. El Español. Recuperado el 22 de mayo de 2017 de: http://bit.ly/2r9BceQ

Ramírez, N.; Serrano, J. A.; Sandoval, H. (2006). Microorganismos extremófilos. Actinomicetos halófilos en México. Revista Mexicana de Ciencias Farmacéuticas, (37), 56-71.  Recuperado el 22 de mayo de 2017 de: http://bit.ly/2rJ66ba

 

 

Superorganismo, lo que deberíamos aprender (I).

Uno de los factores del comportamiento que más ha llamado la atención de científicos, ingenieros e ingenieros informáticos de todo el mundo es la inteligencia colectiva en el reino animal. El primer acercamiento al término de Inteligencia Colectiva fue de la mano de William Morton Wheeler (1991), quien adoptó el concepto de “superorganismo”. Con él se refería a la capacidad observada en los insectos sociales de comportarse como una unidad (Wenseleers, 2009). El “flocking behaviour” en pájaros, la danza comunicativa de las abejas, la construcción de puentes con los propios cuerpos de las hormigas son ejemplos -cuanto menos, asombrosos- del comportamiento animal en base a una inteligencia colectiva. Todos ellos han proporcionado ideas a programadores, matemáticos e ingenieros para llevar a cabo simulaciones informáticas, teoremas, algoritmos y múltiples herramientas que, sin ellas, el avance científico-tecnológico no sería el mismo que hoy conocemos. Existen infinidad de casos en el que la presencia de inteligencia colectiva en el reino animal es llamativa, y a partir de hoy, cada domingo en esta sección se tratarán algunos de ellos, con el fin de sembrar la duda -madre de la ciencia- en los lectores. Sembrar ese “¿y los animales pueden hacer eso, pero nosotros aún, humanos, avanzados social y tecnológicamente hablando, no somos capaces de comunicarnos entre nosotros?”.

Sin lugar a dudas, las hormigas son unos de los máximos representantes de este término en la naturaleza. Déborah M. Gordon, autora del “Sabiduría colectiva de las hormigas” en la revista Investigación y Ciencia, ha estudiado a fondo el comportamiento de las hormigas recolectoras y sus interacciones entre ellas; conozcamos un poco más a fondo sobre el tema.

Si observamos el comportamiento de una hormiga aleatoria que encontremos en cualquier lugar del mundo, se la verá torpe e incluso algo perdida, siguiendo movimientos erráticos. Sin embargo, son las grandes arquitectas del suelo por excelencia, capaces de coordinar colonias de millones de individuos. Y todo eso, ¿cómo lo hacen? En nuestras cabezas no cabe cómo grupos tan numerosos de insectos son capaces de coordinarse para conseguir comida, reproducirse, crear su hormiguero y, en fin, sobrevivir como si fueran una sola unidad. Lo primero que se nos viene a la cabeza es la necesaria presencia de un líder, un organismo dominante que, como en otros muchos casos en la naturaleza (por ejemplo, en primates) marque pautas de comportamiento y órdenes en una estricta jerarquía social. Jerarquía social, sí. Órdenes, ninguna en el hormiguero. Se podría pensar que es la hormiga reina el cerebro de toda operación en el conjunto de hormigas, sin embargo, su labor no va más allá de la de poner huevos y aumentar la comunidad. Se trata de un comportamiento colectivo sin ningún tipo de órdenes superiores (como pasa también en los estorninos, en las neuronas, moléculas…).

Y ¿cómo, entonces, pueden tantos pequeños insectos carentes de organización directa sobrevivir en un mundo lleno de depredadores (desmesuradamente mayores que ellos) y con un acceso al alimento que requiere de recolección, exploración del territorio y por lo tanto coordinación?

Tendremos que esperar al domingo que viene para conocer la respuesta.

BIBLIOGRAFÍA

Gordon, Deborah M. (2016) La sabiduría colectiva de las hormigas. Investigación y ciencia, 475, 58-61.

Wenseleers, T. (2009). The uperorganism Revisited. BioScience, 59(8), pp.702-705.